Estimada y estimado lector, hace ya siete años del inicio de la llamada Cuarta Transformación y creo conveniente hacer una reflexión sobre la compleja realidad que atraviesa México, en este sentido, no está de más un análisis serio y objetivo sobre los resultados del proyecto político que prometió transformar la vida pública del país. Más allá de los discursos, las consignas y la polarización que domina en la sociedad, los ciudadanos tienen el derecho y la obligación de evaluar a sus gobiernos a partir de los hechos y no solo de los discursos y las ideologías.
Para empezar, no podemos minimizar temas que han generado preocupación, como el huachicol fiscal, una falla sistemática que implica corrupción y evasión de impuestos mediante la importación irregular de combustibles y que representa pérdidas multimillonarias para las finanzas públicas de México. En efecto, lo que en algún momento se presentó como una batalla frontal contra el robo de combustibles ha derivado en cuestionamientos sobre la para combatir nuevas formas de corrupción y redes de intereses que continúan operando bajo distintas modalidades.
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A ello se suma la persistente crisis en el sistema de salud, durante años millones de mexicanos han enfrentado dificultades para acceder a medicamentos básicos, tratamientos especializados y atención oportuna. La desaparición de mecanismos anteriores como el “Seguro Popular” y las promesas de contar con un sistema de salud comparable a los mejores del mundo contrastan con la realidad de hospitales desabastecidos, pacientes que deben adquirir sus propios medicamentos y estrategias improvisadas que, para muchos ciudadanos, resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.
Los "carritos de farmacia" o esquemas temporales de distribución han sido vistos por diversos sectores como soluciones parciales que no sustituyen una política integral de abasto y atención médica y aunque Morena y aliados se cansen en evadirlo, no, no tenemos un sistema de salud mejor que en Dinamarca.
Por otro lado, la crisis en materia de seguridad pública representa otro de los grandes desafíos pendientes. Las cifras de violencia, desapariciones, presencia y avance del crimen organizado continúan generando preocupación en amplias regiones del país, tal es el caso de la Sierra de Guerrero, donde lamentablemente la violencia ha hecho que comunidades rurales y en pobreza se vean afectadas el punto tal que han tenido que desplazarse.
Mientras el gobierno ha defendido una estrategia basada en la atención a las causas sociales de la violencia, creyendo que todo se soluciona con becas; numerosos sectores de la sociedad cuestionan la efectividad de las acciones implementadas frente al poder territorial y económico de las organizaciones criminales que en muchas ocasiones controlan economías locales y que lamentablemente cada día encrudecen la violencia en el país.
Así mismo, las acusaciones sobre una supuesta tolerancia o protección hacia grupos del C.O. han profundizado la desconfianza de una parte importante de la ciudadanía. Independientemente de las posiciones políticas, resulta evidente que el Estado mexicano enfrenta el enorme reto de garantizar la aplicación imparcial de la ley y recuperar la confianza de quienes consideran que la justicia no siempre actúa con la misma firmeza para todos.
De igual forma, la frase que se convirtió en uno de los pilares morales del movimiento gobernante —"No mentir, no robar, no traicionar"— ha sido objeto de cuestionamientos debido a diversos escándalos, contradicciones y casos de presunta corrupción que han involucrado a personajes cercanos al poder, pareciera que hoy su filosofía es sólo un discurso hueco e incoherente. Cuando las palabras no coinciden con los hechos, la credibilidad institucional se debilita y la confianza ciudadana se erosiona.
Sin embargo, sería injusto generalizar. No todos los hombres y mujeres que participan dentro de la Cuarta Transformación responden a los mismos intereses ni actúan bajo las mismas motivaciones. Existen servidores públicos, activistas, líderes sociales y ciudadanos comprometidos que durante años han trabajado por causas legítimas, han luchado por la justicia social sin recurrir al populismo, al gatopardismo ni a la manipulación de la verdad para alcanzar posiciones de poder, triste es que cada vez pierden terreno frente a políticos pragmáticos y faltos de ética.
Por consiguiente, México necesita reconocer y valorar a quienes, independientemente de su militancia política, mantienen la congruencia entre sus principios y sus acciones. La democracia se fortalece cuando los ciudadanos son capaces de distinguir entre políticos oportunistas que se sirven de los movimientos sociales y aquellos que verdaderamente buscan servir a la sociedad.
Hoy más que nunca, el país requiere superar la lógica de la confrontación permanente, los ataques y las denostaciones. Los grandes desafíos nacionales no distinguen colores partidistas ni ideologías. La inseguridad, la pobreza, la desigualdad, la corrupción y el rezago en servicios públicos afectan a todos los mexicanos sin importar por quién votaron.
Por ello, es importante hacer un llamado a los ciudadanos de buena voluntad, policías, carpinteros, doctores, profesoras, mecánicos, estudiantes, estilistas, comerciantes, a todos sin excepción y sin importar sus preferencias políticas, hoy más que nunca estamos llamados a dirigir el rumbo del país que queremos para futuras generaciones. El futuro de México debe construirse desde la participación responsable de toda la sociedad basada en el análisis objetivo.
Como se expresó en una frase que invita a reflexionar sobre el tipo de ciudadanía que el país necesita “Más Marus, menos Rochas”. Es decir, más mexicanos comprometidos con el esfuerzo, la responsabilidad y la construcción del bien común, y menos personajes dedicados a la opacidad, la confrontación y la polarización. Sólo así podremos avanzar hacia un México más fuerte, más justo y más unido, pues todas y todos tenemos Patria antes que partido.
¿Usted qué opina? Por último, quiero agradecer a Dania Michelle Montes, José Carlos Fortiz y Miguel Mino, por su apoyo y generosidad en el desarrollo de esta columna.
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