Cultura
Matías Rivero, primer coleccionista de herramientas en miniatura
Posee más de 2 mil piezas y hace 4 años, la presidencia municipal, a través de la Organización Cultural, lo invitó a exponer en el Palacio
“No existe la casualidad, y lo que nos parece un mero accidente, surge de la más profunda fuente del destino”
Johann Christoph
Matías Rivero Aguilar, con aproximadamente 70 años, es un hombre que con el paso del tiempo se llegó a convertir en uno de los principales coleccionistas de “Herramientas en miniatura” en Puebla.
La cita había quedado para un fin de semana en alguna cafetería, para partir de ahí al lugar indicado. Llegó puntual, ni un minuto más ni un minuto menos. En el camino mencionó que sólo hay dos personas que se dedican a coleccionar herramientas en miniatura, uno vive en el Estado de México, y él en Puebla.
Al llegar, Rivero Aguilar dio inicio a la historia que antes ya me había contado vagamente y que hoy me contaría con detalles.
—¿Cómo fue qué comenzó a coleccionar herramientas en miniatura?
—Comencé hace 50 años o un poquito más. Estaba yo de pasante. En ese tiempo tenía yo 20 años. En el Centro Patronal, mi abogado patrón nos pidió que fuéramos a presentar una fianza para sacar a un preso. Fuimos mi compañero y yo a la cárcel, presentamos la fianza y logramos que saliera el muchacho, y él en agradecimiento me obsequió un martillito hecho ahí en la cárcel. Era pequeño, muy bien hecho, y eso me llamó mucho la atención. Me gustó y lo guardé. Al cabo de los meses, otra vez me regalaron otro martillito, y dije: “Bueno, está muy bonito esto”. Y empecé a juntar herramientas de todo tipo. No había problema con que fueran sencillas, finas o corrientes, porque eran realmente especiales.
“Yo me acuerdo que hace 30 años toda la colección cabía en una caja de zapatos. Eran 80 ó 90, pero ahorita en la actualidad son como 3 mil piezas. ¡Es una locura! Se necesitaría un enorme espacio para poderlas presentar”.
“Hace 4 años, la presidencia municipal, a través de la Organización Cultural, me hizo el favor de invitarme a exponer en el Palacio. Todo estuvo muy bien, porque era muy espacioso. Se pudo colocar toda la colección y aún tengo el libro de las anotaciones que hicieron los visitantes. Fueron gente de Estados Unidos, ya que llamaba mucho la atención que fuera expuesta ahí en el centro, frente al Zócalo. Pero no sólo estaba mi colección, sino también el ‘Nacimiento monumental’, colección de mi hermano”.
En el momento de preguntarle sobre los comentarios que le dejaron en su libreta los visitantes sobre su colección, Matías Rivero Aguilar sonríe al recordar aquel momento de alegría, cambia el tono de voz y se nota más feliz.
“La gente se mostraba muy agradecida de que haya yo expuesto algo tan privado. Es un gusto familiar y cultural que se comparte. Estaban asombrados, sobre todo al ver la ‘reina de la colección’, que es un conjunto de 80 herramientas a escala”.
“Dicen que las hizo un arquitecto en la época de Porfirio Díaz. Él tenía el propósito de hacer una carpintería completa, con todas las herramientas de esa época en miniatura y se puso a trabajar en ello. Yo creo que como era la época de la Revolución Mexicana, la gente no salía, así que él se encerró y se puso a trabajar. La gente que ha visto este trabajo dice que el que lo realizó se llevó gran parte de su vida haciéndolo, con una paciencia tremenda. Hizo incluso el baúl de las herramientas”.
A veces el destino suele ser tan cambiante que ni uno mismo sabe qué nos deparará el día de mañana. Al señor Matías Rivero Aguilar hace unos veinte años le cambió por completo toda la vida.
“Yo voy mucho a ‘Los Sapos’ a buscar algunas piezas ahí. Mi hermano (Q.E.P.D.) me dijo: ‘En un puesto que está por ahí, vi unas herramientas chiquititas de carpintería, date una vuelta’. Fui y el señor del puesto me dijo que no las tenía en ese momento, pero que las llevaría a mi despacho”.
“Cuando yo las vi, dije: ‘No puede ser. No es posible ésta maravilla. Es hermosa’”.
En el momento que Matías Rivero Aguilar describía el encuentro con dichas herramientas, su mirada se perdió en la memoria. En su mente se representaba lo que había sentido cuando la tuvo por fin con él.
“Es una artesanía maravillosa. Yo creo que es la artesanía mexicana que más tiempo se ha llevado en construir. Las herramientas están hechas de acero, y no es fundido, tuvieron que haberlas hecho con limas, con un mini torno para poder trabajarlas. Además debieron haber usado lupas. Cuando las terminó, el artesano las colocó en un baúl, debido a que los galeones españoles que descubrieron América, eran todos de madera y no tenían espacios, y debían tener bien acomodado todo. Entonces, toda la herramienta del barco la tenían en un baúl, y por ello, él las puso en un baúl”.
Cuando terminó de explicar el porqué de la creación de un baúl para las herramientas, surgió una duda. ¿Cómo es que ve el mundo de la política alguien que se dedica a coleccionar herramientas en miniatura?
Su respuesta no es algo que todos conocen. Para él, es importante fomentar las exposiciones culturales, la artesanía mexicana. Asegura que es riquísima la artesanía, pero que se está agotando, porque a la gente sólo le llama la atención, la guardan y ya. Los organismos gubernamentales culturales deberían ayudar en estos casos.
Sin embargo, a Matías la situación lo pone feliz, aunque al mismo tiempo triste, ya que no se ha publicitado del todo su colección.
“Yo tengo la intención de que se forme un pequeño museo de la miniatura en Puebla. En México no hay museos de ese tipo, y tengo las ganas de hacer una pequeña exposición. Alguna vez platiqué con los del Tecnológico de Monterrey, y si se convencen de que me den una sala, se podrá exponer durante dos o tres meses”.
Leyenda del baúl
Antes de presentar la obra maestra de su colección, Matías Rivero Aguilar narra cómo debe haber sido la creación del baúl que guarda dentro las herramientas en miniatura:
“Yo soy un admirador de San José, precisamente porque es el patrono del trabajo y es carpintero. Cuando veo las herramientas, digo que esto no lo pudo haber hecho una persona por sí sola. Todo está hecho a la perfección, sin tener las herramientas adecuadas. Para hacer algo así, tendrían que haber usado un rayo láser. Entonces, se me ocurrió un día decirle a mi familia que San José le echó una manita al artesano. ‘A ver, San José, quiero hacer una pieza en tu honor, échame la mano’, seguramente eso le dijo a él”.
Terminando de contar lo que él creé que sería la leyenda del baúl, se levantó y se dirigió a alguna parte de su casa, para traer y mostrarme la maravillosa obra de arte.


“Mira, éste es el cofre: es otra maravilla. Tiene incrustaciones forjadas de hierro. Y tiene el escudo del estado de Puebla. Las piezas están perfectamente acomodadas para que quepan todas”.
“Son 80 piezas, que según el arqueólogo que las vio, Eduardo Carlo, dice que todas las herramientas son réplicas de las que existían en esa época, que fue como a principios del siglo XX. Más o menos 1910 ó 1912. O sea, tienen más 100 de años. Lo más curioso es ¿cómo llegó? ¿Cómo sobrevivió? No tengo idea de las personas que lo tuvieron, pero ¿cómo es que no se les cayó? ¿Cómo es que no se les perdieron?”
“Sin duda alguna era maravilloso poder contemplar y tocar las pequeñas herramientas, la fragilidad que representaban, provocaba tener más cuidado al agarrarlas”.
A pesar de que conoce cada herramienta, en los 20 años que tiene la colección, Matías Rivero siempre encuentra algo nuevo en ellas, ya sea la forma en la que se hizo o en el material que contiene dentro para que pueda funcionar.
La pieza clave, vale lo que cuesta toda la colección. No tiene precio y no la vendería porque es una obra de arte.

“Cada pieza tiene movimiento, se abre. Adentro tiene resortitos que son del grueso de un cabello. Por eso decía que esto sólo se puede hacer con un rayo láser”.
“El creador de dicha maravilla, fue un perfeccionista, no le gustó hacer las cosas con fallas. Dentro del baúl, los remaches que tiene no se sienten, tuvo que haberlos limado para evitar que salieran y rasparan”.
Cuando me mostraba las piezas más separadas, me surgió la duda de preguntar cuáles eran las herramientas que le llamaron más la atención de su colección, a lo que respondió que todas eran impresionantes, pero que si tuviera que elegir “sería esta, por lo difícil que se ve, o estas cuatro, yo creo que esas son”.


—Y algunos de sus hijos, ¿continuará con su colección?
“Desgraciadamente, y lo digo por mis hijos, la juventud actual no quiere saber nada del pasado. Todavía mi generación tenía cierto reconocimiento por el pasado, pero ahora los jóvenes no quieren tener ninguna liga con el pasado, nada que simbolice lo anterior a ellos. El joven quiere lo de hoy, lo actual, ya que todo lo demás son porquerías, que no hacen más que estorbar y que no vale la pena conservar”.
Mencionó que a su hija quiso darle unas monedas antiguas para que iniciara una colección como él, pero que ella no quiso, porque son cosas del pasado.
“Tal vez, la juventud se vea ahora influenciada por las nuevas tecnologías, pero eso no debe ser impedimento para admirar nuestro origen”.
—¿Hubiera querido tener otro tipo de colección?
“Coleccioné alguna vez morteros, eran de porcelana, de bronce, de esos que se usaban en las farmacias antiguas. Aunque si lo piensas, de alguna manera, también son herramientas”.
Y hablando de herramientas, Matías Rivero impresiona cada vez más. Con el paso de la charla, revela que aparte de coleccionar herramientas en miniatura, realizó la réplica del taller de ferretería que tenía su papá.
“Estaba de ocioso en vacaciones, entonces se me ocurrió hacer una ferretería en miniatura, ésta impresionante. Tiene sus anaqueles, sus yunques; hace 5 años que la hice y fui consiguiendo cada una de las piececitas”.

“Así fue la historia de ésta colección, que pretende poder ser expuesta pronto”, menciona Rivero Aguilar para finalizar la entrevista.
Matías Rivero Aguilar, es un hombre con profesión, un hombre que ha dedicado parte de su vida a tener esta única y maravillosa colección.
Más de 2 mil piezas tiene en su poder y 80 le llegaron por razones desconocidas del destino. ¿Por qué llegaron a sus manos? Es probable que nadie más que el mismo creador de las herramientas haya decidió que fuera así.
Parte de los recuerdos de Matías Rivero Aguilar hicieron posible que relatará a detalle sus emociones encontradas, fue algo así como si estuviera “regresando a la memoria”.
