Comencé la mañana sorprendida por los argumentos del regidor Pedro Alberto Gutiérrez Varela para proponer el cambio de nombre al Portal Juárez por el de Iturbide. Quienes lo promueven
a) Se olvidan que Juárez es el símbolo por el que el país logró la SEGUNDA INDEPENDENCIA, al fracasar la invasión francesa y quedar definitivamente derrotada la forma monárquica de gobierno como opción para el país, al derrumbarse el Segundo Imperio.
b) Se olvidan que la consumación de la independencia fue el resultado de un PROCESO muy conflictivo por el que los hombres de la época aceptaron independizarse de España como lo mejor. Iturbide CIRCUNSTANCIALMENTE LO ENCABEZÓ, pero ni lo forjó, NI LO CONSOLIDÓ. Las mismas fuerzas que lo acompañaron para proclamar la independencia, le retiraron su apoyo en menos de un año. FRACASÓ en su intento de dar forma al nuevo país soberano, el cual tuvo que defender su condición soberana en reiteradas ocasiones, hasta 1867.
En resumen NO HAY ARGUMENTOS HISTÓRICOS.
Pero lo peor es que nos dicen que quieren, ellos, los políticos de esta administración, que superemos una versión maniquea de la historia, cuando lo intentan hacer como acto de poder y desde el poder gubernamental.
Superar esa visión pasa por COMPRENDER el devenir histórico, y eso lo intentamos hacer los historiadores lejos del poder político. Esta tarea intelectiva, la COMPRENSIÓN, no tiene nada que ver con HACER JUSTICIA al pasado, a lo que ya pasó, a lo que está muerto, pero a la vez vivo en nosotros, por mecanismos emocionales del recuerdo.
Pienso que por desgracia seguimos en la misma dinámica de rememorar desde el poder o la victimización, y no de la comprensión. Es decir, seguimos atrapados en el pasado, disputando por lo que creemos que es la VERDAD, y no por la COMPRENSIÓN. Seguimos librando batallas y cruzadas por nuestras creencias, sin entender que tendríamos que legar nuevas formas de encarar nuestro pasado y nuestro presente.
Pienso que lo mejor sería buscar, crear, proponer símbolos de INTEGRACIÓN comunitaria, y no enceder de forma enmascarada fuegos del pasado.
Seguimos sin capacidad para pensar el futuro, sin separarnos de los "males" del pasado.