Viernes, 14 De Agosto De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La incapacidad tiene rostro

La verdadera historia de un mártir de papel

Rodolfo Herrera Charolet

Licenciado en Administración de Empresas. Escritor, articulista, periodista, pintor, exdiputado del H. Congreso del Estado y exfuncionario público del Gobierno del Estado de Puebla. Autor de más de veinte libros, en su mayoría sobre temas de corrupción y denuncia pública.

Viernes, Agosto 14, 2026

Tres episodios recientes, aparentemente distantes, ilustran con ironía mesurada una misma tensión de la vida pública: la delgada línea entre la convicción legítima y el cálculo que busca acomodo. Uno, el de una legisladora y sus cómplices que convirtieron el envejecimiento en materia de burla desde un podcast; otro, el de quienes pretenden reducir la representación popular a un gremio profesional; y el tercero, el de un opositor que ha hecho del martirio mediático su principal credencial. Los tres coinciden en un patrón observable: en la realidad los motivos suelen ser mixtos —convicción, cálculo y, con frecuencia, necesidad económica— y rara vez aparecen en estado puro.

Con "olor a baúl":

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El caso más inmediato es el de la diputada local de Morena y su compañera de bancada, junto a otras dos cómplices. En un episodio del podcast Descasadas, publicado el 21 de julio de 2026 y ampliamente difundido en redes y medios, se escucharon expresiones que asociaban el paso de los años con olores a “baúl del recuerdo” y con la idea de que “ya se están pudriendo”. 

El tono jocoso no atenuó el fondo edadista. La reacción ciudadana y partidista obligó a disculpas públicas, al cierre del espacio y a un procedimiento interno. 

Es justo reconocer, sin embargo, el valor de la popularidad mediática: en una democracia de masas, la capacidad de conectar con audiencias amplias constituye un activo real. Muchos votantes privilegian la cercanía y el alcance sobre el currículum técnico. La selección por encuestas de popularidad —práctica habitual de Morena y de otros partidos— no es, por sí misma, ilegítima; el problema surge cuando esa popularidad se traduce en un ejercicio del cargo que subestima la dignidad de sectores enteros de la población. 

Las posibles razones de las legisladoras pueden incluir desde un intento fallido de humor sobre dobles estándares de género hasta la simple ligereza de quienes se sienten protegidas por el éxito en redes. Motivos mixtos, una vez más.

El Congreso para "Abogados"

No menos revelador es el planteamiento que, desde ciertos círculos jurídicos, insiste en que para ocupar una curul se requiere título y cédula profesional de abogado. Según se ha difundido en redes y algunos espacios periodísticos, la postura habría sido impulsada por abogados presuntamente agrupados en una asociación. 

En los hechos, podría tratarse más bien de una opinión aislada de algunos juristas, sin que exista evidencia pública de una posición corporativa formal y mayoritaria. Como si la democracia fuera una franquicia de una élite jurídica y el resto de los saberes humanos debieran limitarse al papel de espectadores. 

Reducir la representación popular a un solo oficio no es un argumento de calidad; es un gesto de exclusión que olvida que la soberanía reside en la ciudadanía en su conjunto. La abogacía es una profesión respetable y necesaria. No es, sin embargo, la condición excluyente de la legitimidad democrática. 

Quienes la defienden pueden hacerlo por genuina preocupación por la calidad legislativa; también pueden hacerlo por el legítimo deseo de preservar un espacio de influencia profesional. De nuevo, motivos mixtos.

Mártir de Papel

El tercer episodio nos lleva al opositor al Cablebús en Puebla. Desde redes sociales denuncia amenazas de muerte mediante comentarios públicos, audios y llamadas telefónicas. Cualquier forma de intimidación es condenable. Oponerse a un proyecto de infraestructura de gran escala es un derecho ciudadano plenamente legítimo: existen argumentos técnicos, ambientales, de costo-beneficio y de prioridad presupuestal que pueden sostenerse con rigor. 

El problema aparece cuando el relato de la persecución se convierte en la principal credencial y cuando se habla de “amenazas” y de trayectorias sin acompañarlas de pruebas judiciales que las sustenten. Al hacerlo, el propio discurso camina cerca de la frontera de la imputación sin sustento formal. 

Los registros públicos no muestran contratos de consultoría a su nombre con el partido que dice haber servido, aunque sí documentan vínculos previos con funcionarios y entornos políticos cercanos, opositores al actual gobierno. Las posibles razones de este actor pueden incluir una convicción sincera sobre el proyecto, el deseo de construir un perfil propio dentro o fuera de su movimiento, o la necesidad de mantener relevancia pública. En política, rara vez existe una sola explicación. 

Oportunismo político

Los tres casos, observados con el debido equilibrio y a la luz de lo reportado en redes sociales y medios periodísticos, convergen en un mismo patrón. El oportunismo político, elevado a estrategia mediática, se convierte con frecuencia en el recurso más eficaz para asegurar un empleo en el gobierno, una curul de representación popular o acuerdos económicos que permitan a sus protagonistas sortear limitaciones intelectuales o materiales. 

No se trata de negar el derecho a la crítica ni a la legítima aspiración pública. Se trata de reconocer que, en la práctica, convicción, cálculo y necesidad suelen viajar juntos. La política, en su mejor expresión, exige algo más que popularidad, exclusividad gremial o martirio de papel. Exige, al menos, la capacidad de mirar más allá del propio interés… y de sostener con pruebas lo que se afirma.

¿O no lo cree usted?

 

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