Sociedad
El cuerpo humano se adapta al horario de verano
El cuerpo humano tiene mecanismos de adaptación que se localizan en el cerebro, mismos que se activan para ubicar todos los ritmos fisiológicos al nuevo horario
El horario de verano no tiene impacto alguno en la salud. Estudios científicos revelan que no hay evidencias sobre que cause alteraciones en lo físico o mental de las personas.
Además no se ha reportado que el cambio de horario motive el surgimiento de trastornos de sueño o empeoramiento de éstos en personas que ya los padecen, indica el doctor Reyes Haro Valencia de Instituto Mexicano de Medicina Integral de Sueño (IMMIS).
La vida sigue normalmente
El cuerpo humano tiene mecanismos de adaptación que se localizan en el cerebro, mismos que se activan para ubicar todos los ritmos fisiológicos al nuevo horario. Se trata del reloj biológico que regula los biorritmos entre los que destacan los ritmos circadianos, que ocurren cada 24 horas como el ciclo sueño-vigilia.
Este reloj interno forma parte de una estructura anatómica conocida como núcleo supraquiasmático, situado por encima del quiasma óptico, que es donde se cruzan los nervios de ambos ojos.
Esta zona del cerebro regula diversas conductas, entre ellas, la adaptación a los cambios de horario, se activa cuando éstos se dan y permite los ajustes necesarios ante el cambio, sin causar efectos.
Esta función adaptativa es la misma que se activa para ajustar la fisiología y actividades después de cada fin de semana y vacaciones.
Viernes, sábado y domingo se alteran las horas de descanso. El lunes es un poco difícil para el desempeño diurno y puede haber muchos bostezos, fatiga, malestar, irritabilidad, somnolencia y mayor consumo de sustancias estimulantes de uso habitual como las bebidas con cafeína.
El martes suele recuperarse el ritmo habitual, mismo que volverá a desajustarse el siguiente fin de semana, también volverá a reajustarse el siguiente martes. Este es un claro ejemplo de cómo unas horas en el cambio de ritmos no afectan más allá de lo mencionado y que en consecuencia existen mecanismos de adaptación a los cambios; en todo caso, una hora de recorrido en el horario de verano afectaría mucho menos la salud y el desempeño diurno.
Reyes Haro expone que otro ejemplo para comprender que la salud no es impactada por el cambio de horario de verano son los periodos vacacionales, en los cuales los horarios para acostarse y levantarse van más allá de una hora, el regreso a las actividades y la adaptación pueden llevar hasta 72 horas, dependiendo de la duración de las vacaciones y el intervalo de tiempo que se hayan recorrido los horarios, pero aún así, ocurre la adaptación a los horarios convencionales.
Los niños tienen también desarrollados los mecanismos de adaptación a los cambios de horario, situación que descarta que puedan tener alguna alteración en las funciones cognitivas o en su desarrollo físico por este cambio de horario.
Lo mismo ocurre cuando se viaja a otro continente, donde al llegar el horario puede afectar el rendimiento, pero de igual manera se activan los mecanismos de adaptación a las nuevas condiciones.
Además, en casos más extremos, muchas personas de acuerdo con su actividad profesional, se someten constantemente a cambios de horario sin que esto afecte su salud, como el personal aéreo, los conductores de autobuses foráneos y personas que trabajan turnos prolongados, así como aquellos que se someten periódicamente a cambios de turno o que trabajan por la noche y duermen de día. La fuerza de cada persona y su reloj biológico les permite adaptarse a cambios constantes de horario o tolerar jornadas prolongadas de trabajo.
Destacó que existen algunas personas sensibles a un cambio de horario, pero esta sensibilidad se origina debido a que les enoja el cambio de horario, no porque les ocasione algún problema de salud. Lo recomendable en estos casos es tratar de controlar su malestar, toda vez que es una medida que seguirá implementándose y que nada podemos hacer para que deje de aplicarse.
Con el fin de lograr una adaptación más rápida en aquellas personas sensibles al cambio de horario la recomendación es evitar las siestas la semana previa y posterior al cambio a fin conciliar más fácil el sueño durante la noche, reducir el consumo de sustancias estimulantes, en particular cerca de la hora de dormir, ajustar el reloj y sus actividades al nuevo horario y procurar un horario regular para levantarse y acostarse todos los días, incluso los dos primeros fines de semana o los días de descanso.