Viernes, 28 De Agosto De 2026 | Puebla

OPINIÓN

No necesitas entender para sanar

Parte de sanar es aceptar que nunca vas a entender realmente lo que pasó...

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Agosto 28, 2026

Encontré esta frase en la red: “Parte de sanar es aceptar que nunca vas a entender realmente lo que pasó.”

Al leerla me sentí atrapada en una paradoja porque crecí bajo el añejo paradigma de que necesito entender las cosas que me lastiman, para poder sanar y dejarlas ir.

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El “por qué” atormenta:

¿Por qué hizo eso?
¿Por qué no respondió?
¿Por qué fue así?
¿Por qué dejó que sucediera?
¿Por qué, si hice todo lo que pude, las cosas no se dieron?

Hay una trampa en la necesidad de entender: mientras intento comprender al otro, vivo alrededor de lo que hizo, lo que me revira otra pregunta: ¿Qué pude yo haber hecho diferente? 

En el fondo, creo que, si logro descifrar aquello que hice mal, si encuentro la pieza que falta, finalmente podré sanar. 

Y entonces reconstruyo conversaciones, repaso escenas y escenarios, busco señales que no vi, imagino explicaciones, interrogo a quienes estuvieron ahí —y pido opinión de quienes no estuvieron—. Y si las respuestas no me satisfacen, embisto el ciclo con más devoción, como si la intensidad de mi fervor fuera la llave para revelar lo oculto y elucidar lo insondable; como si comprender el pasado pudiera, de alguna manera, modificarlo.

Hasta que llega un momento profundamente doloroso y, al mismo tiempo, intensamente liberador: cuando aparece una idea que ilumina la bruma de mi mente y me permite pensar al revés: 

“Tal vez sanar no consista en llegar finalmente a entender qué pasó. Acaso sanar y poder soltar, aniden en la aceptación de que nunca lo entenderé realmente.”

Los acontecimientos humanos están hechos de aristas inescrutables. Somos seres inacabados, inconclusos, imperfectos y limitados; siempre cambiantes, aprendiendo, contradiciéndonos, huyendo de algunas cosas y acercándonos a otras.

Sabemos que somos incapaces de comprender nuestras propias heridas y miedos, nuestras decisiones y limitaciones; que somos inhábiles para explicar nuestro lado oscuro y nuestras contradicciones. Y lo más: que callamos sin saber exactamente lo que escondemos en el silencio… 

Entonces ¿cómo pretender abarcar al otro?

Por eso, la búsqueda interminable de explicaciones puede convertirse en un artificio caótico cuando escudriño al otro y la respuesta no llega. Y entonces ocurre algo insólito: descubro que la paz no está al final de la respuesta o la no respuesta. La paz aparece cuando dejo de necesitarla.

Sanar no significa descubrir por qué alguien hizo lo que hizo. Es, quizá, todo lo contrario: sanar encarna en el aceptar que no lo sabré.

Porque siempre habrá preguntas sin respuesta, historias que permanecerán inconclusas y acontecimientos cuyo sentido nunca podré reconstruir, ni siquiera a trozos.

Y sigo adelante. No porque entendí, sino porque dejé de necesitar entender para poder soltar.

Hoy tengo una certeza que les comparto: “Parte de sanar es aceptar que nunca vas a entender realmente lo que pasó.”


alefonse@hotmail.com

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