Terminaron los procesos electorales, y todo sucedió como estaba planeado… y acordado.
El presidente privilegió su Pacto por México, antes que el apoyo a los militantes del PRI. Dejó que los gobernadores de todos los partidos actuaran libremente y ordenó a los delegados federales que se abstuvieran de intervenir con apoyos económicos o políticos. Frenó el gasto público creando la molestia que produce la falta de circulante. No quiso molestar a los dirigentes del PAN y del PRD para evitar que abandonen su acuerdo estrella.
Más artículos del autor
Por ello, desde antes de las elecciones, los resultados de Baja California y Puebla ya eran conocidos o predecibles. Los gobernadores tuvieron camino libre para apoyar a sus candidatos que obviamente resultaron triunfadores. Y los priistas de ambos estados quedaron decepcionados además de lastimados por la falta de solidaridad de su máximo dirigente político.
Gustavo Madero está muy contento y presume que su partido aumentó el número de gobernados, como si tal “hazaña” hubiese sido producto de su inteligente dirigencia. Con la chambonería que lo caracteriza dijo que después de esta gran actuación ya podría retirarse entre aplausos, como lo hizo Greta Garbo en su última película, que por cierto se llamó “La mujer de dos caras”. Desde luego se la pasó vociferando con tono grandilocuente y salpicado de groserías y palabras típicas de su tierra; dijo que todos los gobernadores eran unos corruptos y tramposos porque apoyaron a los candidatos de su partido y que el carro completo sería algo vergonzoso digno del pasado autoritario. Pero extrañamente se le olvidaron los casos protagonizados por los mandatarios de su partido, incluido desde luego el de Baja California.
A pesar de que el PRD perdió varios de sus bastiones, Jesús Zambrano también se dijo satisfecho por haber ganado en las alianzas concertadas por el PAN; aseguró que aunque su partido es la tercera fuerza nacional sigue siendo la primera de la izquierda agregándole a su dicho que las fotografías de Miguel Ángel Mancera jugando beisbol con Andrés Manuel López Obrador, no significan nada en el terreno político; que no existe la posibilidad que el primero sea cooptado por Morena.
En el cuadro político nacional habrá que ver si la apuesta de Enrique Peña Nieto le da resultado a partir del costo político que él tendrá que asumir con tantos priistas molestos con su actitud pusilánime y falta de compromiso partidista.
Por lo pronto, los señores dirigentes de la oposición ya se presentaron juntitos con la intención de que se acepten sus cinco condiciones para, dicen, seguir en el Pacto. Con este nuevo chantaje buscan presionar al gobierno cuyo proyecto se basa en que se aprueben las reformas energética y fiscal.
En fin, pasamos por la contienda electoral que produjo una de las abstenciones más importantes de la historia. Ello significa que no obstante la gran cantidad de dinero que se invirtió en publicidad y en ingeniería electoral, los partidos y sus candidatos no pudieron convencer a los ciudadanos. En el mejor de los casos, muchos de los triunfadores apenas alcanzaron el 20% del padrón, circunstancia que pone en entredicho su legitimidad. Lo bueno es que una vez en el poder tendrán que buscarla valiéndose de algo que nunca han hecho: acercarse a la gente en serio, no como slogan.
Hubo desde luego casos paradójicos. El de San José Chiapa, Puebla, por ejemplo, lugar en donde se asentó la armadora AUDI y se hizo una gran campaña para hacer sentir a la gente la gran oportunidad de progreso que se avecina. Allá se postuló como candidato de la Alianza Puebla Unida a un doctor de apellido Araburu, quien perdió ante el candidato del PT. La razón: su actitud displicente y discriminatoria hacia sus posibles gobernados, así como la falta de inclusión de los habitantes de esta comunidad frente a los trabajos de la planta y, obvio, el claro negocio de muchos extraños que aprovechan y aprovecharán el surgimiento económico del lugar (algunos de ellos, dicen los lugareños, funcionarios del gobierno estatal).
Ahora los partidos tendrán que sanar heridas, cobrar traiciones y hacer el balance de los errores, así como prepararse para las próximas elecciones que por ser federales deben importarle más a Enrique Peña Nieto, ya que de ello depende que se aprueben o no sus iniciativas. Mientras tanto los ciudadanos valoraremos el trabajo de los gobernantes, incluidos los del PRI, la mayor parte de ellos sin ideología y con una alarmante carga de pragmatismo.