Hay dolores, preocupaciones, sufrimientos e incertidumbre que no aparecen en los estudios médicos, que no se reflejan en una tomografía y que tampoco pueden medirse con cifras. Son los dolores que viven quienes acompañan a un ser querido durante una enfermedad grave como lo es el cáncer, los cuidadores. Padres, madres, esposos, esposas, hijos, hermanos y amigos, quienes, de un día para otro, dejan de lado sus propios proyectos para convertirse en cuidadores de tiempo completo, una actividad generosa, silenciosa y en muchas ocasiones sin pago económico, más que la satisfacción de cuidar y acompañar.
Más artículos del autor
Todos hemos conocido a alguien que ha padecido una enfermedad tan agresiva como el cáncer, en cualquiera de sus modalidades y a cualquier edad. También conocemos historias de personas que lucharon con valentía hasta el último momento y de familias que, además de enfrentar la incertidumbre del diagnóstico, tuvieron que soportar el peso económico, emocional y físico que implica un tratamiento tan complicado, costoso y además prolongado.
Quiero aprovechar para reconocer y honrar el recuerdo de dos personas, un gran amigo: Juan Pablo Adame, quien nos demostró en diferentes ocasiones su vocación política dando testimonio de la búsqueda del Bien Común y de manera especial a mi padre: Luis Castro, quien lamentablemente falleció debido al cáncer cuando un servidor tenía apenas 16 años; su amor, recuerdo y legado permanecerán por siempre.
Quienes cuidan a un enfermo rara vez tienen descanso. Aprender el nombre de medicamentos que nunca imaginaron pronunciar, memoriza horarios, acompañar a consultas, esperar durante horas en hospitales y, muchas veces, dejan de trabajar para atender a quienes aman. Mientras el paciente libra una batalla por su salud, el cuidador sostiene otra igual de difícil, aunque pocas veces sea reconocida y la mayor parte del tiempo es llevada en silencio y soledad.
Ninguna palabra puede aminorar las dificultades ni el sufrimiento que provoca una enfermedad como el cáncer. Sin embargo, una sociedad sensible sí puede construir mecanismos para que esa carga sea un poco menos pesada.
En ese sentido, la iniciativa presentada por un servidor el año pasado, busca establecer un apoyo económico para ayudar a quienes enfrentan un diagnóstico de cáncer. Más allá de las diferencias políticas que puedan existir, vale la pena poner en el centro la dignidad de las personas y las necesidades de quienes atraviesan uno de los momentos más difíciles de su vida.
Lo importante de esta iniciativa es que no pretende convertirse únicamente en un programa temporal o en una acción de buena voluntad. Su propósito es quedar establecida en la ley para que, independientemente de quién gobierne, las familias que enfrenten esta enfermedad puedan contar con un respaldo institucional que les brinde un poco de alivio en medio de tantas preocupaciones.
Las políticas públicas más valiosas son aquellas que trascienden administraciones y colores partidistas. Cuando un derecho queda protegido por la ley, deja de depender de la voluntad política del momento y se convierte en una garantía para quienes más lo necesitan.
Revaloricemos el papel de los cuidadores. Son miles las personas que sostienen hogares enteros mientras acompañan a un familiar enfermo, muchas veces en soledad, con enormes sacrificios personales y sin recibir reconocimiento alguno.
Quienes tenemos el privilegio de ser representantes populares o de formar parte de un gobierno no deberíamos perder nunca de vista que la principal motivación del servicio público debe ser la búsqueda del Bien Común. Esa es la esencia de la política cuando realmente cumple su propósito: aliviar las dificultades de las personas, especialmente de quienes viven las circunstancias más adversas.
Porque al final, una sociedad no se mide únicamente por el tamaño de su economía o por la cantidad de obras que inaugura. También se mide por la forma en que acompaña a quienes sufren, protege a los más vulnerables y reconoce que, detrás de cada paciente, existe una familia entera librando una batalla que merece ser vista, escuchada, apoyada y reconocida.
No quisiera dejar de reconocer el amor y fortaleza de mi madre, hermanas y hermanos, no es fácil vivir y luchar contra una enfermedad como el cáncer, gracias por su generosidad y apoyo.
Nos leemos en:
X: @MarcosCastro40
Instagram: @MarcosCastroMtz
Facebook: Marcos Castro