Es muy importante para todos y cada uno de nosotros manejar de forma adecuada un concepto que muchas veces el tan sólo hecho de escucharlo automáticamente nos hace pensar que es algo malo: la deuda. Sin embargo, endeudarse tiene dos caras, una buena que es la que produce y otra mala que es la que nos perjudica.
Para entenderlo mejor, podemos hacer un símil de la deuda buena o mala, como la diferencia entre colesterol bueno y malo. Los doctores dicen que tenemos que tener cierto nivel de colesterol bueno, pero mucho colesterol malo nos podría matar. Inclusive llevar nuestro colesterol a cero es muy arriesgado ya que debemos tener un mínimo de éste.
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Algunos piensan que cero deudas es algo muy bueno. Pero cero deudas significan cero crecimiento o el mínimo crecimiento. La deuda manejada de forma adecuada puede ser un gran aliado que puede ayudarnos a generar riqueza, sin embargo, el problema con ella es que muchos de nosotros tenemos deudas malas que lejos de ayudar, limitan drásticamente nuestras posibilidades de crecimiento.
Pero como identificarlas: Una deuda buena es aquella que nos permite adquirir un activo que a la larga será productivo, es decir, es aquella con la que generaremos más dinero y se generaran ingresos para pagarla. Por ejemplo: pides 100 pesos para poner un negocio a una tasa de interés del 20% anual, si al final del año el negocio te da para pagar los gastos del mismo y para pagar la deuda, es una deuda buena, ya que a partir de ahora tendrás ingresos que no tendrías si no te hubieras endeudado. Por el contrario, una deuda mala es aquellas que por lo regular esta canalizada hacia el consumo que generalmente llega a rebasar nuestra capacidad de pago.
Este tipo de deudas malas generalmente se dan cuando una persona o una empresa no está lista para pedir un préstamo. Tienen más egresos que ingresos, si no ahorras al menos el 10% de tus ingresos, si no tienes una planeación para construir un futuro financiero, seguramente cualquier deuda que adquiera será una deuda mala en vez de una deuda buena. Por ello, resulta imprescindible, jerarquizar nuestras necesidades para no incurrir en una deuda mala. Por ejemplo, si un taxista quiere adquirir un automóvil nuevo, para él será una deuda buena porque le servirá para generar futuros ingresos. En cambio, podemos querer un Ferrari, pero no me alcanza para comprarlo y a lo mejor adquiero uno más sencillo y si nos empeñamos en comprarlo se convierte en una deuda mala.
Es importante señalar que estos parámetros no sólo se aplican para efectos de personas o empresas, sino también para países. Por ejemplo, lo que está sucediendo ahora mismo en Europa con Grecia y su endeudamiento que tanto preocupa a la Unión Europea y a los inversionistas internacionales, ya que la razón deuda/PIB en aquel país comienza a rebasar el 50%; es decir, por cada euro que se genere más de la mitad se destinará al pago de intereses y deuda, sólo debemos extrapolar esta situación a lo particular, es decir, a personas y empresas para darnos cuenta del problema que nos puede generar una deuda mala.
El principio que rige la deuda mala y la buena tal vez suene muy fácil pero es difícil de aplicar ya que estamos educados en el consumismo para obtener una gratificación instantánea, en el corto plazo.