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OPINIÓN

El infierno de Doger al estilo Madame Bovary

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Rosa María Lechuga

Pahuateca de corazón, radicada en París. Asistente de investigación Centro de Investigaciones Políticas “CEVIPOF” en Sciences Po Paris. Ganadora del Premio Nacional de Investigación Social y de Opinión 2015 (CESOP) Corresponsal e-consulta 

Martes, Agosto 6, 2013

Dentro de los comportamientos y señales del lenguaje no verbal, el individuo tiene una gran razón para mentir. Según Paul Ekman 9 son las razones que hay para engañar: para evitar ser condenado o castigado, para obtener una recompensa imposible de obtener de otro modo, para proteger a alguien de un castigo, para protegerse de una amenaza física, para ganar la admiración de otro (s), para escapar a una situación social incómoda, para evitar una molestia, para guardar cierta intimidad y para ejercer un poder sobre el prójimo.

Madame Bovary creó su propio infierno y el de su marido a lo largo de su vida con mentira tras mentira recurriendo al suicidio como salida que cometió con la ayuda de arsénico en polvo.

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Vivía insatisfecha con su vida, nada le llenaba, tuvo varios amantes a lo largo de su vida y su situación económica y por lo tanto, social, era inestable.

Mentía para ganar la admiración de otros, para controlar a Monsieur Bovary, quien al final quedó destrozado por ella, fingió un nivel de vida por miedo a vivir en la pobreza, mintió a su marido para huir con su amante quien huyó… sin ella, de otro modo no habría seducido a Rodolphe Boulanger, aunque moralmente él la destruyó.

Hay políticos que parece, les encanta jugar el mismo papel, víctimas de sus propias mentiras y de su obstinación al poder.

Crearse su propio infierno al estilo Madame Bovary.

Sentado justo en el centro de la mesa, flanqueado por sus colaboradores, con una dicción casi perfecta –salvo por errores mínimos como medio en lugar de decir miedo- y utilizando términos rimbombantes como “dictadorzuelo”, “pelele”, “fanfarrón”, Enrique Doger Guerrero creó su propio paraíso oscuro plagado de traidores y fantasmas tras la derrota del PRI en la elección pasada del 7 de julio.

Hizo una lectura crítica, mordaz, con cifras de un discurso que llevaba tiempo en sus labios y en su cabeza.

Esa es la “férocité de un hombre en sus palabras cuando busca no ser condenado, cuando se atreve y gana la admiración de otros al llamar las cosas por su nombre y cuando ejerce un poder sobre el prójimo al llamarlo “convaleciente” y cuando sin remedio se le va de las manos, su recompensa.

“Los políticos podemos decir mentiras, los humanos también, los números no mienten”

Bravo!

Sin perder el hilo del texto y con las palmas de sus manos apoyadas en la mesa sobre el documento que pacientemente leyó, y con una mirada fija de alguien seguro y sin titubear, poco a poco fue revelando aliados y detractores.

A sus Ángeles y demonios.

A sus razones para salir hasta hoy a fijar su análisis de la derrota de su partido.

Fue manifestando su incomodidad al tocarse la solapa del traje gris cuando se escuchó la palabra “caos” en su partido, cuyo color en imagen pública dicta una fusión entre el bien y el mal

Entre el cielo y el infierno.

En su paraíso oscuro sus demonios tienen nombre y apellido: Mario Marín, Fernando Moreno Peña, Pablito Fernández del Campo, Juan Carlos Natale, el oaxaqueño Jorge Estefan Chidiac y Juan Carlos Lastiri y hasta Eduardo Rivera.

Pero en su infierno también hay Ángeles con voz y figura, una botoxada –y tlaxcalteca- Blanca Alcalá, Alejandro Armenta –el único con verdadera vocación y poblano-, Javier López Zavala y su eterno equipo colaborador.

En la comunicación de crisis o institucional, un principio básico es actuar ante alguna eventualidad en el momento y no, un mes después, porque el problema u obstáculo no se puede aplazar, no se puede ignorar y mucho menos evadir a menos que se tenga que mentir.

Pero al igual que Madame Bovary, toman riesgos con el padre tiempo, juega con él, aunque al final, el tiempo juega con ellos.

Casi aguantó la presión, mantuvo su tono de piel sin hacer juego con su corbata roja con detalles blancos en tela italiana y sin sudar sonreía plácidamente ante las contrariedades del sistema de sonido que atribuyó a los morenistas.

“Dame agua” y Gerardo Corte pasó un vaso con el líquido que le dio apresuradamente.

Para entonces el sudor ya era evidente en su rostro y éste, ya reflejaba lo que al final a cualquier ser humano le duele.

Con la mirada hacia abajo y tartamudeando, negó sus aspiraciones sobre su recompensa que jamás llegó.

“…lo, lo dije, lo señalé” “es absolutamente falso” y siguió sin levantar la mirada.

La delegación del IMSS ya tiene un titular.

“Dommage!”

Usted lo dijo: “Los políticos podemos decir mentiras, los humanos también, los números no mienten”.

Sólo hay que saber las razones.

Es cuanto.

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