En un país en el que casi 70 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) se va en pagar los privilegios de la burocracia –la dorada, la de plata y la de bronce–, mantener la estructura del sistema, el gasto corriente, como se le llama eufemísticamente, y sólo se da 30 por ciento, las migajas, a los que más necesitan, es una inmoralidad subir los impuestos y más cuando se hace de manera absurda.
La supuesta Reforma Fiscal de Enrique Peña Nieto es un grave error que afectará a todos los ciudadanos, pero que se verá aún más en el hambre galopante de los más pobres.
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Pero también es un absurdo realizado sin técnica. Pongamos ejemplos: incrementa impuestos a los refrescos, a las colegiaturas, grava las rentas y hasta la comida de las mascotas. Así nomás.
El país está empantanado en una ineficiencia fiscal que no se ve cómo mejorará con la propuesta del Paquete Fiscal 2014 de Enrique Peña Nieto, que ya está en el Congreso de la Unión y no hace más que aumentar los impuestos con ciertas trampas.
Si bien evitó el Impuesto al Valor Agregado (IVA) en alimentos y medicinas, en cambio aumentó otros gravámenes que le dejarán al ineficiente gobierno más dinero y que golpeará aún más el bolsillo de los mexicanos, incluso de los más pobres.
Es el caso del impuesto adicional de un peso sobre litro de las bebidas azucaradas (refrescos y jugos comerciales), adicional a 16 por ciento de IVA que ya pagaban.
El argumento mentiroso que han dado los funcionarios federales es que se disminuiría el consumo de refrescos y con eso se combate la grave obesidad en el país. Podría ser cierto, pero en realidad para muchas familias, aunque es un mal alimento, así lo es y a veces, como en muchas comunidades pobres que yo he visto, el único.
He visitado comunidades en donde un refresco azucarado y unas Galletas Marías son lo único que las madres pueden darle a sus hijos para que no perezcan de hambre.
Además, así evita el IVA generalizado, pero lo impone sólo a los refrescos, cuando México es mayor consumidor de éstos en el mundo, e incluso rebasa a Estados Unidos, con un promedio de consumo superior a los 163 litros per cápita.
Esto llevaría a recaudar 12 mil millones de pesos adicionales en el PEF 2014, una cifra descomunal que, por un lado, limitará el consumo –efectivamente–, pero por otro pegará sensiblemente en los bolsillos de los mexicanos. ¿Y cómo se gastará? Claro que ineficientemente, como siempre.
El gobierno de Peña Nieto optó por lo más fácil al imponer este gravamen adicional a los refrescos, pero nuevamente poco hace por mejorar el gasto, mientras sigue sangrando a los contribuyentes.
Hay que recordar que siempre los incrementos a los impuestos recaen en el consumidor final, no lo absorbe el fabricante o productor, como es la lógica de la competencia comercial.
Si el gobierno no soluciona su problema de gasto corriente, genera ahorros y es más eficiente, no habrá impuesto que le alcance.
Adicional al de los refrescos, se homologó el IVA en las fronteras con el 16 por ciento que se cobra en el país, lo que a primera vista parece una medida desastrosa para prestadores de servicios y comerciantes que, ahora, no podrán competir en igualdad de condiciones en las fronteras, pues en Estados Unidos, por ejemplo, el gravamen equivalente es menor. Es el caso también de los aeropuertos internacionales, en donde no se cobraba este gravamen, era la llamada “zona libre”.
A esto hay que sumarle el IVA en colegiaturas, la renta de casas y hasta por la comida para las mascotas, ésta última una medida que francamente suena demencial, regresiva, porfirista.
La expectativa que había sobre el gobierno de Peña Nieto y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) no se cumplió; la reforma fiscal no es más que miscelánea con nuevos impuestos sin más visión que la recaudatoria sobre los mismos de siempre, sin más receta que gravar más el consumo.