Si usamos la idea de la película “La Odisea” de Chris Nolan como un viaje interno del protagonista, hay varios atletas que también han construido “odiseas deportivas”, estos son algunos ejemplos.
Como de costumbre, Chris Nolan entregó una película gigante (en tiempo y forma) que ha dividido críticas desde su reparto hasta su particular manera de contar “La Odisea”, el poema épico que se le atribuye a Homero que narra la historia de Odiseo (Ulises en latín) tras ser parte de la Guerra de Troya y su regreso a Ítaca que tardó veinte años (diez de la guerra de Troya y diez de un viaje lleno de retos y sinsabores) para encontrarse con su esposa, Penélope y su hijo Telémaco; el poema griego es considerado como uno de los primeros textos de la épica grecolatina, y, por tanto de la literatura occidental. En la película, Nolan narra los sucesos a partir de un viaje interno de Odiseo desde sus dudas, de sus traumas, de sus motivaciones y de sus esperanzas.
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Si seguimos esa misma idea: Dudas, traumas, motivaciones y esperanzas, el deporte está lleno de odiseas de sus protagonistas y el fin de semana nos regaló varias de ellas: Un grupo de mujeres desafiando la tradición ciclista en el Tour de Francia, escalando el Monte Ventoux, una de ellas superando una estrategia conservadora para ganar la gran vuelta en las últimas dos etapas para convertirse en la primera mujer que gana dos veces el Tour; la historia de la muerte de un padre de un futbolista muy famoso sin el que el mundo se habría perdido de un jugador especial; la historia de deportistas mexicanos que rompieron la marca de más medallas en una edición de Juegos Centroamericanos y del Caribe ya que ninguna delegación había alcanzado las 400 preseas; o en el pasado, varias historias de los jugadores que sí le dieron prestigio al Puebla de la Franja, un prestigio que, por desgracia, la actual directiva ha dilapidado con pésimos torneos, experimentos en el banquillo y futbolistas de escasa calidad.
Cuando se supere la era de la dictadura de los clics y de las vistas, cuando el tiempo ponga paños fríos a la viralidad y a las fake news, se podrá decir que los aficionados al futbol fueron privilegiados porque vivieron en una época con muchos gigantes que rompieron marcas que parecían insuperables; dirán que dos de ellos alargaron tanto sus carreras que jugaron seis mundiales, dirán que lejos de su talento natural fueron ejemplo de disciplina y constancia, de uno dirán que superó un entorno familiar complicado con un padre alcohólico para convertirse primero en un extremo explosivo, que luego reinventó su carrera para ser un goleador implacable y hambriento.
Del otro se dirá que reescribió la historia del futbol, que impuso marcas en cada competencia en la que dejó su sello y que fue capaz de convencer a sus propios aficionados de que era uno de los suyos, porque parte de su odisea fue dejar su país natal en la pubertad para perseguir el sueño futbolístico. Un problema de crecimiento lo alejaba de seguir jugando en su ciudad natal, en el equipo que seguía la familia, cerca de su abuela, para irse a una ciudad europea, firmar un primer contrato en una servilleta, mientras todos los días se inyectaba el tratamiento que costeaba su nuevo club a la espera de que la inversión diera frutos en unos años. El único que lo acompañó en esa travesía fue su padre, el mismo que falleció el fin de semana, el mismo que un día en el que el niño lloraba le dijo que si quería regresaban, porque Jorge Messi dejó todo, incluyendo a sus otros hijos y a su esposa para acompañar al pequeño Lionel en el sueño de llegar al futbol profesional. Lo logró vía el Barcelona, escribió las páginas doradas de un club ya de por sí histórico, pero con su selección el éxito mediático tardó en llegar e incluso fue cuestionado por los propios argentinos hasta que otro Lionel, Scaloni, encontró el ecosistema ideal para el joven que ya se había convertido en un veterano; por eso, las lágrimas de Messi al anotar el primer gol a Argelia en una dedicatoria silenciosa para su padre que ya sufría la enfermedad que lo llevó a la tumba. La historia de Lionel Messi es una odisea deportiva donde el rosarino es el protagonista, pero su padre tiene un papel clave en el desarrollo de esta historia.
La mayor de las odiseas de este fin de semana la escenificó una ciclista neerlandesa Demi Vollering de treinta años de edad que ganó por segunda ocasión el Tour de Francia. Dejemos que ella misma cuenta una historia que inició tarde para su disciplina y, que, sin embargo, ya ha ganado las tres grandes vueltas: Francia, Italia y España, las clásicas de mayor reputación como la Lieja-Bastonia-Lieja y el Tour de Flandes y a la que tal vez sólo le falta adorar con medallas olímpicas ya que, en dos participaciones, Tokio 2020 y París 2024, se ha ido con las manos vacías siendo la contrarreloj en tierras francesas la más cercana a subir al pódium al finalizar en quinto lugar. “Crecí en Pijnacker, siendo el mayor de cuatro hermanos en una familia dedicada al cultivo en invernaderos. Me apasionó el ciclismo desde muy pequeño, jugando con la bici en el barrio y participando en carreras locales de bicicletas de ruedas anchas. Llegué a competir en el Campeonato Nacional de este deporte y soñaba con convertirme en ciclista profesional algún día. Incluso lo escribí en mi diario”.
“Al ser la mayor de cuatro hermanos, primero me decanté por el patinaje sobre hielo. Entrené en Zoetermeer y más tarde competí en el Uithof de La Haya. Finalmente, a los 16 años, me uní al RWC Ahoy y después a RestoreCycling, compitiendo a nivel nacional. Aun así, el ciclismo seguía siendo secundario para mí, ya que el patinaje sobre hielo era mi principal pasión. Mientras tanto, compaginaba mis estudios de diseño floral con trabajos en floristerías e invernaderos, además de entrenar a niños en el club local de patinaje sobre hielo”.
Su historia cambió cuando conoció a su prometido, Jan de Voog, quien tras un campamento en las Ardenas se sorprendió por la capacidad de recuperación de Vollering y la animó a dejar el patinaje artístico, sus proyectos en la floristería y dedicarse al ciclismo “empecé a creer de nuevo en mi sueño de niña”, cuenta en su página la ciclista. Debutó como profesional en 2019, a los veintitrés años, en la Lieja-Bastonia-Lieja con un tercer lugar, dos años más tarde fichó para uno de los equipos más importantes el Worx donde fue compañera de una de las líderes del pelotón, Anna van der Breggen, y en 2022 fue segunda en el Tour de Francia para que un año más tarde se convirtiera en campeona brillando en el Tourmalet, uno de los puertos de montaña míticos para hombres y mujeres. “El año 2023 fue extraordinario: gané 17 carreras, incluyendo las tres Clásicas de las Ardenas consecutivas, y alcancé mi mayor objetivo de la temporada: ganar el Tour de Francia Femenino. Gracias a todas esas victorias, me convertí en la mejor ciclista del mundo. Fue un momento realmente especial y fui galardonada con el Velo d'Or”.
En 2024 una caída cuando era líder complicó el objetivo de repetir como campeona del Tour de Francia; en la última etapa que se coronaba en el Alpe de Huez ganó con una exhibición después de una escapada en solitario a falta de cincuenta kilómetros, pero Kasia Niewiadoma mantuvo cuatro segundos para coronarse y dejar a la neerlandesa en la segunda posición, Vollering lloró ya que había ganado una de las etapas más prestigiosas, pero había perdido el Tour.
Este año siempre estuvo en el grupo de favoritas, pero tras la contrarreloj donde se instaló en la segunda posición tras la suiza Marlene Reusser, en la antepenúltima etapa dio la impresión de haber sido muy conservadora en la táctica al quedarse en la rueda de Reusser y no seguir a Niewiadoma quien se hizo con el liderato también con una brillante jornada que escribió una gran página para el ciclismo femenil, pero, sobre todo, en general. Al día siguiente, Vollering atacó, había comenzado a quince segundos de la polaca y terminó con ocho de ventaja. La última etapa entre Niza y el Col d´ Eze decidió cuando la neerlandesa volvió a atacar para dejar en claro que era la campeona. Una odisea para una mujer que llegó tarde al ciclismo de ruta y que, sin embargo, desde su irrupción se ha convertido en la gran referencia de un ciclismo femenino al alza porque ella es su referente, pero el Tour que terminó ayer fue una muestra de la capacidad de las mujeres; esa llegada en el Monte Ventoux con todas exhaustas, pero cumpliendo el reto es una gran estampa para mostrar a todos aquellos que dudan de la calidad del deporte femenil.
El camino para Vollering de dejar su sueño infantil para practicar otra disciplina deportiva y centrarse en el negocio familiar de la floristería para explotar de una manera tardía, pero definitiva, es una odisea deportiva; el mismo Tour de Francia femenino es una odisea deportiva de la que formó parte con gran resiliencia y capacidad de lucha, la mexicana Romina Hinojosa quien con condiciones muy difíciles (porque su equipo Lotto perdió integrantes desde la primera etapa), pero las tres que se quedaron lucharon con todo lo que tenían para llegar a la meta final, fue una gran experiencia para Romina que se suma a los buenos resultados que el ciclismo mexicano de ruta ha ido recolectando no sólo con Isaac del Toro en el pódium del tour o con Romina, sino con una serie de ciclistas jóvenes que ya ruedan en Europa con buenos resultados en vueltas de una semana.
Odiseas deportivas: La de dos veteranos apurando sus últimos veranos en las canchas, la de una ciclista que impone marcas en el deporte que soñó, pero que había dejado de largo para cumplir con el negocio familiar; la de una mexicana que muy lejos de su casa abrió camino al completar el Tour de Francia; la de un chileno que llegó joven a Puebla con mucha expectativa y que tras una primera campaña de altibajos en la que no tuvo la mejor relación con el timonel de la época fue enviado al otro equipo de la ciudad con el que explotó al anotar veinte goles que lo salvaron el descenso para regresar a la Franja y convertirse en el segundo goleador histórico del club, ganar copa y liga, llegar a otra final tras una noche en la que salió a hombros al anotar tres goles y terminar en la portería tras la expulsión a Pablo Larios: El Búfalo del área se quedó a vivir en Puebla en otra odisea deportiva.
Cris Nolan es un contador de historias, uno con un sello propio de gran calidad, pero más allá de que serán los cinéfilos y los expertos los que valoren su nueva película, si lo acompañaos en su idea del viaje personal del héroe, el deporte tiene varias odiseas y más allá de eso, la importancia de la película conecta con una idea externada al principio de este artículo: Se trata de uno de los primeros textos de la civilización occidental, un texto que se calcula se escribió en el sigo VIII antes de Cristo, sigue generando interpretaciones lo que quiere decir que en Occidente seguimos contando historias: De vida, deportivas o sociales, pero el signo de la civilización occidental es su capacidad para contar, un rasgo que no debemos perder, sobre todo, en los tiempos de los contenidos cortos y de la viralidad.