Domingo, 9 De Agosto De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El orgullo de estudiar en la BUAP

UNAM en su examen de admisión 2026

Josél Moctezuma

Periodista con más de 20 años de experiencia en radio, prensa escrita, medios digitales y producción de noticias para televisión.

Ha colaborado en medios como Grupo ACIR, Periódico 24 Horas, Parabólica MX, Los Fuertes MX, Contrastes Puebla, Diario ABC y Enlace Noticias. Además, fue corresponsal en Puebla para Panorama Informativo y 88.9 Noticias, de Grupo ACIR Nacional.
Es fundador y director de la plataforma informativa www.noticiasconmoctezuma.com⁠, así como coordinador de ediciones regionales del periódico La Opinión, Diario de la Mañana.

Domingo, Agosto 9, 2026

Un sistema puede lucir impecable en el diseño, en la promesa, en el discurso de presentación, pero la verdad de cualquier proceso —tecnológico, institucional o humano— se revela cuando corre en tiempo real, frente a decenas de miles de usuarios que dependen de que funcione.

Más artículos del autor

Semanas atrás, dos universidades mexicanas corrieron el mismo tipo de prueba y solo una la aprobó.

La Universidad Nacional Autónoma de México, la máxima casa de estudios del país, enfrenta una crisis institucional sin precedentes. Su examen de admisión a licenciatura, aplicado por primera vez de forma completamente en línea, se topó con un fraude y un engaño masivo que obligó a la institución a repetir la prueba de manera presencial para 58 mil 400 aspirantes.

Un algoritmo diseñado para filtrar mérito, terminó filtrando trampa.

La modernización, cuando se implementa sin blindaje, no es garantía de nada; es apenas una puerta más ancha para quien busca colarse por ella.

Mientras tanto, en Puebla, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla sostiene un proceso de admisión que, edición tras edición, se ha ganado algo que no se compra con presupuesto ni con historia: la confianza.

La BUAP concluyó las inscripciones de más de 34 mil 500 estudiantes de nuevo ingreso, distribuidos entre cerca de 11 mil 500 aspirantes de preparatorias y bachilleratos y casi 23 mil de licenciaturas e ingenierías, cifra que fue en aumento con los complejos regionales y el corrimiento de lugares.

No hubo fraude que denunciar ni examen que repetir. Hubo, simplemente, un sistema que funcionó como debía.

Esa diferencia no es menor y merece decirse sin medias tintas: mientras la UNAM enfrenta el desgaste de explicar cómo miles de aspirantes hicieron trampa ante las narices de su propia plataforma, la BUAP pudo dedicar esta semana a recibir con los brazos abiertos a su nueva generación.

El contraste entre ambas instituciones no habla solo de tecnología; habla de planeación, de blindaje y, sobre todo, de la responsabilidad de cuidar un proceso del que depende el futuro de decenas de miles de familias.

La rectora Lilia Cedillo Ramírez lo resumió con una frase que vale la pena subrayar: los estudiantes son "el corazón de la BUAP". Y lo son porque la institución ha entendido, después de más de cuatro décadas de convivencia con su comunidad, que una universidad pública no se mide por sus edificios ni por sus siglas, sino por su capacidad de sostenerse como un espacio transformador que cambia vidas y abre puertas al futuro. Eso, precisamente, es lo que estuvo en juego —y lo que se puso en riesgo— en la crisis que hoy enfrenta la UNAM.

A los más de 34 mil jóvenes que ya completaron su trámite de inscripción como parte de la manada de Lobos BUAP, hay que decirles con toda claridad: se lo ganaron. No llegaron por una falla del sistema ni por una grieta en la plataforma; llegaron porque su examen se aplicó, se calificó y se respetó con la seriedad que merece cada aspirante. Ese es el verdadero prestigio de una institución, no prometer que el proceso será perfecto, sino demostrar, examen tras examen, que lo es.

Éxito a la nueva generación de Lobos BUAP: fuertes, valientes y persistentes.

EL CHAROLAZO QUE EXHIBIÓ LA ARROGANCIA DE RAYMUNDO CUAUTLI

Nadie, por más alto que sea su rango dentro de una institución, tiene autorización para saltarse las reglas que rigen a todos los demás. Eso, exactamente, es lo que Raymundo Cuautli Martínez intentó hacer la noche en que su vehículo terminó involucrado en un incidente vial en la zona de Ciudad Judicial: usar su cargo como si fuera una contraseña maestra capaz de sobrescribir el reglamento de tránsito.

El video, grabado por cámaras de solapa policiales y hoy viral en redes sociales, no necesita mayor interpretación. Ahí está el delegado de la Secretaría de Bienestar exigiendo que no le levanten la voz porque se encontraba, según sus propias palabras, ante policías que no reconocían a una "autoridad superior".

También quedó exhibida, en tiempo real, la llamada telefónica al entonces secretario de Seguridad Pública municipal, Luis Flores Fierros, pidiendo una intervención que el propio funcionario policiaco se negó a conceder. Y ahí, finalmente, está la amenaza apenas velada de que "ya llegará el momento de poner orden" en el municipio, en clara referencia a sus aspiraciones —ya conocidas en la región— de convertirse algún día en alcalde.

Es vergonzoso que Cuautli presuma un cargo de delegado para intentar evadir una revisión de tránsito usando el conocido "charolazo".

Cuautli Martínez ha salido a defender su honra: niega haber conducido, niega haber estado bajo los efectos del alcohol y asegura que la filtración del video responde a una campaña de desprestigio en su contra, derivada de señalamientos previos que él mismo hizo sobre presuntas irregularidades financieras en el ayuntamiento.

Nos leemos pronto.

Vistas: 24
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs