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Me resisto | Juan Díaz Carranza
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Me resisto

Lunes, Octubre 14, 2013

En ocasiones la tristeza debe generar indignación. Un claro ejemplo fue la  escalofriante experiencia que padeció Irma López Aurelio quien dio a luz en el patio del centro de salud del municipio de San Felipe de Jalapa de Díaz, negligencia que no sólo exhibe el grado  de irresponsabilidad de algunos funcionarios de los Servicios de Salud del Gobierno del Estado, sino que pone el dedo en la yaga: la pérdida ciudadana de la capacidad de asombro.

¿Pero qué nos está pasando?, ¿qué hay detrás de esa frialdad que pareciera que nos estamos acostumbramos al dolor de los demás?, ¿hasta dónde son responsables los medios de comunicación que nos bombardean todos los días de malas noticias con impasibilidad inquietante y el terrible caso de la mujer mazateca haya quedado como una nota más? , o más bien ¿qué pasa con el extravío de nuestra solidaridad y la supremacía del egoísmo? No lo sé del todo, pero al menos me niego a ser cómplice por omisión y prefiero salir de la inercia que nos adormila para manifestar mi absoluto rechazo a pasar lo malo por bueno y a enumerar y relatar tragedias como ésta como una más.

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Ahora bien, más allá de que considerar un error el sostener como secretario de salud del estado a Germán Tenorio, o de creer insuficiente la medida que adoptó el gobierno de que los chicos paguen por los grandes (cese de dos funcionarios de tercer nivel), o asumir que el caos que impera en la entidad ya es irrefrenable, no es lo más preocupante. Lo verdaderamente preocupante es que no reconocemos una terrible enfermedad que tenemos como ciudadanos y que está asociada con nuestra indiferencia ante lo aberrante. Pareciera que hoy pocas cosas nos impactan y nos generan consternación. Cada vez sentimos menos empatía por el dolor ajeno y trivializamos todo lo que sea posible, casi como un mecanismo automático de autodefensa contra los difíciles retos que enfrentamos cotidianamente.

La causa de este fenómeno es estructural y sistémica, pero su expresión más clara la tenemos en el individualismo que permite que este ciclo se reinicie.

INDIVIDUALISMO. Nuestro entorno está viciado por esa costumbre de justificar todo y ser indolentes ante el padecimiento del otro. Habrá quien lo explique evidenciando el tratamiento que se le da a la información, regularmente manejada de un modo banal y manipulador. Sin embargo, la causa es estructural y está ligada con el modelo económico que los últimos gobiernos han instrumentado para “conducir” a nuestro país. Aquel portento que se adoptó por indicaciones de los organismos económicos internacionales para encarar el proceso de globalización y que sólo nos ha traído magros resultados. No sólo redujo al Estado mexicano para efectuar los latrocinios que han cometido, ni les bastó con flexibilizar nuestras leyes para hacer legal lo ilegal y acrecentar la desigualdad y el empobrecimiento de nuestra población; sino que también este modelo introdujo un fenómeno terrible en el ciudadano contemporáneo: el individualismo.

Ese enfoque economicista e irresponsable nos ha lastimado mucho como sociedad. Nos venden la idea de que la modernidad que dictan los cánones del proceso de globalización (extensión de los mercados y el desarrollo de las comunicaciones) justifica sus engendros. Se promueve desde el duopolio televisivo la idea de fomentar el consumo y enlazarlo a la felicidad. Ellos manipulan las conciencias, creencias y preferencias, su estrategia se basa en construir escenarios ficticios en los que desentendernos de la realidad cumple una función de entretenimiento que distrae y relaja al colectivo. Las televisoras mexicanas participan activamente en el desarrollo y cumplimiento del modelo porque forman parte sustancial de la élite que se beneficia de tal perversidad.

Algunos medios de comunicación y las redes sociales replicaron el caso de esta mujer mazateca que dio a luz sin las condiciones mínimas clínicas, fue una nota que quedo inmersa en  la marea de titulares políticos tendenciosos y amañados de los acontecimientos diarios. La percepción es que esta pobre indígena no es la única y quien la manda a tener más hijos. Con la misma ligereza nos hemos vuelto insensibles a la muerte y a la violencia criminal, nos da igual un ejecutado más, al final que la lista ya no sabemos en cuántos va, si ya son más de 100 mil. No nos importa otro escándalo de saqueo y corrupción de un gobernante o funcionario, si todos son lo mismo, y mientras ayude y reparta (al menos un poco), no hay problema. Somos omisos ante iniciativas peligrosas para el interés nacional en el Congreso, la justificación es que para que me angustio si yo no las puedo detener y me expongo de más al expresar mi opinión, mejor me ahorro problemas. Sin duda,  hemos perdido las causas en común y nos hemos adaptado bien al uso de la mentira para escudar la voracidad, la corrupción y la irresponsabilidad de nuestros funcionarios públicos. No exigimos ni cuestionamos, por eso ellos se entienden comercialmente con los medios de comunicación para que se difundan declaraciones, posturas e imágenes truquedas como la del secretario Tenorio atendiendo a Irma después del parto donde pudo haber perdido la vida junto con su hijo.

Asumiendo responsabilidades, los que ejercemos el periodismo debemos informar, airear, revelar y propiciar reflexión bajo un criterio equilibrado, pero también debemos abordar las causas que generan los problemas que relatamos. Un germen de ellos es nuestra actitud hacia el exterior. De ahí que resulte un imperativo el redoblar esfuerzos como sociedad para romper la cadena perversa que se inicia con funcionarios negligentes y se complementa con la indolencia ciudadana.

Nuestro país necesita una recomposición desde la base, desde la auto apreciación de nosotros mismos, para reinstalar a la empatía y la solidaridad colectiva como código general de conducta. Empecemos por reconocer que México también está secuestrado por nosotros mismos, porque hemos perdido sensibilidad y la voluntad de organizarnos para poner fin a los privilegios insultantes y los vicios de conducta que resguarda a servidores públicos ineficientes.

Amigo lector, me resisto a aceptar que la manipulación pueda llegar al grado de hacer de una tragedia un espectáculo y de nuestras vidas un reality show. Recobremos conciencia.

juandiazcarranza@hotmail.com

Twitter: @juandiazcarr

Abogado, economista y periodista.

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