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¿Cómo nació el Huey Atlixcáyotl? Historia y legado cultural en Atlixco

El Huey Atlixcáyotl nació en 1965 como parte del proyecto “Atlixco: Ciudad Fiesta”, impulsado por Cayuqui para rescatar tradiciones

¿Cómo nació el Huey Atlixcáyotl? Historia y legado cultural en Atlixco

Foto: Adriana Romero

A 60 años de celebrarse la fiesta grande de Atlixco, la antropóloga Adriana Romero Tetziclatl recuerda cómo surgió esta tradición que hoy es un referente cultural a nivel nacional, al ser un símbolo de la identidad poblana.

Romero Tetziclatl, también integrante de la Asociación Civil Atlixcáyotl 1965 —encargada de organizar el Huehue, la fiesta vieja— relató que todo comenzó el 20 de diciembre de 1965, cuando se esperaba la visita de una caravana de norteamericanos. Con el objetivo de que permanecieran más días en Atlixco, se pidió a Raymond Stage Noe, hoy conocido como Cayuqui, que organizara un programa similar al presentado por una delegación de Oaxaca días antes.

“Y así se presentó el primer programa a las ocho de la noche en las escaleras anchas. Él aún no hacía a fondo sus investigaciones, aunque sí ya había visitado varias comunidades de la región. En esa ocasión se presentó Coyula con música astea; San Miguel Ayala con su banda de viento; San Juan Ocotepec; la colonia Guadalupe Victoria con los 12 pares de Francia; la danza de los Vaqueros de la Soledad Morelos, y el panadero de los Solares Chicos (…) Como era una fiesta familiar, del pueblo para el pueblo atlixquense, hubo dulces, piñata y más”, compartió.

La respuesta fue positiva. Alrededor de dos mil personas acudieron a las escaleras anchas. Ante ello, Cayuqui y los organizadores buscaron un espacio más amplio y cercano a la naturaleza. Encontraron una terraza natural en el cerro de San Miguel, donde se sabe existía un centro ceremonial prehispánico.

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Solicitaron el permiso al gobierno local, pero se les indicó que debían hablar con Pablo Maurer, quien sería el siguiente presidente municipal. Aunque Maurer pretendía destinar ese lugar para una nueva colonia, ante la insistencia de Cayuqui autorizó su uso hasta mayo de 1966.

En ese momento no se llamaba Huey Atlixcáyotl, sino Atlixcayotontli, ya que solo participaban cuatro regiones etnográficas. Con premura, Cayuqui y su equipo organizaron todo y en abril de 1966 la fiesta se celebró por primera vez en lo que entonces se conocía como Neototiloyan, hoy Plazuela de la Danza.

El entonces edil vio en esta actividad una oportunidad para devolver alegría a la población tras el cierre de fábricas que afectaba la economía local. Por ello permitió que se repitiera el último domingo de septiembre de ese mismo año. Con el tiempo, Cayuqui amplió su investigación a todo el estado de Puebla y distribuyó las danzas en 11 regiones etnográficas, hoy convertidas en 13.

Atlixco: Ciudad Fiesta

En sus investigaciones, Cayuqui diseñó un proyecto más ambicioso al que llamó “Atlixco: Ciudad Fiesta”, conformado por cuatro festividades:

  • El de los bebés, Mijtolti Ilhuitl Konemej.
  • El de los jóvenes, Tepoch Ilhuitl, que no se ha retomado.
  • La fiesta chica, Atlixcayotontli.
  • El Huehue Atlixcáyotl o fiesta vieja, coincidente con el equinoccio.

Además, proponía una escuela de música para rescatar sones y piezas originales, junto con la preservación de trajes típicos, a lo que llamaba museografía de la danza. Su idea era realizar 20 días de fiesta continua, por lo que planteó que el Atlixcayotontli se efectuara el primer domingo de septiembre y el Huey, el último.

Así surgió el primer Huei Atlixcáyotl —escrito originalmente con “i latina”—, donde se presentaron danzas como la boda axocopeña, la de Magdalena Yancuitlalpan y la de San Juan Tianguismanalco, que llevaban cuatro décadas sin ejecutarse en sus comunidades. Fue entonces cuando las poblaciones empezaron a recuperar el deseo de participar, logrando lo que el musicólogo Samuel Martín describió como: “Un canto a la naturaleza generosa, un poema de luz y una ofrenda a la abundancia y el amor fecundo”.

Este fragmento quedó plasmado en la placa conmemorativa por los 50 años del Atlixcáyotl en las escaleras anchas de Atlixco.

“Surge el último domingo de septiembre para hacerlo coincidir con las festividades del cerro de San Miguel, que es uno de los pastores de Atlixco. Además, en la colonia Ricardo Treviño se realizaban en secreto ofrendas y ceremonias al dios del viento, Ehécatl. Entonces Cayuqui pensó en aprovechar esa coincidencia”, comentó Adriana Romero.

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La importancia de la fiesta desde la antropología

“Fíjate que para que cumpla 60 años es porque algo tiene. En la economía, una empresa no dura más de 50 años. Significa que de alguna manera la comunidad está convencida de que debe existir. En el trabajo de campo que he hecho para el Huehue, nos hemos encontrado con comunidades que quieren venir a bailar y añoran ser invitadas”, detalló Adriana Romero Tetziclatl.

Parte de la idea original, añadió, se reflejó este año en el Atlixcayotontli: “Retomaron la preparación de comida para los danzantes, trajeron a la comunidad de San Juan Ocotepec a preparar mole, cosa que no se hacía desde hace años. Intentaron que todos entendiéramos el náhuatl, el convite fue nutrido y supieron organizar los tres puntos: los danzantes, la autoridad y la iniciativa privada”.

Recuperar la ciudadanización de la fiesta

Para que el Huey Atlixcáyotl recupere su originalidad como medio de rescate de danzas y música, debe retomarse el decreto promovido por Héctor Azar Barbar en 2001, cuando la festividad fue declarada Patrimonio Cultural del Estado de Puebla y se creó un patronato ciudadano encargado de su organización.

No obstante, Romero Tetziclatl señaló que actualmente este esquema no funciona y la presencia ciudadana en la toma de decisiones se ha debilitado y criticó la falta de trabajo de campo en el festival.

No hay presencia de nuevos grupos, se repiten los mismos. Parece que solo levantan el teléfono para confirmar. En contraste, una de las máxi​mas de Cayuqui era que un grupo debía esperar cuatro años para volver a presentarse en la Plazuela de la Danza, y hoy hay comunidades que llevan diez años esperando ser invitadas”. (APP)

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