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Zacatlán, Ahuacatlán, forja en el paraíso | Xavier Gutiérrez

Jueves, 28 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Zacatlán, Ahuacatlán, forja en el paraíso

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Octubre 6, 2013

A tres horas de viaje de la ciudad de Puebla, en el corazón de la sierra norte, funciona la Universidad Interserrana de Ahuacatlán, una institución ejemplar que acaba de cumplir 7 años de vida. Según entiendo, el proyecto fue concebido para atender de modo especial a los jóvenes de pueblos indígenas de la región.

Y creo que con un enorme esfuerzo está  logrando su cometido, pero sufre serias carencias.

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Su ubicación es realmente paradisiaca. Para llegar ahí, uno parte de Zacatlán, y luego de una hora de camino, por una carretera que serpentea entre el verdor de una enorme variedad de árboles y plantas, llega por fin  a la cabecera, Ahuacatlán, un pueblo típico de la sierra que es atravesado por la carretera interserrana.

Esta vía, con tantas curvas como una cotizada encueratriz, es precisamente la famosa carretera interserrana, que  a lo largo de varios sexenios se construyó y que une a Zacatlán con Cuetzalan, dos de los pueblos más hermosos del estado,  emblemáticos de la zona, y situados cada uno en la punta, en los dos extremos. Viajar por este  camino es un auténtico regalo de la naturaleza. Un banquete para todos los sentidos y, como todas las maravillas de este mundo, es gratis.

Uno queda embelesado  con el paisaje. Todos los tonos de verde, plantas y árboles de follaje multiforme, helechos gigantes de ramas de más de metro y medio de largo. Un día vi a unas mujeres caminando a lo largo de la carretera, bajo una pertinaz lluvia, cubriéndose  cada una con una descomunal hoja de una planta cortada en el camino. Eran como paraguas naturales de la región.

Y allá en las laderas las cascadas como trenzas de plata; aquí el riachuelo; más allá chorros de agua que brotan como mangueras naturales, y que le sirven al viajero para una gratificante mojada de cara, tomar agua fresca, llenar botellas y seguir el camino. Uno queda admirado de la forma como la naturaleza equilibra todo: calor intenso en las mil curvas, pero las provisiones de agua a cada paso  para soportarlo.

La fauna complementa el paisaje. Allá en los alto los zopilotes, planeando, siempre planeando, (como los economistas de sexenios idos…),buscando con su finísimo olfato a doscientos o trescientos metros de altura, algún alimento de carroña allá abajo en la carretera; las mariposas de mil colores; la diversidad de aves, iguanas, lagartijas, conejos, zorrillos, pavos silvestres, el gato montés y los mazates, como ahí llaman al venado pequeño.

La gente circula a pie y va por los caminos o por los pueblos serranos con sus trajes típicos tradicionales; el tránsito de combis, autobuses y camionetas es intenso, pero lo es más el de tráileres que transportan materia prima para las fábricas de cerámica. Estos pesados vehículos dañan la carretera y muy sano sería que se regulara este transporte porque perjudica  severamente la carpeta asfáltica, en detrimento de la calidad de vida de la región.

La feracidad de la tierra es impresionante. No hay un centímetro sin vegetación, las milpas son gigantes  por la buena tierra y la lluvia abundante casi todo el año; la selva casi agrede; la fruta se da  de modo natural y la gente saca a la venta y ofrece a los viajeros bolsas con duraznos o manzanas a bajo precio; los vecinos llenan el transporte colectivo con toda clase de huacales, cajas, bolsas, morrales, herramientas, y van de un pueblo a otro a su labor, al comercio, a vender su mano de obra.

En la región se habla náhuatl y totonacú. Cuando uno llega e intenta corregir la pronunciación de este dialecto, los jóvenes replican, “no,  no es totonaco, como ustedes dicen, es totonacú, hablamos totonacú…” Y así será. Ese paisaje rodea a la universidad, que ofrece dos carreras profesionales: biotecnología, e ingeniería agro industrial. Está en estudio una nueva oferta.

Su edificio es estupendo, en diseño, funcionalidad y conservación. Tiene aulas modernas, laboratorios de primera, una cancha deportiva y un campo de futbol, áreas de experimentación de cultivos, zonas de esparcimiento y una cafetería. Ésta, resultado de la gestión del rector Jorge González Trujeque, quien tocando puertas aquí y allá,  ha dotado a la institución de un acogedor sitio para alumnos y maestros.

En la cafetería los jóvenes encuentran un sitio con alimentos a un precio acorde a sus bolsillos, pero además un espacio grato para la convivencia. Desde este lugar, una construcción sencilla, rústica pero de buena calidad,  con techo de teja y amplios ventanales, que armoniza a la perfección  con el ambiente que la rodea, el paisaje que se domina enfrente es un pedazo de paraíso.

 La sierra, las laderas, los pastizales, las praderas, un viejo y abandonado templo allá en lo alto del horizonte,  todo constituye un auténtico remanso para el espíritu. Si uno da un paso fuera del área universitaria, literalmente está  pisando suelo serrano. Allá abajo, a cincuenta metros de la cancha, un hermoso riachuelo juguetea bajo el follaje de esbeltos  árboles, arbustos y pastizales.

Aquí estudian  ciento setenta muchachos con un gran entusiasmo y no pocos sacrificios. Algunos caminan varios kilómetros para llegar aquí, otros tienen una alimentación deficiente, con frecuencia  tienen que sufrir las inclemencias del tiempo, un fuerte chubasco y caminos lodosos,  o un sol quemante con temperatura ambiental de más de 30 grados.

Pero no se arredran ante la realidad. Se les ven rostros alegres, guasean, estudian, se divierten, le arrancan conocimientos a las aulas, a los maestros y a los libros en pos de un mejor futuro que se labran ellos mismos con un espíritu indomable. Requieren apoyo para alimentos, un camino de 800 metros que está sin pavimentar, un mejor sistema de transporte, en fin…les hace falta que las autoridades les tiendan la mano.

Ellos ponen su esfuerzo diario, y es mucho, a veces con el estómago vacío. Hace falta la otra mitad.

Los maestros, los directivos con el rector al frente, allá en lo profundo de la sierra, en la soledad, con mística, con entrega, con pasión, forjan nuevas generaciones de profesionales.

Mi reconocimiento para ellos, para todos ellos. Un abrazo solidario..!

xgt49@yahoo.com.mx

 

 

 

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