Jueves, 18 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

No se puede tapar el sol con un balón o un Mundial

México, en medio de una crisis de inseguridad y violencia que el Mundial no puede ocultar

Marcos Castro Martínez

Politólogo (UNAM), maestro en Administración Pública (IAP) con diplomados en Análisis Político (IBERO) y en Economía Social (UDLAP). Funcionario en la Procuraduría Agraria y SEDESOL; director de Atención Ciudadana y regidor. Secretario General Estatal del PAN en tres ocasiones y actualmente diputado local, coordinador del Grupo Parlamentario.

Miércoles, Junio 17, 2026

Le fiesta del futbol llegó a nuestro país, y mientras millones de personas alrededor del mundo observan los estadios llenos, los goles y la fiesta que sólo los mexicanos sabemos disfrutar, así como todo lo que representa este evento de talla internacional, México aprovecha el escaparate internacional para mostrar su mejor rostro.

En efecto las imágenes que recorren el planeta hablan de ciudades fraternas, turismo y una extraordinaria capacidad de inclusión entre la afición. Es el México que todos queremos presumir y que desearíamos fuera así siempre y no solo en eventos como estos.

Más artículos del autor

Sin embargo, hay muchos peros lamentablemente, pues está el México de las madres buscadoras, el México donde la violencia y el crimen organizado crecen día a día. Estadísticas como las de México Evalúa señalan que se ha producido un aumento del 200 % en las desapariciones en los últimos años. No olvidemos al México de los escándalos de corrupción como el del exalcalde de Tequila, Jalisco, Diego Rivera Navarro y el México donde se protegen a políticos relacionados con el narcotráfico como a Rubén Rocha y demás acusados.

Estas realidades no aparecen en las transmisiones oficiales ni en los videos promocionales, estas realidades que como dicen, no se pueden tapar con un dedo ni mucho menos con un balón o un mundial.

Es el México donde la Presidenta prefiere recibir a un grupo de K-Pop y generar un espectáculo mediático en lugar de familias que siguen buscando a un hijo o una hija, una madre o un hermano o hermana desaparecidos. El México en donde Morena prefiere minimizar, estigmatizar y bloquear a los colectivos de búsqueda, mientras recorren cerros, ranchos y terrenos baldíos con la esperanza de encontrar respuestas que las instituciones no han podido ofrecer.

Es el México donde la violencia dejó de ser una noticia extraordinaria para convertirse en parte de una muy lamentable rutina, dónde todos los días escuchamos noticias de balaceras, ataques y muertes.

Durante años se criticó la llamada guerra contra el narcotráfico, se prometió que cambiaría la estrategia de seguridad y que llegarían tiempos de paz; no obstante, aquella guerra es un juego de niños a comparación de lo que vivimos hoy en día. Recuerda cuando veíamos de manera lejana lo que ocurría en estados del norte o en Michoacán, ahora lo vivimos a todas horas en nuestro propio estado.

Esta realidad ha demostrado que el C.O. mantiene una enorme capacidad de operación en distintas regiones del país. Extorsiones, cobro de piso, desplazamientos forzados, asesinatos y enfrentamientos continúan afectando la vida de millones de mexicanos, mientras el discurso oficial aprovecha para decir que la gente está “feliz, feliz, feliz, feliz, requetefeliz” (citando a la presidenta en su mañanera)

Pero no, la crisis no termina con el silbatazo en la cancha. En hospitales públicos, no hay “medio tiempo” para miles de pacientes que siguen esperando medicamentos e insumos indispensables. De hecho, familias enteras han tenido que recorrer farmacias privadas, organizar colectas o suspender tratamientos porque el sistema de salud tal pareciera que les sacó la tarjeta roja y no ha logrado responder con la eficacia prometida, pues aunque les cueste a la 4T y aliados ¡aún no somos Dinamarca! y para quien necesita un medicamento que puede significar la diferencia entre vivir y morir, las cifras oficiales poco alivian.

A ello se suma un problema que Morena prometió erradicar y barrer de arriba hacia abajo, pero tal parece que solo levantaron la alfombra para ocultar el polvo y evitar que los ciudadanos veamos como la corrupción aumenta conforme avanzan los días. En consecuencia, comenzaron a acumularse investigaciones periodísticas, denuncias y expedientes que involucran a funcionarios, exfuncionarios y personajes cercanos al oficialismo en presuntos actos de corrupción, enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias y uso indebido de recursos públicos.

A esto se agregan diversos señalamientos e investigaciones sobre presuntos vínculos entre algunos actores políticos y organizaciones del narcotráfico o del C.O. incluso sus actos anticipados de campaña, donde se violan los tiempos permitidos por la ley, asuntos que corresponden a las autoridades esclarecer conforme al debido proceso y no escondiéndolos y tratando que se olvide el tema como si se tratase de lo que viralmente se conoce como “funa” en redes sociales. Más allá del desenlace jurídico de cada caso, el costo político para un movimiento que hizo de la honestidad su principal bandera resulta evidentemente alto.

Mientras tanto la atención nacional e internacional se concentra en las canchas, las zonas de aficionados y las ceremonias. Durante algunas semanas, el futbol desplazará a la política de las primeras planas y la conversación pública gira alrededor de resultados deportivos, visitantes extranjeros y derrama económica mientras la 4T y aliados aprovechan y esperan que la crisis se vea opacada.

Y no me malinterprete, nada hay de malo en celebrar una Copa del Mundo, su servidor disfruta de los partidos y me será inevitable emocionarme con las victorias de la Selección Nacional, es motivo de orgullo que México vuelva a recibir un evento de semejante magnitud. Lo que nos duele es la situación en la que esto ocurre, ojalá todas las familias pudieran disfrutar de estos eventos, sin miembros desaparecidos. La euforia deportiva no puede sustituir la discusión sobre los grandes problemas nacionales o convertirse en una cortina que permita minimizar una realidad que millones de ciudadanos sufren todos los días.

Cuando termine el último partido y las cámaras internacionales abandonen el país, las madres buscadoras seguirán buscando. Los pacientes seguirán esperando medicamentos y tratamientos. Las víctimas de la violencia seguirán exigiendo justicia. Y los mexicanos volverán a preguntarse cuándo llegará el país seguro y próspero que durante tantos años nos han prometido desde el gobierno actual.

Aún así, sería profundamente injusto confundir al gobierno con México. Los mexicanos somos más que el oficialismo, somos más que la 4T. Si algo ha quedado claro durante este Mundial es que el verdadero protagonista no es la clase política, aunque disfracen al miedo a la crítica y el abucheo de aplausos y elogios controlados. Los mexicanos han vuelto a demostrar aquello que ninguna administración gubernamental puede adjudicarse: su inmensa calidad humana.

Quienes han visitado nuestro país han encontrado calles llenas de música, familias dispuestas a ayudar, comerciantes orgullosos de su cultura, voluntarios comprometidos y una afición que entiende el futbol como una celebración y no como una oportunidad para olvidar. Esa hospitalidad no nació de la 4T ni terminará cuando concluya el torneo. Es parte del carácter nacional.

El balón regresó a casa, sí, pero ojalá lo hicieran las y los desaparecidos, ojalá los medicamentos y tratamientos regresaran al sistema de salud gratuito, ojalá la paz y tranquilidad regresen a nuestras calles, pues el Mundial pasará. Las fotografías, los goles y las ceremonias quedarán para la historia y sin duda muchos quedarán en nuestro corazón.

Pero el verdadero reto de México seguirá siendo mucho más grande que formar parte de un evento internacional. Será recuperar la seguridad, garantizar la justicia, reconstruir un sistema de salud digno y demostrar que ningún proyecto político está por encima de la ley.

El éxito de un evento deportivo puede medirse en estadios llenos, pero el éxito de un país, se mide por la tranquilidad con la que viven sus familias, se mide en el reconocimiento de los ciudadanos a su gobierno, cosa que hoy la Cuarta Transformación no tiene.

¿Usted qué opina? Nos leemos en:
X: @MarcosCastro40
Instagram: @MarcosCastroMtz
Facebook: Marcos Castro

 

Vistas: 34
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs