En un mundo dominado por las noticias engañosas y tendenciosas, lo mejor es verificar la información que recibimos y mantener cierta distancia emocional para mantener el buen juicio.

Suena el teléfono celular. El grupo de la familia. Un texto en mayúsculas, un video y una decena de adjetivos alarmistas encerrados entre signos de admiración. No terminas de leer cuando llegan las réplicas de los demás miembros. A todas y todos nos ha ocurrido, pero, ¿cuántas personas se detienen a reflexionar sobre lo que acaban de recibir/enviar?

Si te has visto atrapado por la presión social de compartir cuanto te llega por mensajería digital, no es del todo tu culpa. Como explica el Lic. Cuauhtémoc Cruz Isidoro, académico en el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría, SJ (IDHIE) de la IBERO Puebla, vivimos en tiempos de sobreinformación que nos dejan cantidades exorbitantes de datos sobre el COVID-19 y todo lo que le rodea.

Cruz Isidoro identifica dos niveles de contenido: por un lado, información de medios confiables que pueden generar datos que aportan al panorama general de la situación; por el otro, canales de información falsa o no verificada generada, principalmente, en medios digitales.

 Cuando estamos ante un contenido noticioso que nos llama la atención, “es importante hacer una pausa para confirmar nosotros mismos si la información es veraz, ya sea en internet o esperar a los medios tradicionales”. Para ello, recomienda buscar dos o más fuentes que estén hablando del mismo tema con abordaje similar, o bien, usar herramientas como Verificovid para cerciorarse de que la información es actual y precisa.

Recepción crítica de medios

Identificar medios confiables es una tarea subjetiva. Si bien esta confiabilidad puede estar sujeta a la línea editorial, lo correcto es identificarlos como aquellos portales, organizaciones, periodistas o líderes de opinión cuya trayectoria avala su rigor periodístico. Por el contrario, los sitios engañosos suelen distinguirse por ser de reciente creación y carecer de formación ético-profesional.

Consumir contenido noticioso de forma crítica y responsable, indica Cuauhtémoc Cruz, implica poner límites. “Una manera de hacerlo es tener horarios: si usualmente escuchamos o vemos un noticiero, se puede mantener este hábito y dedicar el resto del día a otras actividades”. La salud mental es importante, y una forma de procurarla es informándonos de manera adecuada y con moderación.

Para informarse correctamente sin incurrir en noticias falsas o fomentar el estrés propio y ajeno, se recomienda:

Consumir medios serios o cuyo rigor periodístico esté avalado, ya sea tradicionales (radio, prensa, televisión) o digitales, así como atender las indicaciones directamente de las fuentes gubernamentales.

Si recibes información engañosa, someterla a un análisis crítico (ortografía y gramática, recursos audiovisuales) y comprobar si hay más medios hablando al respecto.

No compartir información sin antes haberla verificado, considerando el día y la hora de su publicación.

Limitar el consumo de medios: mantenerse informado, pero no demasiado.

Tus datos importan

Ahora que todas y todos hemos encontrado refugio en el mundo digital para continuar con nuestra vida profesional y social, es fundamental reconocer la información que compartimos sobre nosotros mismos. “El uso del internet nos sobreexpone en el uso de datos personales para acceder a plataformas para videollamadas o descarga de aplicaciones de salud u ocio”.

En tiempos recientes, las páginas de salud han puesto a disposición algunas plataformas de autodiagnóstico de enfermedades. Esto implica llenar formularios con información que puede resultar sensible y que, en muchos casos, no sabemos en dónde terminará o quién la usará.

Por ello, para salvaguardar la información personal y hacer uso adecuado de los portales de internet, se recomienda considerar las siguientes medidas de precaución:

Al navegar en internet, verificar que la dirección web comienza con https://pues se trata de un protocolo de transferencia segura de hipertexto.

Nunca compartir información sensible sobre ti o alguien más: dirección, teléfono, tipo de sangre, enfermedades crónicas, alergias…

Al hacer videollamadas o compartir contenido en redes sociales, asegurarse de que la información visual no revela datos de identidad o ubicación.

Verificar que los sitios de salud están avalados por instituciones serias.

Descargar programas o aplicaciones directamente de los sitios oficiales.