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OPINIÓN

El México que no fue invitado al informe

Millones de mexicanos continuaban enfrentando problemas que siguen esperando soluciones

Rafael Micalco Méndez

Licenciado en Administración UPAEP; miembro activo del PAN desde 1988; consejero nacional y estatal; expresidente CDM PAN Amozoc 1999; expresidente estatal PAN Puebla en 2006-2009 y 2012-2015; exdelegado federal del Trabajo 2010; exsecretario CEN PAN 2018. Ha sido diputado federal y actualmente es diputado local en Puebla.

 
 
 
 

Martes, Junio 2, 2026

Las victorias electorales tienen una enorme importancia en cualquier democracia, ya que representan la confianza que millones de ciudadanos depositan en un proyecto político, en una visión de país y en la promesa de un futuro mejor. Sin embargo, conforme transcurre el tiempo, los triunfos en las urnas dejan de medirse por los votos obtenidos y comienzan a evaluarse por los resultados entregados.

Dos años después de la victoria electoral que llevó a Morena a mantenerse en la Presidencia de la República, el gobierno federal organizó un acto masivo en el Monumento a la Revolución encabezado por la Presidenta con A. Más allá de la celebración partidista, el evento también se convirtió en una oportunidad para enviar mensajes políticos, defender la narrativa gubernamental y reafirmar el rumbo que la actual administración considera correcto para el país.

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Y cuando un gobierno decide celebrar, la pregunta natural no es solamente qué ocurrió hace dos años, sino qué ha sucedido durante estos dos años de ejercicio del poder.

Lo ocurrido el domingo pareció trascender una simple conmemoración política para convertirse en un festejo diseñado para celebrar una transformación que, según el discurso oficial, avanza a paso firme, pero que para millones de mexicanos sigue siendo difícil de encontrar en sus comunidades, ciudades y hogares.

Y es que mientras desde el templete se hablaba de transformación, bienestar y avances históricos, fuera del escenario existe otro México. El México que enfrenta inseguridad, extorsiones, desapariciones, violencia extrema, servicios de salud que no son mejores que en Dinamarca y una economía que discrepa mucho de la narrativa morenista que se presentó durante el evento. Porque una cosa es el país que se describe desde un micrófono y otra muy distinta es el país que lacera todos los días a las familias mexicanas.

La pregunta resulta inevitable: ¿qué exactamente se estaba festejando?

¿Se celebraban los resultados en materia de seguridad mientras amplias regiones del país continúan enfrentando la presencia y operación de grupos criminales? ¿Se celebraba un sistema de salud que aún enfrenta cuestionamientos constantes por parte de pacientes y personal médico?

Morena llegó al poder prometiendo terminar con las viejas prácticas que durante décadas criticó, prometieron acabar con la propaganda disfrazada de rendición de cuentas. Sin embargo, con el paso de los años pareciera que no solamente adoptaron muchas de esas prácticas, sino que las perfeccionaron.

Hubo una imagen que resumió mejor que cualquier discurso la contradicción política que hoy enfrenta Morena, fue aquella consigna que volvió a escucharse durante el evento de la Presidenta con A: “¡No estás sola!”. La misma frase que diputados de Morena en San Lázaro meses atrás utilizaron para arropar públicamente al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, en medio de una de las peores crisis de violencia que ha vivido esa entidad y de múltiples cuestionamientos nacionales sobre su actuación frente al crimen organizado, misma frase que vitorearon en favor de Salgado Macedonio en sus acusaciones por violación o de Cuauhtémoc Blanco también por violación.

Y aunque oficialmente todo se presenta como un acto de apoyo ciudadano, resulta difícil ignorar las historias que se repiten una y otra vez sobre listas de asistencia, reportes fotográficos, pases de lista y advertencias veladas para quienes deciden no acudir, y aún así en el caso de Puebla el escenario quedó medio vacío.

Finalmente, uno de los momentos más interesantes del evento fue cuando la Presidenta con A, afirmó que México no acepta injerencias extranjeras y que nuestro país no es piñata de nadie. Defender la soberanía nacional es una obligación de cualquier jefe de Estado y nadie puede estar en desacuerdo con ello. Lo que resulta increíble es por qué el gobierno parece más dispuesto a confrontar permanentemente al principal socio comercial de México (Estados Unidos) que a enfrentar con mayor contundencia la amenaza que representa el crimen organizado para millones de mexicanos. Porque la verdadera fortaleza de una nación no se demuestra peleándose con sus aliados estratégicos, sino resolviendo los problemas que afectan a sus ciudadanos.

Y precisamente ahí aparece una de las contradicciones más evidentes del actual gobierno. Mientras se rechazan cuestionamientos provenientes del exterior bajo el argumento de la soberanía nacional, las preocupaciones que surgen dentro del propio país suelen recibir una respuesta similar: descalificaciones, polarización o acusaciones de conspiración política. Todo cuestionamiento parece convertirse automáticamente en un ataque de los adversarios. Toda crítica se interpreta como una agresión. Toda observación incómoda se atribuye a intereses políticos.

Sin embargo, la realidad es mucho más difícil de combatir que cualquier adversario político.

Porque los ciudadanos observan la violencia que continúa golpeando comunidades enteras, observan cómo continúan apareciendo noticias relacionadas con grupos criminales, los señalamientos internacionales que han colocado bajo escrutinio a diversos personajes vinculados al oficialismo y observan las contradicciones entre lo que se promete y lo que realmente ocurre.

La pregunta entonces vuelve a surgir: ¿Qué exactamente se estaba festejando?

Porque los gobiernos pueden organizar eventos masivos, pueden llenar plazas, construir discursos, generar consignas, pero ninguna de esas cosas modifica la realidad que millones de mexicanos enfrentan todos los días.

Quizá el problema no fue el informe, quizá el problema fue el festejo.

Porque los gobiernos celebran cuando alcanzan objetivos. Las naciones, en cambio, exigen resultados. Y mientras Morena organizaba un acto para tratar de convencernos de que todo marcha por el camino correcto, millones de mexicanos continúan enfrentando problemas que siguen esperando soluciones.

Porque los discursos duran unas horas, pero la realidad permanece todos los días.

Los gobiernos pueden convencerse a sí mismos de que todo marcha bien. Lo verdaderamente difícil es convencer a los ciudadanos. Porque la legitimidad no se mide por el tamaño de una concentración, sino por la confianza que genera un gobierno. Y esa confianza, hoy más que nunca es nula. ¡Rompa el pacto, Presidenta!

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