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Anacrónico | Juan Díaz Carranza
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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Anacrónico

Lunes, Agosto 5, 2013

En medio de la interminable lista de problemas que nos aquejan subyace el comportamiento y características personales de nuestros gobernantes. Desde el análisis de su comportamiento podemos entender con mayor claridad algunas manifestaciones de la vida pública y vaticinar otras que vienen en camino. 

Resulta lamentable reconocer que los avances en nuestro país, en términos de evolución de nuestro sistema político, son muy cortos, pero aún más penoso, que los políticos de nuestro tiempo estén aferrados a que las cosas funcionen con la lógica del pasado. Esta aseveración del anacronismo cobra sentido si nos prestamos a revisar la colección de ensayos de los grandes observadores y estudiosos de nuestra organización política como el maestro Daniel Cosío Villegas autor de innumerables obras. Pero hay una que traigo a colación por la vigencia y oportunidad comparativa con los acontecimientos que hoy ocupan nuestra atención, me refiero al ensayo denominado el “Estilo personal de Gobernar” en el que revisa los acontecimientos más llamativos de la administración de Luis Echeverría Álvarez, ahí Cosío Villegas toma como punto de partida los dos elementos fundamentales de nuestro entramado político: un partido político “oficial” (PRI), predominante en grado abrumador y; un Presidente de la República con facultades y recursos amplísimos para ejercer el cargo. Personaje que reduce al propio partido político oficial a una oficina dependiente más. Siendo éste último la pieza principal de nuestro sistema político. 

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Es importante ubicarnos en los años 70´s, década en que el PRI se empieza a resquebrajar desde adentro, años agonizantes del modelo económico nacionalista y, sucesos trascendentes que distancian al partido en el poder con la sociedad mexicana. En aquellos años se empezaba a reconocer que el poder presidencial ya no era inmenso con lo había sido, comenzaba a presentarse dos fenómenos que a la postre han sido los hilos conductores de los últimos seis presidentes: 1) Los presidentes han quedado acotados por los intereses creados al interior del equipo de gobierno. Son grupos rivalizados por cercanía y ventajas y, que han hecho del presidente un mediador de intereses que toma decisiones tibias buscando no lastimar a ninguno de los grupos en disputa. Y 2) El hecho incontrovertible de que los intereses económicos doblegaron a la institución presidencial. Cuando aquellos  núcleos empresariales vieron en riesgo sus intereses, se organizaron para inclinar al presidente a proteger y favorecer su fortuna. Estas dos realidades mermaron el poder presidencial, reducido por los grupúsculos a su alrededor, pero aún en ese deterioro no ha dejado de ser el eje central de nuestro sistema político a quien se dirigen las presiones hoy en día.

La separación de las causas que identificaron al partido oficial en el gobierno con la sociedad mexicana se han diluidlo del discurso a la anécdota. El poco “progreso” económico del país no ha favorecido a los campesinos, obreros y sector medio de la población, sino a los grandes intereses económicos, propietarios y capitanes de la industria y de la banca. Todos estos, ajenos al partido y a la familia revolucionaria. A partir de este distanciamiento con los intereses de las mayorías, podemos entender la carente legitimidad política con la que inician sus mandatos los Presidentes de la República, cada vez con mayor urgencia se buscan legitimarse con actos de gobierno. Como lo hizo Salinas de Gortari con su “Compromiso Nacional por la Legitimidad y la Democracia”, el antecedente inmediato del “Pacto por México”. Ambos, remedios caseros con la ilusión del milagro político, que no son más que acuerdos coyunturales que quebrantan a las instituciones políticas de nuestro país. Como consta en lo que se ha degradado el Congreso de la Unión: en mera música de acompañamiento de los acuerdos cupulares del Pacto por México.

De ahí que la tesis de Cosío Villegas que centra su estudio en la personalidad del gobernante cobre vigencia. Porque aunque no podemos restarle mérito a la creación de determinadas instituciones en estas últimas cuatro décadas, tampoco podemos pecar de optimistas y dejar de reconocer que la efectividad de las instituciones han quedado a consideración del presidente en turno. En México el ejercicio del poder tiene rasgos personalísimos y no institucionales, venimos de guardar mayores semejanzas con las viejas monarquías absolutas que con las democracias modernas y, poco ha cambiado ese cariz que ha dañado profundamente la salud pública del país.

Tristemente en poco se han trasformado las cosas, el sello particular de cada presidente sigue marcando los principales acontecimientos en México. El temperamento, carácter, simpatías y disgustos, así como su experiencia personal y, educación cuentan para los actos de gobierno que han marcado la suerte de la Nación. ¿Cómo podríamos entender la suerte política o judicial de personajes como Arturo Montiel o Carlos Salinas de Gortari en este sexenio? Para avizorarlo tendríamos que reconocer quién es quién, uno mentor y otro impulsor. O en el caso de nuestro estado, si en un lapsus de buena fe le concediéramos el beneficio de la duda al gobernador Gabino de qué actuará contra los actos de corrupción del pasado, tendríamos que entender acuerdos, temores y la poca autoridad moral para hacerlo, puesto que en este sexenio suceden abusos semejantes.

CONCLUSIÓN. El maestro Cosío Villegas nos demuestra que las dificultades que enfrenta nuestro país están asociadas al predominio de la figura presidencial sobre las instituciones. En otros países como Estados Unidos, Francia u Holanda se distinguen de nuestra organización política porque los sectores más influyentes – empresarios y opinión publica- tratan de modelar en el presidente a un hombre estándar que permita que la mayoría pueda verse identificados en él, aunado a que la tradición de las instituciones son más fuertes que el hombre en aquellas naciones. Mientras nosotros sigamos apostando al hombre y no a las instituciones, mientras sigamos sujetos al comportamiento y perfil personal de un mandatario y no construyamos un contrapeso desde la ciudadanía y la opinión pública, seguiremos anclados al pasado. 

juandiazcarranza@hotmail.com

Twitter: @juandiazcarr

Abogado, economista y periodista. 

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