El doctor Roberto Fernández es un cardiólogo que realiza cirugías en la clínica de especialidades del Seguro Social de Torreón, Coahuila, y en un hospital privado en la misma ciudad. El 12 de enero recibió la primera dosis de la vacuna de Pfizer contra Covid-19 y fue informado que alrededor del 2 de febrero recibiría el refuerzo. Pero la segunda inyección llegó hasta el 26 de febrero, fuera del plazo máximo recomendado.

Aunque no estaba en la llamada “primera línea” contra el Covid-19, Fernández fue incluido en la lista de personas a vacunar en Coahuila cuando la inmunización se abrió a personal médico y de enfermería de otras áreas en los hospitales que atienden Covid-19, dos semanas después de que llegaron las primeras vacunas a Coahuila.

El cálculo del gobierno federal, comunicado a la administración coahuilense para que apoyara en la logística, era que a finales de enero o principios de febrero habría suficientes dosis de Pfizer para completar la vacunación de más de 26 mil trabajadores sanitarios y entonces empezar la aplicación en la población general, iniciando con los adultos mayores.

No cumplen protocolo Pfizer

Pero el gobierno federal no pudo cumplir en Coahuila esa primera etapa de la campaña de vacunación. De los 26 mil 325 trabajadores sanitarios que debieron completar hace semanas el esquema de dos dosis, 12 mil 475 no recibieron el refuerzo a los 21 días, como recomienda el protocolo de Pfizer; y casi la mitad de esos que rebasaron las tres semanas recomendadas duplicaron ese lapso sin recibir la segunda inyección.

Porque en la última semana de febrero alrededor de 5 mil personas que recibieron una primera dosis todavía tenían pendiente la segunda, a unos días de que terminara el intervalo de 42 días, el máximo recomendado entre dosis de la vacuna de Pfizer. El doctor Fernández fue uno de ellos: sus 42 días sin refuerzo se cumplieron el 23 de febrero y recibió la inyección hasta el viernes 26. Mientras tanto, como decenas de colegas, sigue realizando cirugías en pacientes que no se han hecho pruebas de coronavirus.

En unas cuantas semanas, la ventaja que el calendario de la Secretaría de Salud federal le dio Coahuila para adelantar la inmunización de sus habitantes, al empezar antes que cualquier otro estado con sus trabajadores de la salud, se evaporó en los problemas para obtener y distribuir las vacunas y la irrupción de personas ajenas al sector salud en este proceso.

Estado idóneo para probar logística

Para empezar la vacunación y ensayar la logística, Coahuila parecía un estado idóneo: una entidad con su población mayormente distribuida en varias ciudades, con buena infraestructura de transporte y amplia cobertura de hospitales. No parecía representar mayores dificultades. La entidad norteña pudo haber empezado la vacunación de adultos mayores al terminar la de sus trabajadores de la salud, pero cuando llegaron unas primeras vacunas para la población general (de AstraZeneca, el 15 de febrero), todavía faltaban de refuerzo muchos médicas y médicos, enfermeros, laboratoristas, camilleros y otros trabajadores de hospitales. Casi la quinta parte del personal sanitario. En cambio, decenas de “servidores de la nación” que fueron incluidos entre los receptores de las primeras vacunas recibieron el esquema completo.

El personal sanitario del estado debió recibir las dos dosis para el 15 de febrero. A final del mes, el proceso todavía no terminaba.

Esta reconstrucción de los problemas de planeación y ejecución que tuvo el gobierno federal está basada en conversaciones con funcionarios públicos a nivel estatal y federal, así como trabajadores de la salud que fueron los primeros en recibir las dosis en Coahuila. Es una historia de anuncios –algunos optimistas, otros pesimistas, varias veces contradictorios– que rara vez cumplieron las expectativas. Es un retrato a nivel estatal de las inconsistencias de una campaña nacional de vacunación que no termina de arrancar.

Buena noticia: estado elegido

El 8 de diciembre, en Coahuila sorprendió el anuncio de que el estado fue elegido como primer terreno fuera de la Ciudad de México para probar la logística de distribución de vacunas contra Covid-19 e iniciar la aplicación en trabajadores de la salud.

Desde semanas atrás, prácticamente todos los gobernadores del país estaban cabildeando ante el gobierno federal que empezaran por sus estados, y la noticia llamó más la atención al ser el gobernador coahuilense, Miguel Ángel Riquelme, uno de los fundadores de la Alianza Federalista que desde hace 10 meses se enfrentó al gobierno federal por el manejo de la pandemia y los recortes al presupuesto.

La razón no tenía que ver con temas políticos, sino que era el dividendo inesperado de otro asunto: la estrategia para combatir la inseguridad adoptada desde el anterior gobierno estatal y reforzada por el actual, de apoyar al Ejército en la construcción de cuarteles por todo el estado.

De manera que cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador delegó en el Ejército la logística de distribución, los mandos militares vieron que Coahuila tenía unidades militares ancladas en las principales ciudades y con buenas conexiones carreteras. Había “factibilidad en la logística”, explicó el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell.

La Sedena dio las instrucciones

En Coahuila, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) distribuyó un documento entre funcionarios de salud detallando las instalaciones militares en las cuatro ciudades más grandes (Saltillo, Torreón, Monclova y Piedras Negras) donde se iban a aplicar las vacunas y los equipos de médicos y enfermeras a cargo de hacerlo.

Se instruyó a cada hospital del estado que atienden a pacientes de Covid-19 entregar una lista de sus trabajadores de primera línea (médicos, camilleros y personal de enfermería e intendencia) y organizarlos en bloques de 20 personas para ser transportados de sus hospitales a la instalación militar de su zona. El gobierno del estado se encargó de apoyar con materiales necesarios para instalar los módulos de vacunación y, a través de la Universidad Autónoma de Coahuila, aportó los equipos de ultra-refrigeración para almacenar las dosis. Los municipios, por su parte, organizaron el transporte de los hospitales a cada instalación militar.

El 18 de diciembre el Ejército hizo un simulacro del traslado de las vacunas desde el aeropuerto de Monterrey, a donde llegaría el embarque, al cuartel de 69 Batallón de Infantería en Saltillo, del que se distribuirían a las demás ciudades. Un convoy de 7 vehículos (dos ambulancias, dos patrullas del Ejército, otras dos de la Guardia Nacional y la camioneta de DHL donde iban los frascos) hizo en tres horas el recorrido de poco más de 100 kilómetros que todos los días unos 50 mil automóviles y camiones hacen en la mitad de tiempo.

Todo estaba listo. Solo faltaban las vacunas.

Según el plan de la Sedena, el 21 de diciembre llegarían 17 mil dosis, pero en otras oficinas del gobierno federal tenían otros datos. En la Secretaría de Salud, López Gatell dio el 22 de diciembre como la fecha de inicio de la vacunación con 125 mil dosis.

En la Secretaría de Relaciones Exteriores ni siquiera había fecha pues para esos días apenas esperaban que saliera el embarque. El 20 de diciembre por la tarde, la subsecretaria Martha Delgado subió a Twitter una foto del Canciller Marcelo Ebrard en su oficina afinando “los últimos detalles” del envío e importación.

Es decir, el día que el Ejército esperaba que las dosis estuvieran por llegar a Monterrey, la Cancillería sabía que ni siquiera despegaban de Bélgica.

Ese mismo día 20 por la noche, la Sedena envió un aviso a los reporteros de Monterrey y Saltillo que había invitado a cubrir la llegada de las vacunas: el evento se cancelaba hasta nuevo aviso.

Fue hasta el 23 de diciembre que la Cancillería anunció la llegada del primer embarque, pero Coahuila tendría que esperar. Eran sólo 3 mil dosis, que se aplicaron en la Ciudad de México a partir del día siguiente. Ebrard dijo que el siguiente paquete de vacunas llegaría el 29 de diciembre.

Esa fecha tampoco se cumplió, pero en este caso de manera afortunada porque resultó que el 26 de diciembre llegaron dos aviones con los lotes, uno a la Ciudad de México y otro a Monterrey para ser enviado por tierra a Coahuila. Pero a estas alturas el plan original de la Sedena ya estaba hecho trizas: la llegada prevista de 17 mil dosis el 21 de diciembre para iniciar ese mismo día quedó en 8 mil 775 dosis para iniciar el 28 de diciembre, dos días después de su arribo, sin ninguna explicación por la demora.

En la mañana del Día de los Inocentes, Érika Escobedo, enfermera del Hospital General de Saltillo, fue la primera persona de Coahuila en recibir la vacuna.

Tres cambios

Los primeros en recibir la vacuna fueron personas que trabajan en atención directa a pacientes de Covid-19 en los hospitales del IMSS, ISSSTE, Sedena y el sistema estatal de salud de la llamada Red IRAG (Infección Respiratoria Aguda Grave). Para esta “primera línea” fueron las casi 8 mil 775 dosis que se aplicaron del 28 de diciembre al 6 de enero.

En un principio el flujo de vacunas fue continuo, pues el 5 de enero, antes de que se acabara la primera remesa, llegó una segunda, de nuevo con 8 mil 775 dosis para terminar la primera dosis a los trabajadores de primera línea.

Para el 13 de enero, 17,550 personas que trabajan directamente en “áreas Covid” ya habían recibido la primera inyección. Un día antes había llegado un nuevo embarque, de 4 mil 875 dosis y aunque era más pequeño, la Secretaría de Salud decidió usarlo para ampliar la vacunación a personas de otras áreas: cirugía, ginecología, consulta, hospitalización, laboratorios, que atienden de manera cotidiana a personas que podrían estar contagiadas sin saberlo.

Fue entonces que la aplicación de vacunas cambió en tres aspectos: El primero, dejó de hacerse en los cuarteles militares, para distribuirse directamente en 22 hospitales, de los sistemas federal y estatal, con atención de Covid-19. Ahí se vio un segundo cambio, pues los binomios de un médico y una enfermera para poner la inyección en cada hospital empezaron a ser acompañados por cuatro “servidores de la nación” que aparte recibieron su dosis pese a no ser trabajadores de la salud.

El tercer cambio fue motivado por la percepción de que el flujo de vacunas parecía constante: la aplicación se abrió a hospitales privados que atienden Covid-19 y a trabajadores de hospitales públicos fuera de la red IRAG. Al Hospital General de Torreón, por ejemplo, se pidió que vacunaran a trabajadores de centros de salud en municipios aledaños y a técnicos de laboratorios privados que realizan pruebas de coronavirus.

La extensión a médicos de hospitales fuera de la red IRAG había sido contemplada desde un principio y solo estaba sujeta a que se asegurara un flujo de vacunas. Lo que no había sido considerado era la vacunación de los “servidores de la nación”, que entraron en la lista por encima de trabajadores de la salud.

En los hospitales no tuvieron más remedio que acatar la orden de la Secretaría de Bienestar: no solo de tener a personal ajeno en el centro de vacunación, sino de aplicarles una dosis, lo que violentó el orden que había sido establecido desde diciembre. Al menos 4 servidores se hicieron presente en cada uno de los 22 hospitales donde se aplicó la vacuna, lo que significa más de 80 trabajadores de la salud relegados.

Pero la expansión de los vacunados coincidió con un freno en la llegada de dosis, debido a los recortes de producción en la planta de Pfizer en Bélgica, por lo que se ralentizó todo el proceso. La remesa de vacunas que llegó el 12 de enero se acabó el día 15 y pasaron cuatro días antes de que llegara un nuevo paquete. Para el día 19 se esperaban 14 mil dosis para empezar a aplicar los refuerzos, pero sólo llegaron 3 mil 900. Ese día, personas que habían recibido la primera inyección recibieron el aviso de que la segunda se posponía “hasta nuevo aviso”.

Afortunadamente se volvieron a equivocar, pues al día siguiente llegó otro embarque con 13,650 dosis, para aplicar los refuerzos. Sin embargo, fueron las últimas que llegarían en un mes y alcanzaban sólo para poco más de la mitad de las 26 mil 325 personas que ya tenían la primera dosis. Para el 12 de febrero ya se habían agotado y faltaban 12 mil 675 personas en recibir su refuerzo. Cinco días después llegó otro lote con 6,825 dosis para refuerzos pero tampoco era suficiente. Más de 5 mil personas faltaban por completar las dos dosis.

“Nos fuimos con la finta de lo que calculó Salud federal”, me dijo el director de un hospital de Torreón.

La llegada de los Servidores de la Nación

Un funcionario del gobierno estatal señaló que la llegada de los “servidores de la nación” fue en detrimento de la aplicación de las segundas dosis, pues llegaron por las fechas en que tenían que empezar los refuerzos, pero al destinarse a estas brigadas restaron vacunas al personal de salud.

“La explicación era que (los servidores) están para verificar que nadie se brincara en la fila, pero eso lo pueden hacer los médicos que aplican las inyecciones o incluso los elementos de la Guardia Nacional que resguardan los embarques. Salían sobrando”, comentó. Aunque fueran menos de 100 personas, de todas formas representaban menos médicos o enfermeras con esquema completo.

Ante la escasa cantidad de vacunas, a fines de enero, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que permitiría a los gobiernos estatales comprarlas por su cuenta, algo que originalmente dijo que no se iba a permitir. Riquelme, por su parte, dijo que su gobierno negociaba un contrato con una farmacéutica no revelada para adquirir 2 millones de dosis. Aunque no hay certeza cuándo estarían disponibles, un funcionario estatal señaló que “no puede ser peor que el ritmo que el gobierno federal trae ahora”.

También a fines de enero, cuando fue claro que la aplicación de refuerzos iba a retrasarse porque Pfizer ya no estaba enviando más vacunas, la Secretaría de Salud aprobó ampliar el periodo entre las dosis de 21 a 42 días sin que pierdan eficacia. En realidad formalizaban una recomendación que autoridades sanitarias de Estados Unidos y Gran Bretaña estudiaban desde diciembre, pero con una diferencia clave: en esos países se recomendó demorar el refuerzo para aprovechar mejor las vacunas existentes y poner a más personas una primera inyección. En México se ampliaba el periodo porque las vacunas ya se habían acabado y no estaba claro cuándo llegarían más.

El anuncio de López Gatell no mitigó la ansiedad de médicos y personal de enfermería, pues ni siquiera había certeza en la llegada de las vacunas.

El 17 de febrero, 37 días después su primera dosis, un doctor de Torreón envió un mensaje a la persona encargada de la vacunación en su hospital: “¿No sabemos nada aún de la segunda dosis?”.

La respuesta fue: “Se supone que llegaron ayer. Yo le informo”.

Efectivamente, entre 16 y 17 de febrero llegó una remesa pero no era suficiente para todos. Una semana después, este doctor todavía estaba pendiente de recibir fecha.

El 23 de febrero llegó otro lote con 13 mil 650 dosis de Pfizer, para dividirse entre trabajadores de la salud que tenía pendiente completar el esquema y la campaña de vacunación en adultos mayores. Esas vacunas se empezaron a distribuir apenas el 25 de febrero, dos meses después de que llegaron las primeras vacunas al estado. El plan de autoridades de salud locales, si el gobierno federal no dispone otra cosa, es completar por fin la vacunación de personal sanitario en las próximas semanas.

Visión del centro

Aunque lento, por lo menos en Coahuila se estaban aplicando vacunas a principios de año. En el vecino estado de Durango los trabajadores de la salud solo podían preguntarse cuándo les tocaría a ellos.

El caso más notable fue en la zona metropolitana de La Laguna, pues cuando la vacunación empezó en Torreón, directivos de hospitales de Gómez Palacio y Lerdo tuvieron brevemente la esperanza de que les podrían tocar algunas dosis. A final de cuentas los tres municipios forman una mancha urbana donde sus habitantes se mueven sin reparar en fronteras que solo aparecen en los mapas.

Pero la Secretaría de Salud se ha negado desde el inicio de la pandemia a tratar a la zona metropolitana de La Laguna como una unidad, llegando al absurdo de poner a Gómez Palacio en el semáforo amarillo del estado de Durango y a Torreón en el color naranja de Coahuila a pesar de que son ciudades pegadas.

Los médicos de La Laguna de Durango tuvieron que esperar dos semanas, hasta el 13 de enero, para empezar a recibir las vacunas e incluso la llegada de los lotes dio otra pista de la forma en que la Ciudad de México ve el resto del país. Las vacunas para Gómez Palacio y Lerdo llegaron al aeropuerto de la ciudad de Durango y luego fueron enviadas por carretera en un viaje de dos horas y media, en lugar de llegar al aeropuerto de Torreón, a 10 minutos de distancia.

A mediados de febrero 6 mil 875 personas habían sido vacunadas en Durango, solamente el personal médico y de enfermería “de primera línea”, pero también por lo menos 56 “servidores de la nación” que forman parte de las brigadas en 14 hospitales. A diferencia de Coahuila, Durango no recibió vacunas suficientes para ampliar a más personas y las dosis que llegaron el 16 de febrero se usaron para completar los esquemas iniciados el mes anterior porque el plazo entre dosis ya se acercaba a los 40 días.

La ventaja de Coahuila era valiosa. El calendario original del gobierno federal contemplaba terminar la vacunación del personal sanitario a mediados de febrero para iniciar con la población general. Pero al empezar la aplicación de la fórmula de AstraZeneca en adultos mayores, en Coahuila todavía estaban pendientes más de 5 mil trabajadores de la salud que recibieron la primera dosis de Pfizer, aun cuando el estado fue el primero fuera de la Ciudad de México en recibirla.

Mientras tanto, la vacunación de adultos mayores ha empezado a cuentagotas. El 15 de febrero más de 20 mil 800 dosis de AstraZeneca pero en la primera semana sólo se habían inyectado 8 mil 500.

La breve historia de la vacunación contra Covid-19 en Coahuila ha sido una de altas expectativas fijadas desde el gobierno federal que no ha cumplido. La Secretaría de Salud planeó completar en seis semanas los esquemas de poco más de 26 mil trabajadores de la salud y ese objetivo está en suspenso.

Dos meses después de la llegada de la primera vacuna a Coahuila, el gobierno federal no había podido terminar de poner 52 mil vacunas al personal de salud (dos por persona), pero ya estaba empezando la vacunación de 350 mil adultos mayores, que planeaba completar también en un par de meses. A saber si ocurrirá y cómo.

: Esta información fue publicada originalmente por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad en https://contralacorrupcion.mx/coahuila-los-tropiezos-de-la-federacion-con-las-vacunas/