Nuestra sociedad es abierta, libre, se expresa y se manifiesta. Los medios de comunicación son conducto de las inquietudes y al mismo tiempo pretenden ser formadores de opinión, aunque muchas veces solo son informadores. Las redes sociales contribuyen a acelerar ese proceso de apertura y comunicación. Van de la crítica al bullyng político. Del sano ejercicio de la libre expresión, a la ofensa y denostación. Ese es el México de hoy, fiel reflejo del mundo del siglo XXI.Y el significado de un día emblemático como el 1 de septiembre denota claramente esta transformación. Desacralizada la imagen del Presidente de la República, era natural que también “su día”, como se llamaba antes a esta fecha, pasara por un proceso que llevara al efecto inverso. De aquellas imágenes de los años 70s y 80s, en donde el Presidente en turno se veía envuelto en una parafernalia con cierto tufo de adoración, se pasó por escenas como la cabeza de puerco –su mascara claro- de Muñoz Ledo y las interrupciones ofensivas a De la Madrid o a Zedillo al presentarse en el Congreso de la Unión. También recordamos esas entregas casi a hurtadillas de los informes que hicieran algunos secretarios de gobernación de origen panista.
Este 1 de septiembre fue diferente. Se buscó el punto medio. Cumplir con la ley, cosa que llevó a cabo el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio el domingo y el lunes un mensaje a la Nación, austero y republicano, en donde Enrique Peña Nieto expresó las ideas más claras y contundentes que, a manera de resumen, dan cuenta de lo hecho y alcanzado en estos primeros nueve meses de gobierno. Acciones y resultados de fácil medición, pero de impacto a largo y mediano plazo. El tema es que resulta imposible cambiar el rostro de un país en tan poco tiempo, en una situación presupuestaría y programática inercial. Con una violencia heredada, con una contracción económica multifactorial, con una sociedad inconforme, resultado de décadas de olvido y complacencia. Así es el juego político, hago como que no hago y al final busco culpables. Los que acusan con su dedo flamígero de la falta de resultados, deberían de buscar entre sus filas a muchos de los culpables del estancamiento nacional.
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“Desde el 1 de diciembre me comprometí a impulsar con decisión los cambios de fondo que necesita el país. Expresé que no sólo veníamos a administrar, sino a transformar a México. Al comenzar esta Administración había dos opciones: mantener la inercia o emprender cambios de fondo.” Retomó esta frase para enfatizar que el Presidente dejó muy claro desde su toma de posesión cual es su verdadera misión. No busca el efecto inmediato que le de aplausos. Ni pretende con placebos desviar la atención de los grandes problemas nacionales que necesitan cirugía mayor. Esta Presidencia es valiente, porque toma de frente a la problemática y busca la solución definitiva. Nadie dijo que esto sería fácil. Nadie pronosticó un país nuevo en treinta y seis semanas. Solo era seguro que iba a haber una nueva forma de gobernar, un cambio de estilo, con compromiso y sentido social, pero imbuido de una nueva visión, basada en los resultados que se alcanzan con eficiencia y eficacia. Esa es la filosofía del Gobierno de Peña Nieto.
Hoy los resultados en áreas como política social -por citar este tema como ejemplo- están a la vista, en la expansión de Oportunidades, que ha llegado a 30, 000 localidades que nunca habían sido atendidas, o el incremento de cobertura de Liconsa y Diconsa, la instrumentación del nuevo PAL-SIN Hambre. Resultados medibles y concretos que benefician a miles de mexicanos. Pero lo más importante es lo que el público no puede ver, el cambio de estrategia que esta atornillando la coordinación intergubernamental y que es un golpe de timón que a mediano plazo hará avanzar el combate a la pobreza a grandes pasos. Y como éste hay muchos ejemplos en el régimen de Peña Nieto, porque el cambio ya esta en proceso. Hoy más que nunca se deben concretar las reformas estructurales, como el medio para alcanzar las transformaciones. Mover a México, transformarlo de raíz, exigirá lo mejor de nosotros, pero vale la pena el esfuerzo. Tenemos claridad de rumbo. Tenemos la energía y determinación para mover y transformar a nuestro país.