Armando Pliego Ishikawa, jefe de departamento de Cultura Vial y Promoción de la Movilidad Urbana Sustentable, creció al lado de sus dos hermanas, varias mascotas, y bajo la protección de una madre divorciada, profesora de secundaria de inglés, que fue capaz de proporcionarle una educación privilegiada.

Sus primeros años, Armando Pliego Ishikawa los vivió en Agua Santa y posteriormente en una unidad habitacional ubicada en el rumbo de Mateo de Regil. Aunque la separación de sus padres lo afectó, no lo detuvo para convertirse en un alumno con buenas calificaciones.

En la escuela fue víctima de bullying debido a su dedicación y a que cumplía con sus deberes escolares, pero le pudo poner un alto a los ataques de sus compañeros el día que los enfrentó y los mantuvo a raya.

En cuanto Armando Pliego Ishikawa aprendió a moverse en el transporte público, comenzó a salir y a conocer no sólo la ciudad en la que nació, sino además desde los 14 años viajó solo a lo que era el Distrito Federal para asistir a conciertos de rock de sus bandas favoritas.

Desde adolescente, Armando Pliego Ishikawa descubrió que le interesaban los temas sociales, los que tienen que ver con los derechos humanos, con la legalización de drogas y con las cuestiones de movilidad urbana.

Armando Pliego Ishikawa dejó de ver a su padre de manera regular cuando tenía 4 años y jamás pudo saber cuál era su opinión sobre el activismo que él realizó durante su época universitaria.

Entre las virtudes de Armando Pliego Ishikawa no se encuentra la de caerles bien a todas las personas y reconoce que en el terreno intelectual es provocador, porque para hacer que las cosas mejoren se tiene que retar a lo establecido.

“Yo sé que muchas personas piensan que soy fifí, pero no los soy, soy hijo de una maestra de inglés de una secundaria técnica y mi padrastro es médico en el ISSSTE, es decir, los dos son trabajadores del Estado”.

Pero tampoco eres chairo, eres una persona que tuvo acceso a una educación privilegiada.

“Si, ese es el gran legado, se lo digo a mi mamá. A mí no me van a heredar nada, yo no soy heredero de ninguna fortuna ni nada por el estilo. Lo que mi mamá me dejó fue educación. Mi mamá es de Chiapas, ella allá estudió. Nació en un pueblito que se llama Acapetahua, 15 mil habitantes, en la zona del Soconusco, cerquita de la frontera con Guatemala, en la costa hacia el Pacífico”.

“Yo tengo 27 años, estudié Comunicación en la BUAP, estudié también Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM, esa carrera no la he terminado, y actualmente soy servidor público en el ayuntamiento de Puebla”.

¿Eres poblano?

“Poblano, y mi familia, de lado de mi papá, llegó desde hace cuatro generaciones aquí a la ciudad. De hecho, yo soy Armando Pliego Tercero. Mi abuelito, Armando Pliego, fue pediatra. Era un pediatra bastante conocido aquí en la ciudad, en mi tránsito por la escuela, siempre me encontré con el maestro que pasando lista me decía: ‘¿Armando Pliego?’, ‘¿Eres algo del doctor Pliego?’”.

“Tengo mucho arraigo, yo siento una relación muy íntima con la ciudad, me ha dado todo lo que soy, soy quien soy gracias a que me desarrollé aquí y no en otro lado. Tengo un cariño muy grande por la ciudad, creo que tiene mucho potencial, creo que es una ciudad que a lo largo de su historia ha tenido gente muy ilustrada, creo que se habla mucho del paradigma del poblano mocho. Yo creo que el poblano no es mocho, creo que hay poblanos muy progresistas, sólo creo que tardaron en llegar al poder. Han sido pocos los momentos en la historia en los que el progresismo poblano ha podido realmente demostrar el tipo de personas cálidas que podemos llegar a ser, pero sí tenemos una muy mala fama”.

¿En qué colonia creciste?

“Yo crecí en Mateo de Regil, atrás de Mateo de Regil, en una unidad habitacional que desarrolló el gobierno federal para maestros, a finales de los 80, principios de los 90, que se llama UEMAC. Ahí crecí, primero en Agua Santa, ahí por la 11 Sur, y después en Mateo de Regil”.

¿Te educaron bien?

“Sí, mi mamá tenía mucha disciplina en cuanto a las horas en las que podíamos jugar en la calle, no podíamos salir a jugar si no acabábamos la tarea primero, si no habíamos terminado de comer y levantado nuestro lugar y lavado nuestros platos, pero una vez hechos estos quehaceres, todas esas tareas domésticas, ya podíamos salir a jugar y a mí siempre me gustó mucho la calle en general. Era una cosa que yo disfrutaba, como son casas chiquitas, no tienes un jardín grande, no tienes un patio grande, más bien tu patio, tu espacio de juego, de recreación, es la calle”.

¿Esa disciplina familiar no te provocó problemas?, ¿no te rebelaste?

“No, fíjate que no. Cuando me di cuenta que yo ya era capaz de tomar mis propias decisiones, pues me le rebelé a mi mamá, pero de una manera bastante civilizada en la que dije: ‘¿Sabes qué? Ya no me puedes decir lo que tengo que hacer’. Como a los 14 ó 15 años yo comencé a agarrar más el rumbo y empecé a ser más pata de perro y en cuanto aprendí a andar en camión me moví por toda la ciudad”.

Me gustaría saber la opinión de mi padre 

Armando Pliego Ishikawa lamenta que su padre no haya sido testigo de sus actividades y que jamás haya podido escuchar sus opiniones sobre sus trabajos. Reconoce que lo extraña y que llevar su nombre también ha representado una carga simbólica.

¿Tu papá estaba con ustedes?

“Mis papás se divorciaron, Mi papá, híjole, no sé si debería decirlo en esta entrevista. Bueno, lo diré, nunca he sido muy cerrado al respecto. Mi papá tuvo muchos problemas con la cuestión de las adicciones y obviamente mi mamá no permitió que estuviera mucho tiempo con nosotros. Cuando yo tenía 4 años de edad se separaron y desde entonces sólo lo veía ocasionalmente. A pesar de eso siempre me he mantenido cercano a mi familia paterna”.

¿A tu padre lo ves?

“Él murió ya, en 2014, hace 5 años. Veo a algunas de mis tías, las pocas que viven en Puebla, aquí hay dos, las otras se fueron. Mi papá era el único hombre en una familia de ocho integrantes. Muchas de ellas se fueron a vivir a otros lados, la mitad ya murió, y con quienes todavía tengo contacto, sí seguimos frecuentándonos”.

¿Cómo te afectó la muerte de tu padre?

“Yo tenía 22 años, estaba a la mitad de la universidad. Es curioso, justamente en ese año en que comencé a ser activista. Justo cuando él murió fue cuando yo ya empecé a tener una participación mucho más activa y comprometida con mi comunidad, que empecé ya a involucrarme en temas públicos, que, digamos, entendí y asumí mi papel como ciudadano activo, como una persona preocupada y ocupada en los asuntos de mi ciudad”.

¿Y en el área familiar?

“Creo que viéndolo en retrospectiva, y también es algo que he platicado con mi psicóloga, creo que empecé como buscando en otras personas el reconocimiento que nunca pude obtener de él, porque nunca me vio hacer nada. Porque justamente todo este trabajo que yo comencé a desarrollar se da después de que él murió. Entonces, sí me habría gustado mucho ver qué tenía que decir sobre las cosas a las que comencé a dedicarme, y lo extraño, obviamente. Llevo su nombre también, es una carga simbólica innegable”.

“Yo estudié parte de la primaria en la escuela Fundadores de Puebla y la terminé en el Benavente. En el Benavente había mucha gente que se sacaba un poco de onda, porque es una escuela católica, de que yo tuviera papás divorciados. Y yo decía: ‘Pero es que es muy normal’. El Benavente era una escuela grande y entonces llego yo y decían: ‘¿Cómo?, ¿tus papás divorciados?’. Yo decía: ‘Pues de la escuela de donde yo vengo, todo mundo tiene papás divorciados’”.

¿Fue cuando te rebelaste en tu familia?

“Un poco después, ya llegando a la secundaria en el Benavente. Yo creo que siempre hay que retar el orden. Ahí hay un proceso como de reinvención, yo luego molesto a gente de mi generación, les digo: ‘Te convertiste en todo lo que odiabas’. Yo recuerdo cuando nosotros estábamos en la secundaria y la prepa y nos quejábamos, y decíamos: ‘No, es que mis papás, es que los adultos…’. De repente veo que hay mucha gente que se convirtió en ese adulto que no le gustaba. Yo creo que he mantenido ese espíritu de no aceptar lo establecido nada más porque sí. Yo cuestiono: ¿Vale la pena mantenerlo o podríamos explorar ese algo nuevo?”.

Yo tenía la impresión de que tú eras fifí.

“Pues soy blanco y gozo de ciertos privilegios y he tenido un cierto capital cultural al que mucha gente no ha tenido acceso, estoy muy consciente de eso, y tengo cierta familia, cierto lado de la familia, que ha estado más apegado a la academia, gente que ha tenido cierto renombre aquí en la ciudad, por supuesto que he aprovechado el hecho de pertenecer a una familia donde existen mentes brillantes para aprender”.

¿Tú te consideras fifí?

“Pues mira, para algunos soy fifí y para otros soy un naco. Si le preguntas a la banda de sociología de la BUAP que estudió en la misma generación que yo, no sé, 2012, 2013, que nos tocó todo el rollo del Yo Soy 132, ellos te van a decir que yo soy un fifí, pero si les preguntas a los padres de familia de mis compañeros de generación del Benavente, van a decir que soy un pata de perro”.

Una persona normal.

“O sea, me ven aretes, tatuajes, cabello largo, depende de a quién le preguntes. También hay quien dice que soy un protofascista, dentro de los círculos de discusión de gente de izquierda dentro de la universidad dicen: ‘No, es que tú estás con el Estado y con las instituciones’. Y, por otro lado, gente que está más apegada a esa forma institucional de defender la participación pública, dice que yo soy un rebelde, anarquista, mugroso de izquierda”.

Y en dónde te sientes más a gusto.

“Haciendo enojar a ambos. Sí, porque ni unos ni otros tienen razón. Conocen mi nombre, no mi historia”.

Era buen estudiante y sufrí bullying en la escuela

La dedicación y empeño que Armando Pliego Ishikawa ponía en la escuela le dio buenas calificaciones, pero provocó que sus demás compañeros lo eligieran como víctima y que lo acosaran durante varios años. Para poder detener los ataques de sus compañeros, Armando tuvo que hacerles frente y sólo así fue como comenzaron a respetarlo.

¿Cómo fuiste en la escuela?

“Siempre fui un estudiante bueno. La verdad es que me buleaban. Yo era el clásico niño ñoño que lo buleaban o que lo molestaban, porque siempre participaba, preguntaba cosas, y casi siempre respondía. A veces me equivocaba, por supuesto, pero yo era una persona que no tenía miedo de preguntar ni tampoco de decir lo que pensaba. Y eso lo fui llevando hasta la licenciatura en Comunicación, ahí en la BUAP salí con promedio de 9. Digo, tampoco me interesa reivindicar esta idea de las calificaciones, porque creo que tampoco representan tanto”.

¿Te hacía sufrir el bullying o hacías como si no importara?

“Mira, no me enorgullece, pero paró cuando yo fui partícipe de la misma violencia escolar. Paró cuando yo me les puse al tiro a las personas que me molestaban, que me agredían y acosaban y me metí en problemas por eso. Pues, obviamente, no me la pasé bien, fue un problema que vine arrastrando desde la primaria hasta que en la secundaria logré ponerle un alto, pero después de mucho platicar y también de mucho trabajarlo, ya a un nivel profesional, con terapia familiar, infantil”.

¿Te sentiste afectado?

“Sí, claro. Nadie tendría que pasar por eso. Cuando somos niños tendríamos simplemente que disfrutar, jugar, sentirnos protegidos, sentirnos queridos. Gran parte del bullying es provocado por una ola súper rara de anti intelectualismo, donde si participas, si te educas, si te interesa la escuela, pues entonces eso te hace merecedor de que te molesten”.

Los Boy Scouts católicos

Armando Pliego Ishikawa reconoce que ha sabido escoger a sus amigos y que con quienes se junta son personas con las cuales tiene intereses comunes. Asegura que desde niño descubrió que lo importante es dejar huella de su paso en este mundo y que ahora esa idea es uno de los motores que impulsan su vida.

¿Has sabido escoger a tus amigos?

“Sí, yo creo que lo que caracteriza al grupo de amigos con el que me llevo ahora es el hecho de que impulsamos cosas juntos. No solamente nos juntamos para divertirnos y echarnos una chela. Nos juntamos para organizar una presentación de poesía, nos juntamos para armar algún concierto. Alguna vez hicimos stand up de comedia, estuvo buenísimo. Invitamos a gente, dijimos: ‘Quién quiere presentarse’”.

“Yo estaba en un grupo religioso que se llamaba Éxodo, nació en la Pastoral Juvenil de la iglesia de Huexotitla, en 1984, y es el más grande del país. A partir de ese grupo, en muchas otras iglesias, escuelas católicas y demás, surgieron otros movimientos éxodos, entonces ahora hay Éxodos a lo largo y ancho del país y también ya hay en otros países, y Éxodo lo que busca es la promoción integral del adolescente con base en cinco valores, el valor técnico, espiritual, social, y no me acuerdo de los otros dos, la neta”.

“El caso es que éramos como los Boy Scouts, pero católicos. Nos íbamos a acampar, a juntar juguetes y a regalarlos en orfanatos, hacíamos servicio social. Y bueno, en todo ese tránsito, una de las cosas que más me quedó fue, que es algo que se promueve activamente, es la cuestión de la huella, de dejar huella. Ese ha sido un poco el motor de mi vida. Si paso por un espacio, igual y no me interesa que la gente sepa que fui yo el que pasó por ahí, que la gente recuerde mi nombre, pero sí me interesa que la gente note que hay algo nuevo. Eso es lo que a mí me mueve y es lo que he encontrado que me hace llevarme con el grupo de amigos que tengo ahora. Todos estamos metidos en algo, en activismo, algunos en temas de sexualidad, en temas de drogas, en movilidad, igual que yo, en temas de literatura, política cultural, temas de diplomacia”.

¿Tienes algún personaje favorito?

“Sí, hay algunos, Martin Luther King junior, por ejemplo, con el movimiento de los derechos civiles para la comunidad negra en Estados Unidos. Mohamed Ali, que nació con el nombre Cassius Clay, pero que se une a la Nación del Islam, con Malcolm X. Imagínate cómo debe haber sido para él llevar una medalla olímpica a su país y regresar a la ciudad en donde él nació y que no le sirvieran en un restaurante por su color de piel. Y, aun así, él prevaleció, prosperó, persistió y es recordado como uno de los más grandes de todos los tiempos, no solamente en el box. Para mí lo del box es una cosa secundaria, es el hecho de que él se resistió a participar en la guerra de Vietnam, por ejemplo, y él dijo: ‘Yo no tengo ningún problema con los vietnamitas, tengo un problema con el hombre blanco que me oprime en Estados Unidos’. Son el tipo de personajes con los que me identifico”.

Dijiste que hicieron un stand up, ¿tú habrías participado?

“Me gustaría en una fantasía, no lo voy a negar, me gusta el sonido de mi propia voz, en el sentido de que me gusta estar en un escenario, me gusta tener un micrófono”.

Como esta entrevista.

“La verdad sí, no lo voy a negar. Igual y no soy tan bueno haciendo reír a la gente, como sí soy bueno entreteniéndola de otras maneras. Creo que yo soy una persona que cuenta historias, me gusta contar historias, y me gusta también a veces incomodar a la gente. Soy provocador, tengo que reconocerlo, pero si quiero hacer que las cosas cambien, si quiero retar lo establecido, porque creo que hay ciertas cosas establecidas que están mal, pues la única manera es justamente con una actitud así, retadora. Y bueno, en la comedia definitivamente hay un vehículo muy grande para eso, sin embargo, creo que no es mi talento”.

Me gusta conocer la historia de la gente

El proyecto profesional de Armando Pliego Ishikawa es impulsar la agenda de ciudades humanas, trabaja para que en algún momento las calles sean lugares de disfrute y no zonas de amenaza que se tengan que padecer.

Armando Pliego Ishikawa lleva el pelo largo, aretes y tatuajes y asegura que ni los personajes del gobierno federal ni estatal con los que ha conversado lo han discriminado jamás.

¿Tuviste mascotas?

“Sí, tenía a Droopy, que era una cocker spaniel, primero le pusieron Droopy porque pensaron que era macho y resultó hembra. Tuve a Honey, que era una french poodle, que se quedó en Chiapas. Tuve también a Sofi, que era una scotch terrier, también estaba, híjole, había una fox terrier, no me acuerdo como se llamaba ella. Y la que más ha sobrevivido, la que ha pasado más tiempo en la familia es Puka, que es una schnauzer, tiene 13 años. Ya está grandecita, la tenemos desde que yo estaba en secundaria. Y después de Puka llegó una pomerania chiquita, que se llamaba Hikari, que ya murió este año”.

¿Eres taciturno?

“Sí, yo creo que sí, depende del ambiente, del contexto”.

¿Eres fiestero?

“Me ustan los contextos en los que puedo platicar con mucha gente”.

¿Que sea festivo el ambiente o sólo conversación?

“Sí, fíjate que una de las cosas de las que me he dado cuenta en estos últimos años es el hecho de que he buscado acercarme mucho a las personas que están como en el límite de la sociedad. Digamos, acercarme a los que navegan entre esa línea que divide lo que consideramos como el mundo normal, el mundo cotidiano, y en el que muchas personas del otro lado dicen: ‘Es que yo ya de ese lado no me siento representado’. Digamos que me muevo mucho en el círculo de gente outsider. De gente que no quiere ser partícipe del sistema”.

“Y me gusta mucho platicar, conocer la historia de la gente. Saber por qué les gusta lo que les gusta, a qué aspiran. Sobre todo, también, porque me preocupa mucho el hecho de que en mi generación identifique que haya mucha gente así, y digo: ‘Chispas, ¿entonces en manos de quién estamos dejando el futuro de nosotros y de las personas que vienen después de nosotros?’. Si a mucha gente joven no le interesa, a mí sí me interesa, y he buscado acercarme con gente de todo tipo”.

¿Qué libro lees actualmente?

“Ahorita estoy leyendo puros temas que tienen que ver con la academia y sobre cuestiones políticas fiscales de desarrollo urbano. Estoy leyendo actualmente dos libros, uno es sobre la recaudación, el problema del financiamiento a nivel municipal en el Estado mexicano. No recuerdo exactamente el nombre de esa investigación, y otro es la perspectiva de los espacios públicos peatonales, como espacios de salud pública, que es una investigación de una amiga de la UNAM que vive allá en la Ciudad de México. Me regaló una copia de su investigación”.

“Yo disfruto mucho la literatura universal, Ernest Hemingway, por ejemplo. Me gustan mucho libros que hablan de distopías, libros como 1984, de George Orwell, o Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley; Fahrenheit 451 y Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury. Todos estos libros que evidencian un poco los peligros de las sociedades totalitarias son lecturas en las que yo me enfrasqué mucho desde la preparatoria y hasta la fecha, todos esos libros que hablan sobre distopías en futuros cercanos me gustan y los disfruto. Yo creo que uno de mis libros favoritos es Los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift”.

¿Tocas algún instrumento?

“Toqué algún tiempo en secundaria guitarra y piano ahí en el Benavente, pero lo dejé. Yo estaba en la orquesta del Benavente, y en primero, segundo y tercero de secundaria me tocó estar haciendo el concierto, en Navidad y a fin de curso. Y lo disfrutaba mucho, tenía mi tecladote y era divertidísimo, ahora lo veo en retrospectiva muy divertido, pero la verdad sí era una friega tener que estar cargando”.

¿Qué tocabas?

“De todo, me acuerdo que los conciertos tenían cierta temática, en algunos llegaba a tocar, interpretar canciones de los Beatles y otras ocasiones cosas más clásicas, como Nereidas, Los Siete Magníficos. Era una cosa muy variada, nunca interpreté cosas que a mí me gustaran, siempre era lo que el director de la orquesta del Benavente nos encargaba tocar. A mí siempre me ha gustado mucho el rock progresivo, Genesis, King Crimson, Yes, Pink Floyd.

“Yo a los 14 años empecé a irme solo a la Ciudad de México, iba a conciertos. Iba a un lugar que se llama El Circo Volador, que está ahí en Calzada de la Viga, junto a un mercado de flores. Ahí El Circo Volador era como el lugar donde los seguidores de la escena del metal y del rock progresivo en México siempre se juntaban para escuchar a los artistas emergentes. Los conciertos chiquitos de tres mil o cuatro mil personas con bandas que no son tan reconocidas, bandas que seguramente no tendrían un contrato con Sony Music”.

¿Cuáles son tus planes, cuál es tu proyecto?

“A mí lo que me interesa, y creo que es algo en lo que he sido bueno, sobre todo, es vincular gente, poner en contacto a personas que trabajan sobre cierto tipo de temas. Los temas que a mí me interesan tienen que ver con los derechos humanos, con la legalización de drogas y obviamente con las cuestiones de movilidad, que es algo a lo que me he dedicado de lleno en los últimos cinco años de mi vida”.

¿Cómo te ves en los próximos años?

“Yo me veo ocupando los espacios que haya que ocupar, ya sea en el sector público o en el sector privado, a mí lo que me interesa es empujar una agenda, es la agenda de ciudades más humanas, de tener calles que podamos disfrutar en lugar de padecer”.

¿Te ayuda el pelo largo y los aretes para conseguir novias?

“Pues, mira, la verdad, yo antes me rapaba, yo antes era pelón, a mí me gustaba mucho, en mi ser contreras, cuando yo estaba en la primaria decía: ‘No, es que casquete corto. No, pero es que no me vas a decir cómo me voy a cortar el cabello. Me voy a rapar entonces’. Como me rapé tantos años, después dije: ‘Bueno, ahora quiero lo contrario’”.

¿En el gobierno municipal no te discriminaron?

“No, nada. Eso ha sido fenomenal, en toda mi experiencia desde antes de entrar a trabajar a la administración pública y siendo activista, tuve muchos acercamientos con el gobierno federal, con gobiernos de otros países, con el gobierno estatal, municipal, y jamás se mencionó absolutamente nada de mi cabello ni de mis aretes, ni de mis tatuajes ni nada. Y eso la verdad me parece sinceramente sorprendente. Porque sí es algo que yo podría esperar, pero yo creo que llega un punto en que la reputación te precede, supongo”.

Bueno, ¿sí te ayuda el cabello largo?, no has respondido

“Sí, sí ayuda”.