Sociedad
En una residencia de la Romero Vargas perros tienen edén e infierno
Una residencia mal asegurada por la PGJ, crea improvisado albergue para una jauría de más de tres docenas
Foto vía @letyruiz_69
Una foto en Twitter advirtió que dos de sus familiares estaban en peligro, a punto de morir ahogados o de inanición. Estaban en el fondo de una alberca, la cual empezaba a llenarse de agua debido a las lluvias. La escalera estaba fuera de su alcance. Parecía que la suerte estaba echada; pero, en la tarde, los bomberos salvaron sus vidas.
Hace un año, en la casa marcada con el número 104 de la avenida Puebla de la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas de la capital del estado, la Procuraduría General de Justicia (PGJ) realizó un cateo como parte de la averiguación previa 1120/2012 de la Dirección de Investigación de Robo de Vehículos.
El operativo de los agentes del MP y policías ministeriales que irrumpió en la tranquilidad de la zona, descubrió un almacén de autopartes, al parecer, de procedencia ilícita. Tras retirarse los vehículos oficiales y los servidores públicos, los sellos quedaron como prueba de la intervención de las autoridades.
Poco a poco, la gente empezó a congregarse en el exterior de esta casa de nivel residencial, la cual contrasta con el resto de las viviendas. De la misma forma, los colonos se retiraron entre cuchicheos y especulaciones.
Parecía que la historia en esta residencia de casi 20 metros de frente, había terminado; sin embargo, en realidad, estaba por comenzar otra en este lugar asegurado por la PGJ: el portón eléctrico de la cochera para dos vehículos no llegó al piso y dejó una abertura que invitaba a entrar, pese a las restricciones marcadas por la ley.
En cuatro patas, empezaron a llegar los nuevos moradores. Primero dos, según los vecinos. Después otro y otro más. El celo natural de cada mes entre las hembras invitó a otros machos a formar parte de la familia, la cual llegó a crecer en forma acelerada. Las camadas quedaron cobijadas en un inmueble sin resguardo.
La multiplicación animal compuso una jauría de más de tres docenas, las cuales sabían cómo entrar y cómo salir de una enorme perrera con amplio jardín. Un edén canino, donde también, contrastantemente, estaba el infierno: la alberca.
Con el aumento en el número de perros, la competencia por el liderazgo de la manada vino en forma natural y recurrente. Las peleas sin réferi, dejadas en manos de la madre naturaleza, provocaron, sin remedio, los accidentes fatales.
La muerte sorprendió, por lo menos, a tres de esos cuadrúpedos, que pese a sus ladridos y llantos, no lograron ser rescatados y perecieron en el fondo de ese hoyo en la tierra recubierto por cemento, el cual de a poco ocultó los cadáveres con agua.
Desde el pasado martes en la noche, una foto en Twitter advirtió que otros dos perros estaba en peligro. Habían caído en la alberca. El agua negra cubría sus patas y seguía subiendo. Los vecinos contaron que uno de los canes cayó la semana anterior. El otro tuvo la misma suerte el pasado domingo.
Para la tarde de este miércoles, ante la indignación creciente en la red social, los bomberos llegaron al rescate con la autorización del Ministerio Público. Integrantes de la Sociedad Protectora de Animales cargaron con diez de esas que estaban dispuestas a ser mascotas y tener un hogar seguro.
Como pudieron, las autoridades bajaron la cortina del portón eléctrico y, ahora sí, aseguraron el inmueble, que quedó bajo la vigilancia de un policía auxiliar guarecido en una patrulla abandonada en un terreno baldío localizado frente a la casa que llegó a convertirse en el cielo y el infierno canino.