“La pobreza no se define solamente
por el PIB de cada país, la pobreza
Más artículos del autor
tiene causas políticas y educativas,
y su solución no debe ser sólo
Amartya Sen
¿Hay esperanza para los pobres? Es una pregunta que ha estado revoloteando en mi mente en estos últimos días. La respuesta es mucho más compleja de lo que pensé, lo que sí es claro es que si no los atendemos y no en discurso, sino en los hechos, no tendremos un futuro prometedor para este país.
Las privaciones en México pueden tener muchos rostros, porque la pobreza económica no es la única que empobrece la vida humana. Para Amartya Sen los pobres son aquellos que están privados de un componente básico para el buen vivir y en donde se niega la igualdad de oportunidades.
Para identificar a los pobres podríamos hablar de los analfabetas que aún existen en el país, de los niños y niñas de la calle, de los indígenas que siguen siendo discriminados, de las mujeres que sufren violencia doméstica, de los grupos minoritarios que tienen que acallar su voz por temor tengan dinero o no, la falta de sanidad, los discapacitados etc. Todo esto evidencia el fracaso de una sociedad que no le interesa abatir o cuando menos disminuir las enormes desigualdades que en ella existen.
Hace poco, leía el artículo el “Laberinto de la Desigualdad” que planteaba unas reflexiones sobre unas investigaciones educativas. El doctor Carlos Muñoz Izquierdo -a quien por cierto se le ha hecho un merecido homenaje- y otros investigadores, han desarrollado trabajos cuyo núcleo central han sido las complejas relaciones entre educación y equidad y en particular, sobre la forma en que la educación en sus diversas modalidades y niveles puede contribuir a la movilidad social.
Es un hecho que todas las familias mexicanas no ganan lo mismo, pero eso sucede también en todas las naciones, incluyendo las desarrolladas, de ahí que lo importante es como determinar la desigualdad y diferenciar la igualdad y la equidad.
La eliminación de las privaciones sociales puede influir mucho en la estimulación del crecimiento económico y en el reparto más uniforme de los frutos del mismo. Sin duda, la pobreza social ha ayudado también a perpetuar la pobreza económica y eso se refleja en nuestras escuelas.
¿Qué igualdades fundamentales deben de promover las sociedades modernas para la educación básica?
Hay autores europeos como Grisay, Demeuse, Crahay y Monseur, (citados por Egrees, 2005) que destacan tres alternativas (Rodríguez 2013):
La igualdad en el trato. Para que todos los alumnos reciban una educación de calidad, lo que implica aceptar la desigualdad de logro, porque aquellos que tengan mayores habilidades cognitivas pueden alcanzar mejor aprovechamiento escolar.
Igualdad de oportunidades. Atendiendo las diferencias, es decir, que los niños con distintas habilidades cognitivas desarrollen todo su potencial. Impulsar sus talentos para canalizarlos a diferentes tipos de escuelas, aceptando la desigualdad de trato.
Igualdad de logro .Implica aceptar la desigualdad de trato porque los estudiantes con distintas habilidades y ritmos de aprendizaje deben de recibir un trato diferenciado para ayudarles a alcanzar el nivel de logro que se establezca como mínimo, considerando que todos los alumnos tienen la capacidad de aprender si tienen la atención que se merecen y requieren.
En todas ellas, la calidad educativa que reciba cada estudiante deberá estar desligada del nivel económico y cultural de la familia de la que provenga.
En dos de las igualdades planteadas como puede leerse, se plantea la idea de la desigualdad de trato, por lo que se acepta que existan distintos niveles de calidad educativa, tomando en cuenta solamente a los alumnos, no el nivel socioeconómico cultural o educativo de la familia de la que proviene.
Es necesario tener la convicción cada vez mayor de que la justicia social es necesaria, para contar con una perspectiva de la pobreza suficientemente amplia y asegurarnos de que los pobres tengan una razón para la esperanza. Por ahora existe la duda de que la cantidad de reformas que se han aprobado, en circunstancias diversas y hasta extrañas, puedan realmente disminuir la desigualdad y por ende la pobreza creciente que existe en nuestro país.
Existen perspectivas negativas como las que ha comentado Pedro Flores Crespo, en las que se sugiere que la desigualdad en México no puede abatirse porque simplemente “nos gusta” (Schettino). ¿Es verdad que gozamos siendo desiguales? Lo que sí parece evidente es que como sociedad, no trabajamos por penalizar la desigualdad, sino que la promovemos y hasta la alabamos.
Y esto no sólo tiene que ver con decisiones políticas, porque cada uno de nosotros también tiene que entrar en un proceso de reflexión personal pensando tal vez en alguna canción de Lennon : “¿Si somos parte de una acto de injusticia que personalmente nos beneficie e hinche el bolsillo, lo denunciaremos o haremos mutis? ¿Es leal hablar sobre justicia y equidad mientras buscamos mantener intactos los intereses personales? ¿El “compromiso” con la igualdad se acaba cuando crecen nuestros deseos?”.
Por lo pronto, en nuestro ámbito o cerca de él, trabajemos por un futuro igualitario. Me comentaron en redes sociales algo así como basta de discurso, si es posible hay que actuar. La equidad educativa solo se logra, si se rompe el vínculo que ata el logro escolar de un alumno con su origen social, para que en realidad la vida de los pobres pueda mejorar.
Referencias
ØRodríguez S.C.R. (2013). El laberinto de la desigualdad. Discusiones conceptuales sobre equidad educativa. INIDE UIA
- Sen A, (2000) Las distintas Caras de la Pobreza. El PAIS