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Medio Ambiente
Ahora se deposita basura sobre lagunas que originalmente fueron construidas para captar y separar lixiviados
Imagen ilustrativa del relleno sanitario de Chiltepeque en Puebla capital
Foto: e-consulta
Debajo de las capas de basura que se acumulan en el relleno sanitario de Chiltepeque ocurre un proceso silencioso difícil de detectar: el escurrimiento de lixiviados, que arrastran metales pesados, bacterias y compuestos tóxicos con efectos graves para el medio ambiente y la salud humana.
Este líquido oscuro y denso no se queda en la superficie, se filtra en el subsuelo, avanzan entre las grietas del terreno y siguen rutas que conectan barrancas, arroyos y cuerpos de agua.
Este riesgo que no fue considerado en los documentos que autorizaron el funcionamiento del relleno sanitario de Chiltepeque, que recibía la basura de Puebla capital, pero ahora también de ocho municipios a la redonda.
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El daño ambiental es visible a la vista, al recorrer el relleno sanitario se ve el escurrimiento de lixiviados, como cualquier líquido se abre camino hacia abajo y desemboca en espacios cercanos a las comunidades.
Así han pasado años, un escurrimiento silencioso que en época de lluvias se multiplica, se pueden ver charcos enteros, como lo narró durante un recorrido Darinel Keller Ceballos, de la organización “Yo seré tu voz por los animales y el medio ambiente”.
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En el Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA), el estudio técnico-científico que evalúa los efectos de este tipo de obras, no se reconoce la existencia de cuerpos de agua en la zona.

Sin embargo, en los alrededores del predio existen al menos tres jagüeyes que nunca fueron identificados de manera oficial y que forman parte de la red hídrica que desemboca en la laguna de Valsequillo.
Históricamente, estos cuerpos de agua han sido utilizados por pobladores de Santo Tomás Chautla y San Francisco Totimehuacán para abastecer de agua al ganado destinado al consumo humano, además de servir como fuente para la fauna silvestre.
Aunque el relleno sanitario cuenta con infraestructura diseñada para contener estos líquidos, habitantes contaron a e-consulta que durante años los sistemas de control fueron insuficientes,
También señalan que cuando llueve el riesgo de filtración aumenta y el agua que antes era clara adquiere olores penetrantes y tonalidades negras.
El ex titular del Organismo Operador de Limpia, Pablo Mauricio Loreto López, explicó que el relleno sanitario hoy cumple una función crítica para la ciudad y la zona metropolitana, al recibir no solo los residuos de Puebla capital, sino también basura de municipios conurbados y residuos de manejo especial.
Sin embargo, el problema no es únicamente la cantidad, sino la forma en que se maneja, pues desde su experiencia técnica, el relleno no cumple de manera adecuada con la normatividad ambiental establecida por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
Entre las principales fallas identifica la falta de cobertura diaria de los residuos, la operación simultánea de varios frentes de trabajo sin control y, sobre todo, el manejo deficiente de los lixiviados.
De acuerdo con su testimonio, actualmente se está depositando basura directamente sobre lagunas que originalmente fueron construidas para captar y separar lixiviados, lo que agrava la contaminación y favorece la generación de biogás sin control.
Este gas, además de representar un riesgo ambiental, podría convertirse en un peligro mayor debido a la cercanía de torres de alta tensión, una zona federal que, según advierte, ha sido invadida por la expansión del relleno, en contravención directa de la normativa vigente.
El exdirector también alertó sobre los efectos indirectos de estas omisiones, debido a que el mal manejo de lixiviados incrementa el riesgo de contaminación de arroyos cercanos que descargan en cuerpos de agua mayores, así como de pozos de agua potable y mantos acuíferos.

A estos riesgos se suma la presencia de fauna nociva y animales que no deberían existir dentro de un relleno sanitario correctamente operado.
El especialista explica que, por norma, el sitio debe estar totalmente cercado y libre de fauna como perros, gatos, roedores o aves carroñeras.
Desde su perspectiva, las omisiones no son recientes, sino parte de una cadena de responsabilidades institucionales en la que el Organismo Operador de Limpia figura como el principal ente supervisor, junto con autoridades estatales y federales encargadas de vigilar el cumplimiento de la legislación ambiental.
Para el exfuncionario, el relleno de Chiltepeque ya rebasó su vida útil hace años y su operación se sigue prolongando mediante autorizaciones administrativas.
e-consulta solicitó en diferentes ocasiones una postura del Ayuntamiento de Puebla, era importante saber su opinión respecto a lo que ocurre en este parte de Puebla pero no hubo respuesta de parte del gobierno morenista de José Chedraui Budib.
A pesar de que el relleno cuenta con “lagunas de desecado o evaporación”, estas resultan inservibles, pues estos líquidos se escurren por la parte oriente del relleno sanitario y atraviesan drenajes y cárcamos de manera intencional, avanzando por barrancas que alteran en cantidad y calidad la hidrología de la subcuenca del río Alseseca.
Desde julio de 2023, Darinel Keller Ceballos, comenzó a documentar la mala gestión de estos líquidos y observo y comprobó que animales de pastoreo beben y tienen contacto directo con ellos, conviviendo posteriormente con las comunidades humanas.
Los escurrimientos recorren aproximadamente 15.2 kilómetros a través de un arroyo sin nombre, hasta confluir con otro riachuelo donde se mezclan con aguas negras urbanas.
En temporada de sequía, el color del lixiviado se atenúa, pero durante las lluvias predomina los cauces de negro.
La mezcla continúa su trayecto atravesando colonias como Galaxia La Calera, Santa Catarina, Villa Batavia, Lomas de San Miguel, El Batán y Lomas del Valle, hasta unirse finalmente al río Alseseca.
Al concluir su cauce, todo este contenido contaminado es descargado en la laguna de Valsequillo.
En este recorrido, los lixiviados tienen contacto con más de 47 colonias y con los pueblos originarios de Santo Tomás Chautla, San Francisco Totimehuacán y San Pedro Zacachimalpa.
El relleno sanitario de Chiltepeque comenzó a operar en 1995, tras la concesión otorgada para la disposición final de los residuos del municipio de Puebla. El sitio ocupa cerca de 70 hectáreas de terrenos ejidales al sur de la capital, en las inmediaciones del pueblo originario de Chautla.
La autorización fue respaldada por un acuerdo de Cabildo en noviembre de 1994 y avalada por el Congreso del Estado.

En 2008, la concesión se prorrogó por 15 años más, con vencimiento en diciembre de 2022. Sin embargo, al concluir ese plazo, la operación volvió a ampliarse y, hasta hoy, la empresa RESA continúa a cargo del sitio.
Treinta años después el problema ya no puede reducirse a la gestión de residuos, lo que está en juego es un territorio que absorbió los efectos de una actividad que beneficia a una ciudad entera, pero cuyos costos recaen en las comunidades que lo rodean.
Las omisiones acumuladas, en estudios ambientales, en supervisión y en la atención a denuncias han permitido que el relleno continúe operando bajo un modelo que prioriza la disposición de basura sobre la protección del entorno y la salud pública.
Mientras tanto, las comunidades siguen esperando respuestas que no se limiten a multas administrativas, sino que se traduzcan en acciones de fondo, estudios independientes, reparación del daño y un replanteamiento del manejo de residuos en la zona metropolitana. (CR)