La popular frase del filósofo y político francés de extrema derecha, Joseph de Maistre (1851), “toute nation a le gouvernement qu’elle mérite” en su traducción al castellano cada pueblo tiene el gobierno que merece, está más viva que nunca a pesar de ser mencionada por primera vez en los tiempos de Napoleón Bonaparte. Trump, Bukele, Milei, Lula da Silva y Sheinbaum, tienen algo en común y es que todos son populistas radicales en su pensamiento y forma de hacer política, llámese de izquierda o de derecha pero nunca a medias, consecuencia de esto es la forma en cómo llegan a polarizar a sus ciudadanos, o están con ellos o contra la nación, principio básico de división maquiavélica. Sin embargo, ellos no podrían imponer un pensamiento tan radical sin el terreno fértil de una sociedad apática e indiferente.
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Dividir a los ciudadanos en buenos y malos, no es algo casual que haya iniciado con el expresidente Andrés Manuel López Obrador y la actual presidenta Claudia Sheinbaum en México cuando llaman traidores a la patria a quienes los critican, ni de Donald Trump cuando alardea de la frase “América para los americanos” y discrimina radicalmente a todos los que no sean estadounidenses “puros” en su nación. Polarizar al electorado responde a una estrategia bien calculada y replicada por los líderes populistas en todo el mundo.
El populismo, puede entenderse como un estilo muy particular de ejercer la política, tiene la característica principal de tener una persona, movimiento o partido que encarna la lucha por los intereses y valores de la población común frente a una élite, normalmente etiquetada bajo la premisa de la clase dominante de empresarios y políticos corruptos que abusan del ciudadano promedio, convirtiéndose en muchas ocasiones en la antagónica pelea entre ricos y pobres, opresor y oprimido. Para el populismo, es indiferente si quien representa esta exigencia es de izquierda o de derecha, si es conservador o liberal, mientras exista un pretexto antagónico que aprovechar, es suficiente. Rovira Kaltwaser y Mudde (2019), afirman: “el populismo es una ideología de base delgada que considera que la sociedad está dividida en última instancia en dos grupos homogéneos y antagónicos, el pueblo puro frente a la élite corrupta” (p.28). Los fifís corruptos de la clase alta contra los chairos del pueblo en México, el juego de división provocado por López Obrador y que la oposición aceptó.
No de en vano “erradicar la corrupción” y culpar a los políticos anteriores de todo lo malo de México a través del “PRIAN, la mafia del poder y Calderón”, es el mensaje rector que siempre ha mantenido Andrés Manuel López Obrador, su partido, su movimiento de la 4T y ahora su sucesora, la presidenta Claudia Sheinbaum; todo lo que no vaya alineado a ese discurso está fuera de la estrategia de polarizar a la ciudadanía. Lo mismo pasa con Donald Trump pero del lado conservador de la derecha, aquello que no sume al mensaje de engrandecer a América como el centro del mundo, ni a “Que Dios bendiga a América”, queda descartado; por eso tantas acciones radicales como los aranceles a todos los países, persecución a migrantes, hostigamiento a empresas para que fabriquen en Estados Unidos, discriminación a los colectivos LGBT y movimientos pro aborto, intervención extranjera en la vida política de otros países y mucho más.
Dividir en dos bandos al pueblo, es una contundente táctica de poder; ayuda a unificar y simplificar el resentimiento colectivo que pueda existir por múltiples problemas en el país a enfocarlo en uno solo, un culpable con nombre y apellido que se puede llamar de diferentes formas en el continente americano, “corrupción”, “oposición-adversarios” “orgullo nacional”, “inseguridad”, “menos derechos a los prisioneros asesinos”, “narcoterroristas”, “narcopolíticos”, etc; estar en contra o a favor, hace más fácil ubicar a una gran masa de personas leales a las que se puede manipular para retener el poder, en lugar de gastar esfuerzos y mensajes a distintos grupos segregados.
El reconocido analista político venezolano, Naím (2022), afirma: “la polarización no es una consecuencia accidental del populismo, es su estrategia central. El líder populista necesita fracturar la sociedad para presentarse como el único redentor posible de una de las partes” (p.45). No suena tan lejano cuando analizamos de cerca el comportamiento de la figura mesiánica de Andrés Manuel, Donald Trump o Javier Milei, los tres con gran popularidad en sus países y que generan controversia con cada palabra que dicen, curiosamente uno de izquierda radical y dos de ellos de extrema derecha y además grandes amigos.
Sin embargo, polarizar, no siempre responde solo a una estrategia populista, también es un claro síntoma de la incomodidad que genera alguien que se sale del sistema conocido o el discurso que se le quiere imponer a la mayoría, como el caso de Nayib Bukele, presidente de El Salvador, quien con su iniciativa de mano dura frente a los presos de sus cárceles, muchos de ellos asesinos, ha sido fuertemente criticado por diversos organismos internacionales por atentar contra sus derechos humanos ante las estrictas y limitadas condiciones en las que viven, sin mirar todos los cambios positivos que se han generado en materia de seguridad después de años viviendo a merced del crimen organizado.
Izquierda, centro o derecha no importa, mientras exista una población poco participativa, indiferente y con nulo pensamiento crítico, cualquier “pan y circo al pueblo” (1817), como dirían los romanos en la antigüedad, es entretenimiento puro para polarizar y mantener manipulada a una sociedad. Proponer iniciativas de ley que ponen en división al pueblo, en realidad no son propuestas por una genuina preocupación para quien desea mantener el poder, son solo pretextos perfectos para polarizar y seguir alimentando el odio entre los dos bandos, entre el gobernante y sus leales súbditos contra la oposición crítica, enemiga del pueblo. Ejemplos de estos hay muchísimos, abortistas contra pro-abortistas, defensores de la eutanasia contra defensores de la vida, apoyo a colectivos LGBT contra grupos conservadores, demócratas contra republicanos, empresarios contra sindicatos, etc.
Analizar con un ojo crítico cuales son los temas que se ponen en la agenda política en cada país, ayuda a leer mejor el pulso social de hacia dónde será el siguiente movimiento en el tablero de ajedrez de este juego llamado vida. La eterna dicotomía del malo y el bueno, siempre existirá, la diferencia radicará en quién se presta al juego y quién decide no participar.
Te leo: IG martinmrojas
Referencias
De Maistre, J. (1851). Lettres et opuscules inédits du comte Joseph de Maistre (Vol.1) [Recuperado por R. de Maistre]. p.215. E. Vaton
Naím, M.(2022). La revancha de los poderosos. p.45. DEBATE
Rovira Kaltwaser, C., Mudde, C. (2019). Populismo, una breve introducción. p.28. Alianza Editorial
Juvenal, D.J. (1817). Sátiras (L. Folgueras, trad./ed.). p.188. Doña Catalina Piñuela, Real Academia Española.