Martes, 1 De Septiembre De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La sensibilidad también es una forma de hacer política

La participación de las mujeres ha demostrado que la empatía, la firmeza y la sensibilidad también

Paola Ruiz García

Destacada Licenciada en Administración Pública, con trayectoria en el servicio público y compromiso con el bienestar social. Su experiencia y vocación de servicio se distinguen por impulsar acciones que contribuyen al desarrollo y mejor calidad de vida de las familias poblanas.

Martes, Septiembre 1, 2026

Durante muchos años, hablar de política parecía significar hablar de espacios reservados para unos cuantos. Las decisiones importantes, los cargos de mayor responsabilidad y los lugares de poder estuvieron, durante mucho tiempo, lejos de la participación de las mujeres.

Pero las cosas han cambiado.

Más artículos del autor

Hoy, las mujeres estamos presentes en los espacios donde se toman decisiones. Participamos, proponemos, dirigimos, construimos acuerdos y asumimos responsabilidades que impactan directamente en la vida de nuestras comunidades.

Sin embargo, llegar a estos espacios no debe ser el punto final.

El verdadero reto comienza cuando tenemos la oportunidad de ejercer una responsabilidad.

¿Qué hacemos con esa oportunidad?

¿Cómo utilizamos nuestra voz?

¿De qué manera tomamos decisiones?

¿Y qué tipo de política queremos construir?

Desde mi perspectiva, las mujeres tenemos mucho que aportar a una nueva forma de entender y ejercer la política.

No porque exista una única manera de hacerlo por el simple hecho de ser mujer, sino porque nuestras experiencias, nuestras luchas y nuestra manera de enfrentar la vida nos permiten aportar miradas que durante mucho tiempo estuvieron ausentes de las decisiones públicas.

Una de esas aportaciones es la sensibilidad.

Durante mucho tiempo, la política pareció exigir dureza como sinónimo de fortaleza.

Parecía que escuchar demasiado podía interpretarse como debilidad. Que mostrar empatía podía significar falta de carácter. Que acercarse a las personas podía restarle autoridad a quien ocupaba un cargo.

Hoy sabemos que no es así.

La sensibilidad no es debilidad.

La empatía no es falta de carácter.

Y escuchar no significa renunciar a la capacidad de tomar decisiones.

Por el contrario, considero que una mujer que ejerce un cargo público con sensibilidad puede tener una visión más cercana de las realidades que viven las personas.

Puede escuchar una necesidad antes de tomar una decisión.

Puede entender que detrás de un problema existen historias.

Puede reconocer que las políticas públicas no solamente se construyen con cifras, sino también con la capacidad de comprender a quienes viven las consecuencias de esas decisiones.

Pero sensibilidad no significa falta de firmeza.

Las mujeres hemos demostrado que podemos tomar decisiones difíciles, asumir grandes responsabilidades y enfrentar escenarios complejos.

Podemos defender nuestras convicciones sin dejar de escuchar.

Podemos ejercer autoridad sin perder el respeto.

Podemos ser firmes sin dejar de ser sensibles.

Creo que esa combinación representa una de las mayores fortalezas del liderazgo femenino.

La política necesita resultados.

Necesita preparación.

Necesita capacidad.

Necesita visión.

Pero también necesita humanidad.

Porque cuando quienes toman decisiones pierden la capacidad de mirar a las personas, la política corre el riesgo de alejarse de su verdadero propósito.

La política debe servir para transformar la vida de la gente.

Debe convertirse en una herramienta para construir oportunidades, atender desigualdades y generar mejores condiciones para las comunidades.

Y para lograrlo, es indispensable conocer la realidad.

Salir.

Caminar.

Preguntar.

Escuchar.

No podemos ejercer un cargo desde la distancia.

No podemos tomar decisiones pensando que conocemos todas las respuestas.

Una mujer en la política debe tener la seguridad para defender sus ideas, pero también la humildad para reconocer cuando es necesario escuchar otras voces.

Esa es una fortaleza.

Porque liderar no significa imponer.

Liderar también significa construir.

Construir acuerdos.

Construir confianza.

Construir equipos.

Y construir soluciones.

Las mujeres sabemos mucho sobre construir.

Lo hacemos desde muchos espacios.

Desde nuestros hogares, nuestras profesiones, nuestras empresas, nuestras comunidades y, cada vez con mayor presencia, desde la política.

Y esa participación debe seguir creciendo.

No solamente porque las mujeres tenemos derecho a ocupar los espacios de decisión, sino porque México necesita todas las capacidades, todas las voces y todas las perspectivas para enfrentar los desafíos que tenemos como sociedad.

Las nuevas generaciones necesitan ver a mujeres participando.

Necesitan saber que pueden prepararse, trabajar y aspirar a cualquier responsabilidad.

Pero también necesitan ver que es posible ejercer el liderazgo sin renunciar a la esencia de quienes somos.

No tenemos que imitar modelos que no nos representan para demostrar nuestra capacidad.

Podemos construir nuevas formas de liderazgo.

Podemos ser sensibles y fuertes.

Podemos escuchar y decidir.

Podemos acompañar y dirigir.

Podemos tener empatía y, al mismo tiempo, la firmeza necesaria para asumir nuestras responsabilidades.

Ese equilibrio es fundamental.

Porque ejercer un cargo no debe transformarnos en personas distantes.

Por el contrario, debería recordarnos todos los días la enorme responsabilidad que tenemos frente a quienes confiaron en las instituciones.

La política necesita mujeres preparadas.

Pero también necesita mujeres conscientes.

Mujeres que entiendan que un cargo no es un privilegio personal, sino una oportunidad para servir.

Mujeres que no olviden de dónde vienen.

Que mantengan los pies en la tierra.

Que puedan mirar de frente a las personas y escuchar sus necesidades.

Que entiendan que detrás de cada decisión existe una consecuencia en la vida de alguien.

Hoy, las mujeres tenemos una mayor presencia en la vida pública y política de nuestro país. Ese avance representa una conquista de muchas generaciones que abrieron camino antes que nosotras.

Honrar ese camino significa ejercer nuestras responsabilidades con compromiso.

Con preparación.

Con honestidad.

Con resultados.

Pero también con sensibilidad.

Porque la sensibilidad nos permite entender.

La empatía nos permite acercarnos.

Y la firmeza nos permite actuar.

Desde mi perspectiva, esas tres cualidades pueden convivir perfectamente en una mujer que ejerce un cargo público.

No tenemos que elegir entre ser fuertes o ser sensibles.

Podemos ser ambas cosas.

Y quizá ahí se encuentra una de las mayores aportaciones de las mujeres a la política: demostrar que el liderazgo también puede ejercerse desde la cercanía, la escucha y la humanidad.

El futuro de la política necesita resultados, pero también necesita confianza.

Necesita instituciones eficientes, pero también cercanas.

Necesita personas capaces de tomar decisiones, pero que nunca olviden que el propósito de esas decisiones debe ser mejorar la vida de los demás.

Por eso, creo profundamente en la participación de las mujeres.

No como una moda ni como una concesión.

Sino como una necesidad para construir una sociedad más justa y una política más cercana.

Las mujeres no llegamos a la política para ocupar un lugar.

Llegamos para aportar nuestra voz.

Nuestra experiencia.

Nuestra visión.

Y nuestra capacidad de transformar.

Porque ejercer un cargo con firmeza es importante.

Pero ejercerlo sin perder la sensibilidad puede hacer toda la diferencia.

La sensibilidad no nos hace menos fuertes. Nos recuerda, todos los días, para quién debemos utilizar nuestra fuerza.

Vistas: 11
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs