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El proyecto nació en Huaquechula y busca reducir la contaminación generada por el relleno sanitario regional
Foto: Angelina Bueno
En el municipio de Huaquechula surgió el proyecto Terravida, una iniciativa de generación de lombricomposta que busca transformar los desechos orgánicos en fertilizante natural. El objetivo es reducir la contaminación del suelo y el aire causada por el relleno sanitario intermunicipal de Atlixco.
La propuesta independiente se inició hace cinco años por Salvador Schiavon, quien en un principio lo veía como un pasatiempo para producir composta. Sin embargo, hace dos años, junto con su familia, decidió convertirlo en una alternativa sustentable, debido a que el 50 por ciento de los desechos que llegan al relleno sanitario de Atlixco son orgánicos y podrían ser aprovechados.
“Creemos erróneamente que los desechos que debemos quitar de la basura son los plásticos, cartones, cristal y todo lo llamado reciclable, cuando en realidad lo que más contamina son los desechos orgánicos que se convierte en gases como metano, dióxido de carbono, óxidos nitrosos y compuestos orgánicos sin metano o líquidos lixiviados. Unos se van al aire y otros al subsuelo”, detalló Salvador.
Asimismo, indicó que, en caso de lograr una separación adecuada de los residuos orgánicos, la capacidad del relleno sanitario se administraría mejor y tendría una vida útil más prolongada.
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Terravida recibe residuos orgánicos de podas y desechos domiciliarios de fraccionamientos como El Cristo, en Atlixco, los cuales son donados a la familia Schiavon.
El primer paso es la separación de los residuos en una cernidora de gran tamaño para extraer ramas, plásticos y semillas. Posteriormente, la tierra resultante se traslada a la parte alta del terreno para formar montículos donde se depositan las lombrices, los cuales se cubren con más tierra y recortes de pasto en lugar de plástico, con el fin de mantener la humedad y bloquear la luz solar, ya que las lombrices no toleran la exposición directa al sol.
Cada semana, los montículos se enriquecen con materia orgánica vegetal (desechos domiciliarios) o materia orgánica animal (heces de ganado). Aunque en algunos métodos de lombricomposta se mezclan ambos tipos de materia, en Terravida se procesan por separado para evaluar mejor el impacto en el crecimiento de las lombrices.
El proceso dura aproximadamente siete meses, tiempo en el que una tonelada de residuos se transforma en 100 kilogramos de composta. Cuando las lombrices migran a un nuevo montículo, dejan seco el anterior, permitiendo así un ciclo continuo de producción.
Una vez que la lombricomposta está lista, pasa por una cernidora más pequeña que la refina hasta obtener un producto con aroma a bosque, rico en minerales y nutrientes esenciales para el cultivo de plantas ornamentales o de consumo humano.
El material restante se convierte en tierra de hoja, que se destina a viveros de la región y evita la extracción de este recurso de las zonas boscosas cercanas al volcán Popocatépetl.
“Pero además utilizamos todo, porque los troncos que no se usan para la composta se convierten en carbón que al ser triturado se aplica en las siembras y provee más minerales y sustratos orgánicos. La composta también se puede volver líquida, lo que facilita su aplicación. De cada 500 kilogramos de composta obtenemos mil litros para ser usado en los sistemas de riego”, compartió Salvador Schiavon.
El proceso también genera carbono, un subproducto que conserva nutrientes esenciales para la siembra. Como parte del proyecto, Terravida ha creado un huerto en sitio, donde el año pasado cosecharon papas, y este año experimentarán con otro cultivo. Además, planean impartir talleres sobre huertos urbanos.
Actualmente, Terravida opera únicamente con donaciones de particulares, ya que no recibe financiamiento de programas gubernamentales. Sin embargo, la meta es lograr que todos los residuos orgánicos que hoy terminan en el relleno sanitario intermunicipal sean tratados y reutilizados de manera sostenible.
La composta ya está a la venta al menudeo para cubrir los costos operativos, y sus principales compradores son agricultores de la comunidad El Paraíso, en Huaquechula, donde el proyecto ha comenzado a generar impacto en la producción agrícola local. (APP)