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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

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¿Comida o dependencia?, el azúcar bajo la lupa científica

Dulzura excesiva impacta cuerpo y mente; se requiere respuesta colectiva ante su abuso.

¿Comida o dependencia?, el azúcar bajo la lupa científica

¿Comida o dependencia?, el azúcar bajo la lupa científica

Foto: Composición e-consulta

El azúcar se ha convertido en un ingrediente omnipresente en la dieta moderna. Más del 60% de los alimentos procesados y bebidas disponibles en los supermercados de Estados Unidos contienen azúcar añadido, incluso aquellos considerados saludables, como sopas, ensaladas y barras de granola. Esta presencia generalizada ha llevado a que el estadounidense promedio consuma alrededor de 17 cucharaditas de azúcar añadido al día, una cantidad que supera ampliamente las recomendaciones de organismos de salud.

Una sola lata de refresco puede contener 10 gramos de azúcar, y una porción de sopa de tomate enlatada puede aportar entre 7 y 8 cucharaditas. Este consumo excesivo no es un fenómeno aislado, sino una tendencia global relacionada con el aumento de enfermedades metabólicas, cardiovasculares y trastornos de salud mental.

La relación entre el azúcar y el cerebro ha sido objeto de diversos estudios. Investigaciones recientes han demostrado que el consumo crónico y elevado de azúcar puede modificar las vías neuronales del sistema de recompensa cerebral, de forma similar a lo que ocurre en las adicciones a sustancias. Nicole Avena, experta en adicción alimentaria del Hospital Mount Sinai Morningside en Nueva York, sostiene que estos cambios podrían explicar por qué algunas personas desarrollan una necesidad compulsiva de consumir productos azucarados.

El placer inmediato que genera el azúcar parece ser el verdadero problema. No es tanto la sustancia como la sensación de alivio y gratificación que provoca lo que lleva a repetir su consumo. Esta respuesta cerebral, en combinación con estados emocionales como la ansiedad o la tristeza, crea un círculo vicioso difícil de romper. A largo plazo, la exposición constante al azúcar puede incrementar la vulnerabilidad a la depresión, lo que refuerza aún más la dependencia.

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Desde el punto de vista clínico, se considera que un consumo superior a seis cucharaditas de azúcar al día en mujeres y nueve en hombres puede derivar en daños a la salud. Entre los efectos más comunes se encuentran caries, fatiga, obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades del corazón.

Romper con esta dependencia no es fácil. Las estrategias más eficaces incluyen intervenciones como la terapia cognitivo-conductual, que ayuda a modificar hábitos compulsivos. Sin embargo, pocos lo logran sin apoyo externo. Algunos especialistas comparan la situación con la crisis del tabaco en décadas pasadas, lo que ha llevado a considerar políticas públicas como los impuestos al azúcar.

En México, por ejemplo, se implementó un gravamen a los refrescos azucarados. No obstante, muchos consumidores sustituyeron estos productos por jugos industrializados, igual de calóricos, pero exentos del impuesto. Por ello, expertos en salud pública sugieren ampliar el alcance de estas medidas fiscales y aplicarlas a todo producto con alto contenido de azúcar.

Para reducir el consumo de azúcar de forma efectiva, se requiere una combinación de educación, acceso a opciones saludables y regulación del mercado. El desafío no solo es individual, sino estructural. (BH)

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