En estos tiempos que se cumplen 60 años del voto de la Mujer, me permito hacer esta reflexión sobre el tema.
Ser ciudadano o ciudadana significa pertenecer a una comunidad política. Lo anterior implica, en primer lugar, un estatus legal, es decir, un conjunto de derechos y obligaciones entre el Estado y sus miembros. Pero la posesión de derechos y obligaciones no es suficiente para que los individuos se sientan parte de una comunidad política. La ciudadanía legal o formal no garantiza que todas las personas ejerzan realmente sus derechos y obligaciones y participen de manera efectiva en la vida democrática. Puede ser que, debido a desventajas sociales, económicas y culturales, algunos sectores de la población se encuentren en la práctica marginados de lo que podríamos llamar una ciudadanía íntegra.
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Lo que hoy entendemos por democratización está ligado a la racionalización progresiva de las estructuras políticas. En este marco, toda fórmula social excluyente y discriminatoria funcionará como un obstáculo para los valores y el espíritu democrático. Justamente por eso, la forma correcta en que debemos pensar a las mujeres en la democracia es un punto importantísimo para la propia democracia.
Si pensamos que sus necesidades especiales requieren de una representación específica, contribuimos parcialmente a reproducir los elementos de identidad subordinada que generan esas mismas necesidades. Si, por el contrario, ignoramos del todo tal desigualdad de condiciones entre varones y mujeres, para efectos de la representación política, cometemos el error de tratar igual a los desiguales y reproducir, con ello, las condiciones objetivas de la desigualdad.
La equidad de género requiere atender las necesidades de los distintos grupos de mujeres, entendiendo que son el resultado de relaciones de autoridad y desigualdad forjadas por la propia cultura y valores. Por eso, desde esta óptica, la lucha por la equidad de género atraviesa por medidas transitorias de acción afirmativa, por el progreso en la igualdad de derechos para las mujeres, por la potenciación de las mujeres como sujetos políticos femeninos; pero no puede prescindir de la transformación cultural
Lo que requiere una sociedad para impulsar sus procesos democráticos y no sólo de las mujeres de una sociedad, es impulsar el tema y fortalecer la parte cultural y de valores que genera las propias relaciones entre las mismas personas y cuyas consecuencias éticas, políticas, económicas y sociales son de gran valía.
Lic. José Enrique Ortiz Rosas
Director de Capacitación del Programa DIM
Secretaría General de Gobierno