Las campañas electorales intermedias terminaron, y como ciudadanos reposamos lo presentado, lo exhibido, lo bueno y lo malo de cada una de ellas, por los 217 ayuntamientos poblanos y las 26 diputaciones de mayoría. Los tricolores, previo a las campañas, por doquier alardeaban que al grupo gobernante en la entidad federativa, solamente le interesaba la mayoría del poder legislativo, en plenas campañas comprobaron que no era así y menos en la zona metropolitana que representa la cuarta parte del Congreso local, con un municipio metropolitano y varios municipios urbanos, impactando en casi el cincuenta por ciento del eelectorado.
En alguna entrega señalé que no servían para nada guerras sucias, ni mucho menos campañas blancas. Que la mercadotecnia concentrada en matemáticos, los menos; pero sobre todo, en comunicadores que creen ciegamente en la capacidad de mover a su libre arbitrio el mercado político, olvidaban que tenemos un pasado autoritario, corporativo, clientelar, con la supervivencia de rasgos caciquiles, que producen un sincretismo entre las prácticas anquilosadas con las nuevas tecnologías politológicas del control, de los sistemas, pero sobre todo de la construcción de escenarios futuros.
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Así asistimos los poblanos a un evento sui generis de la combinación de todos los recursos entre las dos principales fuerzas que buscaron disputarse los votos de la ciudadanía, la cual el próximo domingo tendrá la última palabra. Ahora se espera saber el domingo siete, sí se impuso el mercado o se impuso el modelo; se si impuso el intento de manipulación de sentimientos y mentes, o se impuso la estructura forjada y construida lentamente a través de varios sistemas autorreferenciales, que tuvieron como finalidad complicarle la existencia, la vida y operaciones a los partidos políticos formalmente opositores de los partidos gobernantes en Puebla.
El mercado o el constructo, el mercado político o los multisistemas organizadores del futuro, operacionalmente cerrados, autopoiéticos, autorreferenciales, que pusieron en jaque a los candidatos opositores, y en particular a sus abogados. Lamentablemente observamos que el mercado político fue descarrilado desde un principio, máxime que en las elecciones federales del año 2012, los pitonizos del mercado político, no supieron explicar su incapacidad para adelantar resultados inexplicables de las elecciones federales; igual como sucedió en Puebla en las elecciones del año 2010. Y para el colmo de las cosas, la incapacidad de los mercadólogos terminó siendo arruinada al degenerar en una espiral de la muerte política rumbo al suicido político en el camino de la banalización de las campañas reducidas a simple espectáculo de una guerra sucia.
Total, las propuestas no sirven para nada, para el caso de los ayuntamientos está el artículo 115 constitucional y las funciones a cumplir, lo mismo que los diputados, la constitución ordena sus funciones. Por esto, el mercado resulta banal, pero por supuesto es espectáculo necesario, sino, como se afirmaba al principio de las campañas que terminaron, no prendían, era necesario el fuego, la hoguera, la metáfora, la presunción de riquezas o pobrezas económicas o mentales. Todo esto pasaba, mientras los operadores del modelo, del constructo, de los multisistemas, cuidaban el futuro y sus resultados en donde la gobernabilidad, que no gobernanza están desde hoy aseguradas. Esperemos a ver el domingo siete, quien gana: el mercado o el modelo.