Viernes, 22 De Mayo De 2026 | Puebla

Mundo

Francia, campeona mundial de futbol, sigue en efervescencia festiva

La cuestión migratoria tomó otro matiz, el de la victoria, el de la disciplina, el de la esperanza, de crisis pasó a ser oportunidad

Francia, campeona mundial de futbol, sigue en efervescencia festiva

No cabe la alegría en los rostros de las personas.

El amor hacia un equipo de la playera del “gallo” no tiene fronteras.

El corazón de los fanáticos y no fanáticos, hierve, se desborda.

Francia en la noche del martes 10 de julio ya era una fiesta, los ríos de gente en Champs Elysées, Champs du Mars, Place de la République, Trocadero, Hotel de Ville París se convertirían a partir de ese día en los lugares más codiciados y obligados por la afición.

Al interior del país la fiesta siguió hasta las 3 de la mañana del miércoles. Rennes, Reims, Toulouse, Lyon, Marsella, Córcega, en cualquier ciudad la efervescencia por Pogba, Griezmann y Pauvard se hizo presente.

Atrás quedaron aquellos atentados del 13 de noviembre y el miedo se trasladó a la cancha del Krestovsky Arena en la ciudad de San Petersburgo y posteriormente al Estadio Olímpico Luzhnikí de Moscú.

Allez les bleus, alles les bleus

Entre los dos partidos, se atravesaba la fiesta nacional del país galo, la famosa tour de France y el verano en pleno dejando ver pieles bronceadas. No se podía tener más, la gente estaba eufórica, el entusiasmo desbordado de un país que soñaba con alcanzar su segunda copa de la mano de Deschamps.

De un día para otro, se terminaron las playeras.

Bares y restaurantes abarrotados por turistas, no turistas, superados en capacidad pero testigos de cómo el pueblo francés vibró -y vibra-.

En el desfile del 14 de julio así como los fuegos pirotécnicos en Champs du Mars teniendo como escenario la Torre Eiffel, fueron dos momentos importantes para refrendar el apoyo a la selección francesa, las porras no desaparecían, se nutrían de voces que salían de todos lados.

On va gagne, on va gagne

La champagne invadía lo mismo un vagón de metro que el techo de un bus en pleno París. Las copas se compartían entre hombres y mujeres atrapados en el metro de la línea 6 con el mismo objetivo, llegar a la Tour Eiffel y ser por unos cuantos minutos, uno mismo bajo los fuegos artificiales escuchando la ópera Carmen, “L’amour est un oiseaux rebelle”.

Y también la Marsellesa, el himno más bonito del mundo, una y otra vez, sin importar el lugar se dejaba escuchar.

Y el gran día llegó.

Muy temprano se registraba movimiento, era como un toque de queda pues a las 16h30 no habría metro, ni tren, ni tramway ni bus, en la nación cuna de la fraternidad, todos absolutamente todos teníamos derecho de presenciar el partido de la década para Francia.

La victoria era un hecho, el sueño de los 66 millones de franceses después de 20 años se hizo realidad.

Se desdibujó la extrema derecha, nada se supo de Marion Maréchal (sobrina de Marine Le Pen) y familia.

Hubo largos y sesudos análisis sobre los orígenes de los actuales “Héroes galos” y la cuestión migratoria tomó otro matiz, el de la victoria, el de la disciplina, el de la esperanza, de crisis pasó a ser oportunidad.

Y es que si Francia sabe hacer algo, es justamente dar oportunidad a los inmigrantes, que si lo sabré yo como mexicana.

Hoy nuevamente la avenida más bella del mundo quedó chica para los aficionados que quisieron rendir tributo a Mbappé, Giroud, Lloris, Kanté, Umtiti, Areola, Kimpembe, Dembélé, Tolisso, etc. Francia y en especial París, (por tercera vez en menos de una semana) se paralizaron al recibir a los “Niños franceses” que conquistaron la tierra de Putin.

Hoy esta noche, no sólo será larga la celebración, será la pauta para que la nación supere tantos claroscuros.

¡Francia es una fiesta!

¡Qué Hemingway nos perdone!