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Cada 12 de marzo, durante el cumpleaños de Don Goyo, se realizan rituales para pedir protección y buenas cosechas
Foto: Samadhi Ortíz
El volcán Popocatépetl no solo es un coloso de fuego y cenizas, sino también un guardián venerado por las comunidades a su alrededor. Como cada 12 de marzo, pobladores de Santiago Xalitzintla, perteneciente al municipio de San Nicolas de los Ranchos, y visitantes de diversas regiones subieron a rendirle tributo con rituales ancestrales, agradeciendo su protección y pidiendo un ciclo agrícola próspero.
Esta celebración nace de una leyenda local sobre Gregorio Chino Popocatépetl, un hombre que, según los pobladores, podía predecir las erupciones del volcán. Su llegada un 12 de marzo, hace generaciones, marcó el inicio de esta tradición, que coincide con el día de San Gregorio Magno. Desde entonces, los habitantes llevan flores, comida y plegarias, con la certeza de que su espíritu sigue protegiéndolos.
Este 2025, la reciente actividad del volcán impidió el acceso a Paso de Cortés, por lo que los rituales se realizaron en un punto seguro de Santiago Xalitzintla. Sin embargo, el fervor de la comunidad permaneció intacto. Hombres y mujeres caminaron con sus ofrendas en las manos, listos para conectar con su montaña sagrada.
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El rito comenzó con la llegada del tiempero Antonio Analco, guardián del conocimiento sobre la lluvia y la agricultura. En un círculo de flores, ropa, bebidas y veladoras, encabezó una ceremonia de gratitud para armonizar con la naturaleza.
“El significado es volver a sentir el abrazo fraternal del Popocatépetl y de Iztaccíhuatl, es volver a nacer, poder caminar, mi cuerpo y mi alma para que en estos lugares me vuelva a sentir vivo. Mientras haya corazón, la tradición no se debe perder”, expresó uno de los participantes.

La celebración incluyó la Danza de los Listones, con danzantes ataviados en trajes brillantes, acompañados por tambores y flautas prehispánicas.
Las plegarias no solo pidieron abundancia, sino también equilibrio en los ciclos naturales, pues de la montaña dependen las lluvias, el viento y la fertilidad de la tierra.
“Estas tradiciones han sido tocadas por estas esencias divinas que veneramos. Estamos llegando a primavera, se empieza a sentir más fuerte el sol y eso hace que se aumente la temperatura. El motivo de venir es agradecer a estas grandes montañas y volcanes, porque de ellos depende que se mueva el agua y el viento, y que la tierra sea fértil para los alimentos.”

La historia del volcán está profundamente ligada a la leyenda del amor eterno entre Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
Se dice que Popocatépetl, un valiente guerrero, pidió la mano de la princesa Iztaccíhuatl antes de partir a la guerra. Sin embargo, un rival mintió sobre su muerte, causando que la princesa muriera de tristeza. Al regresar y descubrir la verdad, el guerrero la llevó hasta una montaña, donde la veló con una antorcha encendida.
Conmovidos, los dioses los transformaron en montañas, destinadas a estar juntas por la eternidad: Iztaccíhuatl dormida y Popocatépetl vigilante, con su antorcha humeante.

Científicamente, el Popocatépetl es uno de los volcanes más imponentes de México, con aproximadamente 730 mil años de existencia. Con sus 5 mil 400 metros sobre el nivel del mar, su silueta domina el paisaje entre Puebla, Morelos y el Estado de México.
A pesar de su fuerza y actividad, para las comunidades cercanas no es una amenaza, sino un símbolo de vida y protección.
Con los últimos rezos disolviéndose en el aire, los asistentes regresaron a sus hogares con el corazón lleno de fe. Mientras tanto, Don Goyo seguía ahí, imponente, envuelto en fuego y leyenda, como un eterno guardián de su gente. (APP)