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Chiltepeque trastornó Santo Tomás Chautla: vecinos y animales padecen secuelas

Los problemas en el relleno sanitario de Chiltepeque son resultado de no considerar el crecimiento urbano, advierte especialista

Chiltepeque trastornó Santo Tomás Chautla: vecinos y animales padecen secuelas

Perro en medio de monte de basura en relleno sanitario

Foto: e-consulta

Rara vez la basura se piensa como un problema, se saca de casa, se recoge y desaparece, pero hay lugares donde no se va, se queda para siempre y destruye el suelo, el aire y la vida de los que habitan cerca.

Esto pasa en el relleno sanitario de Chiltepeque donde después de 30 años las consecuencias se empiezan a ver en afectaciones que pueden derivar en la muerte.

Los primeros en demostrar las consecuencias ambientales no fueron estudios ni dictámenes oficiales, sino los perros que empezaron a llegar a la junta auxiliar de Santo Tomás Chautla con la piel enferma y tumores visibles en el hocico.

La fauna feral venía de Chiltepeque, donde nadie sabe cuánto tiempo vivieron entre residuos, comieron y tomaron líquidos que escurrieron de la basura que generan diario los más de 3.2 millones de habitantes de la zona metropolitana de la ciudad de Puebla.

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Con el tiempo no sólo fueron los perros, las personas de Santo Tomás empezaron a reconocer enfermedades asociadas a vivir cerca de la basura: manchas en la piel, malestares gastrointestinales, problemas respiratorios, vitíligo y posiblemente cáncer.

El camino hacia la basura

Recorrer los alrededores del basurero más grande de Puebla es un desafío. El entorno cambia de inmediato, el aire se vuelve pesado y el olor se adelanta a todo, respirar es una mezcla de hedores que se queda en la garganta y se prolonga todo el día.

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Chiltepeque es en un escenario cambiante, se levantan montañas de basura que crecen sin pausa, después se aplanan con máquinas para volver a crecer en semanas.

Camiones recolectores entran y salen sin parar, descargan desechos de ocho municipios que suman capas y capas de basura a su paisaje.

La malla perimetral que delimita el basurero sólo existe en algunos tramos, en muchos puntos presenta huecos por donde los perros entran y salen.

Los canes hicieron del basurero su hogar y lo defienden, al recorrer el lugar los perros ladran para ahuyentar a los que pasan cerca y advertir que es su territorio.

Pero también hay cachorros que por su condición tienen pocas esperanzas de vida. El 22 de diciembre pasado el colectivo Yo seré tu voz, por los animales y el medio ambiente, rescató a un cachorro en evidente mal estado, con signos de enfermedad y posible infestación de parásitos.

En la zona también hay hombres que vigilan a la distancia a los ambientalistas que intentan rescatar a la fauna. Ambos bandos conocen su posición en la escena, unos tiran desechos y otros consideran que ya fue suficiente.

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Vivir junto a la basura: olores, moscas y enfermedades

Para quienes habitan en Santo Tomás Chautla la contaminación es parte de la vida diaria, vecinos relatan que con el paso de los años el entorno cambió y el aire se volvió más pesado.

La pestilencia en la nariz es permanente, cotidiana. Hay días en los que el olor es más intenso y provoca náuseas, ardor en los ojos o dolor de cabeza.

Marciano Claudio Navarro, originario de Santo Tomás y con 61 años de edad, describe cómo el relleno transformó la vida de su comunidad.

Él llegó antes que el basurero, pero sabe que posiblemente se irá sin volver a respirar de manera normal.

Lo peor de todo son los olores. No se soportan en tiempo de lluvias y las moscas. Además, hemos notado que muchas personas han fallecido de cáncer… jóvenes, niñas, con muchas manchas en la piel… porque nuestras aguas están contaminadas” declaró el mismo día del recorrido.

Los malestares gastrointestinales aparecen con frecuencia en los testimonios recabados por e-consulta, las diarreas, infecciones estomacales o vitíligo e incluso el cáncer son señalados como padecimientos recurrentes.

Aunque no existe un diagnóstico que vincule directamente estas enfermedades con el relleno sanitario, la coincidencia en los relatos y la cercanía geográfica alimentan la preocupación.

Marina Cabaña Serrano, de 50 años y habitante de Guadalupe Tlatelpa, dijo que el vitíligo cada vez es más recurrente entre sus vecinos. Lamenta que se haya normalizado.

“El famoso vitíligo, se está dando bastante. Las infecciones gastrointestinales, respiratorias, todo eso ya todo lo sufren los niños hoy en día”.

Así como el primer avistamiento de las consecuencias fue en los perros, ahora también ocurre el desplazamiento.

Los canes salen del predio y deambula las calles de Santo Tomas y Tlatelpa, las aves sobrevuelan las casas y la fauna silvestre desplazada forman parte de un nuevo paisaje.

En algunos casos los animales llegan enfermos o heridos, provocan miedo, compasión y, al mismo tiempo, riesgos sanitarios.

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Para los habitantes, estas escenas son recordatorios constantes de que la contaminación no se queda dentro del relleno.

“Hay jaurías de perros que viven en el relleno sanitario. Esos animales llegan acá al pueblo y contaminan a la gente” mencionó don Claudio Navarro.

Más allá de los efectos físicos, existe un desgaste emocional, pues vivir con malos olores, con incertidumbre sobre la calidad del agua y con la sensación de abandono institucional genera enojo, cansancio y desconfianza.

La ciencia pone nombre a los riesgos

De acuerdo con Ligia Catalina Muñoz Arenas, profesora investigadora de la licenciatura en Ingeniería Ambiental y Desarrollo Sustentable en la UPAEP, los impactos de un sitio de disposición final no dependen solo del volumen de basura, sino del tiempo que permanece activa la operación, del crecimiento urbano que la rodea y del manejo que se les da a los residuos.

La académica advierte que el relleno fue proyectado para una ciudad más pequeña y con patrones de consumo distintos, sin embargo, hoy, la mancha urbana crece, se generan más residuos y se reciben desechos de otros municipios, lo que acelera el desgaste del sitio.

La presencia de fauna, particularmente perros y aves, también representa un riesgo desde el punto de vista sanitario.

La investigadora subraya que estos animales pueden convertirse en vectores de microorganismos.

Al alimentarse de residuos y desplazarse entre el relleno y las comunidades, transportan bacterias y agentes patógenos que pueden afectar tanto a otros animales como a las personas.

“Es una cadena de transmisión. Los microorganismos pueden pasar de los residuos a los animales y de ahí a la población”.

En cuanto a las enfermedades, la académica es clara al hacer distinciones importantes.

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Señala que existen padecimientos que sí están asociados a la cercanía con rellenos sanitarios, particularmente las enfermedades gastrointestinales. Sin embargo, aclara que atribuir directamente casos de cáncer al relleno requiere estudios específicos, análisis detallados y evidencia científica sólida.

“Afirmarlo sin estudios es arriesgado”, puntualiza, aunque reconoce que la exposición prolongada a contaminantes siempre representa un factor de riesgo.

Desde la mirada científica, Chiltepeque no es sólo un problema local ni reciente, es el resultado de una operación prolongada, de una planeación que no se actualizó al crecimiento urbano y de una gestión de residuos que, durante años, priorizó la acumulación sobre la prevención de riesgos.

Silencio cómplice

Durante tres semanas e-consulta buscó al Ayuntamiento de Puebla para conocer su opinión respecto a la cotidianidad de Santo Tomás, Guadalupe Tlatelpa y Chiltepeque en general.

Se planteó a diferentes funcionarios del área de Comunicación del gobierno de José Chedraui Budib sobre el impacto al ambiente, a las personas y a la vida en general.

No hubo respuesta, sólo silencio ante la problemática. Los días pasaron hasta la publicación de este texto y mientras tanto Chiltepeque recibió un promedio diario de mil 400 toneladas de residuos sólidos.

El relleno sanitario abrió en 1995, cuando el municipio otorgó la concesión para la disposición final de los residuos del municipio de Puebla a la empresa Grupo APYCSA, hoy conocida como Rellenos Sanitarios RESA, S.A. de C.V.

Desde entonces, el sitio ocupa cerca de 70 hectáreas de terrenos ejidales al sur de la capital poblana, en las inmediaciones del pueblo originario de Santo Tomás Chautla.

Cuando los perros encendieron la alerta

La situación de alarma inició hace dos años, cuando una extraña escena se empezó a repetir: perros enfermos, desnutridos y muriendo entre la basura.

Fue en 2023 cuando integrantes del colectivo Yo seré su voz, por los animales y el medio ambiente, junto con su representante Darinel Keller Ceballos, comenzaron a documentar lo que ocurría dentro del relleno, motivados inicialmente por la situación de estos animales que deambulaban sin control en el predio.

En los primeros recorridos se observó la presencia de cientos de perros con conducta semi-feral, que son animales que viven en libertad, alejados del contacto humano, alimentándose directamente de los residuos, bebiendo agua contaminada y organizándose en jaurías que entran y salen del relleno sin ningún tipo de restricción.

Algunos avanzaban con dificultad, cargando tumores abiertos que deformaban su rostro, con carne expuesta que sangra y supura.

Otros mostraban heridas extensas en la piel, zonas sin pelo, llagas abiertas e infecciones que consumían su cuerpo.

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La mayoría de ellos presentaban un evidente estado de desnutrición, las costillas se marcan bajo la piel y sus movimientos eran lentos.

Conforme avanzó la documentación, la preocupación dejó de centrarse únicamente en el bienestar animal, pues los perros se convirtieron en un indicador biológico de algo más profundo, un entorno contaminado que estaba impactando a todos los seres vivos que interactúan con el relleno.

A partir de ese momento, la asociación amplió su enfoque y empezaron levantamientos fotográficos y videográficos, recorridos coordinados con autoridades y sobrevuelos con drones para observar el comportamiento de los animales y el estado general del sitio.

Lo que encontraron fue la ausencia de estudios específicos sobre el impacto de la fauna en la manifestación de impacto ambiental, así como la falta de medidas para contener la salida de animales hacia zonas habitadas.

El problema dejó de ser un tema aislado de protección animal para convertirse en una cuestión de salud pública. (MCJ)

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