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Contra la historia | Vitaliano Torrico
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Contra la historia

Domingo, Septiembre 15, 2013

En entrevista al diario “Milenio” el expresidente Fox dijo que fue mejor presidente que Juárez. La Opinión Pública nacional ni siquiera advirtió tal ocurrencia; acostumbrado a su incontinencia verbal ésta pasó desapercibida. Poco tiempo después de tal atrevimiento aparece otro también de otro expresidente –del PAN, el de German Martínez C. que al modo de Fox echa un lance no de burla sino algo que “parece” serio contra la historia. En su “Fox, Juárez, Pemex… y Nietzsche” (Reforma 22-07-13) lo reivindica sólo para postular que es mejor privatizar PEMEX.

Para este menester se sirve de Nietzsche. Pero así como Fox dice de Juárez, G. Martínez dice de Nietzsche; le atribuye al filósofo algo que no escribió. No hay que acusar sus escrúpulos; aparecen en sus afirmaciones que pretende “sustentados” (sic) en el escrito -a los 30 años?- del filósofo “Sobre la utilidad y perjuicio de la historia para la vida.” Y también cita otra obra, “El ocaso de los ídolos” al que le atribuye lo que el filósofo dice en la obra antes citada.

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Y todo esto para preguntarse a sí mismo: “¿Calificar a Benito Juárez de traidor ofende? ¿Autorizar la inversión privada en PEMEX agravia a L. Cárdenas? ¿Lastimamos a los héroes patrios al cuestionarlos? ¿Reprochar su obra es ingratitud? ¿Modificar su legado es felonía? ¿La historia es única y verdadera?” (Ibid)

En ésta sustenta la siguiente conclusión: “no son preguntas triviales para un país que camina a tropezones rumbo a la modernidad.” (Ibid) ¡ El país camina a tropezones! Y como no si ponemos en duda su realidad; es como dudar del aire que respiramos. ¿Tiene sentido dudar del hecho de respirar? Si dudamos y norespiramoscaemos por asfixia. Y G. Martínez está vivo, preguntándose ante el público si es real, esto es, único y verdadero el aire que respira.Ysigue condenando ahoraa los ofendidos con las … de Fox sobre Juárez: estos “son simples adoradores del pasado. Incapaces de imaginar y debatir un futuro para el país… Algunos de esos histéricos valedores de Juárez… son los mismos militantes del ‘patrioterismo petrolero’ petrificado en las fotos blanco y negro de la nacionalización cardenista de 1938.”(Ibid)

Con tales improperios encubree el in-sano propósito de minar la base de la nación, de su historia, de  ridiculizar su realidad sustancial encarnada en el pueblo; el que protagonizó la hazaña de la revolución nacional.Tal es el blanco de sus histéricos disparos, la entidad donde se hallan, dice, los “muchos mexicanos que padecen una ‘enfermedad histórica’, pues son capaces de entonar himnos nacionalistas excluyentes del mundo, dizque defienden la soberanía para proteger intereses personales, y convirtieron a personas en estatuas infalibles.”(Ibid) Y “lo digo con Nietzsche”,se ufana. Es el dedo que señala al mexicano la enfermedad del mexicano. Le grita ¡estas engañado! Su pretensión es que se despoje de su realidad para que luego sea despojado de su riqueza, de aquello de donde proviene una parte del sustento diario. Con tono desafiante lo incita a asumir su actitud retadora. Pero el público no responde. ¿Por qué?

Y es que su invectiva no tiene la calidad ni su personalidad es digna de imitarse, y la institución que representa, el PAN, en dos sexenios al mando del país en lugar de ganar ha perdido el respeto del pueblo; y con su acción de estos días va a su desencuentro. Estos hechos saltan a la vista y, por esto, golpean el rostro del sentido común. Así evidencia la falta del más común de los sentidos, el de percibir el curso natural de las cosas en el que está inmerso. G. Martínez se enfrenta al pueblo de México proponiéndole “modificar la identidad del país… (Para esto hay que) arrinconar varios pasajes históricos. Quizá omitir partes de Juárez, Cárdenas y otros. Olvidar es abrazar el futuro…” (Ibid) En tal dimensión habita.

El propósito no lo inventa, pretende haberlo extraído del libro de Nietzsche, donde –dice- fundamentarlo, sobre todo, su última afirmación, como si se tratara de alguna de sus consideraciones intempestivas. Las frases de G. Martínez no son consideraciones sino afirmaciones intempestivas, tanto que“olvidar” y “modificar” son contra la historia… Y contra Nietzsche.

El filósofo no dice semejante barbaridad que, más bien, suena a estupidez; no tiene sentido abrazar el futuro carente de pasado. Nietzsche comienza su consideración intempestiva así: “es cierto que necesitamos la historia, pero la necesitamos de un modo distinto a la del ocioso malentendido en el jardín del saber… necesitamos la historia para la vida y para la acción… no para un cómodo abandono, ni para paliar los efectos de una vida egoísta y de una acción cobarde y deshonesta. Sólo en la medida en que la historia sirve a la vida queremos servirla nosotros… (es) un fenómeno cuyos curiosos síntomas  hay que llevar ahora a la experiencia de nuestro tiempo de un modo tan necesario como doloroso.”

Desde el prefacio la meditación intempestiva Sobre la utilidad y perjuicio de la historia para la vida.” da cuenta de lo que se enorgullece el tiempo de Nietzsche, su cultura histórica.G. Martínez no tiene tal ni sabe leer, porque el filósofo le habría interpelado: “contempla el rebaño que pasta delante de ti: ignora lo que es el ayer y el hoy… vuelve a brincar, y así desde la mañana a la noche… atado a la estaca del momento presente y, por esta razón, sin atisbo alguno de melancolía o hastío. Ver esto se le hace al hombre duro, porque él precisamente se vanagloria de su humanidad frente a la bestia… Así el hombre pregunta al animal: ¿porqué no me hablas de tu felicidad y únicamente me miras? El animal quiere responderle y decirle: ‘esto pasa porque siempre olvido lo que quisiera decir’. Entonces, también se olvidó de esta respuesta y calló, de modo que el hombre quedó asombrado.” (p.40)

“Pero también se asombró de sí mismo por no poder aprender a olvidar y depender siempre del pasado; y es que cuanto más lejos vaya, cuanto más rápido corra, esa cadena siempre le acompaña. Es asombroso: ahí está el instante presente, pero… desaparece. Surge de la nada para desaparecer en la nada… luego regresa como un fantasma perturbando la calma de un presente posterior… Entonces, al mismo tiempo que el hombre dice ‘me acuerdo’, envidia al animal que olvida inmediatamente mientras observa cómo ese instante presente llega a morir realmente, vuelve a hundirse en la niebla y en la noche desapareciendo para siempre. Así vive el animal de manera no histórica, pues se aparta del tiempo… Por el contrario, el hombre intenta levantarse con todas sus fuerzas de ese gran y pesado lastre que es su pasado.” (p.41)

“Si lo que hace aferrarnos y estimularnos a los vivientes a la vida es la felicidad, la aspiración a la renovada felicidad… hay algo que hace que la felicidad sea tal: el poder olvidar o, dicho de manera más erudita, la capacidad de poder sentir de manera no histórica, abstrayéndose de toda duración… Y es que en toda acción hay olvido… Un hombre que sólo sintiera por entero históricamente se asemejaría, por tanto, a alguien obligado a prescindir del sueño o a un animal que tuviera que vivir condenado continuamente a rumiar. Es posible vivir sin recuerdos, e incluso vivir feliz, como muestra el ejemplo del animal, pero es completamente imposible vivir en general sin olvidar… Para determinar este grado… los límites en los que el pasado ha de olvidarse para no convertirse en sepulturero del presente, se tendría que conocer exactamente el grado de fuerza plástica de un hombre, de un pueblo, de una cultura; quiero decir, esa fuerza para crecer por sí misma, ese poder de transformar y asimilar lo pasado y extraño, de sanar las heridas, de remplazar lo perdido, de regenerar las formas destruidas… Lo que una naturaleza semejante no llega a dominar, lo sabe olvidar, dejando esto simplemente de existir; de este modo, el horizonte permanece cerrado, completo en sí mismo. Nada recordará que exista más allá de ella hombres, pasiones, doctrinas y fines distintos. Ésta es una ley general: todo lo vivo sólo puede ser sano, fuerte y productivo en el interior de un horizonte. Si es incapaz de trazar a su alrededor tal horizonte, o, por otra parte, demasiado solipsista como para poder integrar su propia perspectiva en el interior de una extraña, llegará al ocaso enfermo y agotado demasiado prematuramente.”(p.44)

“La jovialidad, la buena conciencia, la alegría en el actuar, la confianza en el futuro –todo ello depende, tanto en un individuo como en un pueblo, de que exista una frontera, un límite que separe aquello que es claro y capaz de ser abarcado desde una perspectiva de todo lo que es oscuro y no visiblemente iluminado; pero también depende de que se sepa justa y oportunamente tanto qué olvidar como qué recordar, del poderoso instinto para distinguir en qué momento es necesario sentir de modo histórico o no histórico. Ésta es precisamente la tesis propuesta a la reflexión del lector: que lo ahistórico y lo histórico son en igual medida necesarios para la salud de un individuo, de un pueblo o de una cultura.(p.45)

Ahora se ve que Nietszche no dice ni siquiera algo parecido a “olvidar es abrazar el futuro” como pretende G. Martínez, que lo postula como remedio para la “enfermedad histórica” del mexicano. Lo inventa y para sostener esto tergiversa y altera con dolo el escrito del filósofo así: “Nietszche dice que el hombre además de tener la cualidad del ‘recuerdo histórico’ para no esclavizarse con la memoria, necesita el ‘olvido’. Y cita: “un hombre que no tuviera en absoluto la capacidad de olvidar, que estuviera condenado a ver en todas partes el devenir, semejante persona ya no cree en su propio ser, ya no cree en sí mismo…” El expresidente del PAN es zafio, porque mutila la idea del filósofo. Pues éste dice: “Imaginemos el caso extremos de un hombre al que se le hubiera desposeído completamente de la fuerza de olvidar, alguien que estuviera condenado a ver en todas partes un devenir. Este hombre no sería capaz de creer más en su propia existencia.”(p. 42) Y nosotros concluimos: este hombre imaginario es, en todo caso, un ser patológico al que G. Martínez equipara al mexicano.

Por lo demás el pueblo mexicano del presente actúa en consonancia con la estructura del hombre que Nietszche describe como ser histórico; y a despecho de sus curadores.

vtorricop@yahoo.com.mx

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