Parece que fue ayer, todavía se grita con pasión el primer gol del Mundial de Alessandro Altobelli en el Estadio Azteca. Todavía el Coloso de Santa Úrsula palpita con el abucheo sonoro al presidente Miguel de la Madrid tras su lenta respuesta tras el temblor del 19 de septiembre de 1985; todavía se salta de orgullo como si la tijera de Manolo Negrete se hubiera realizado tan sólo unas horas atrás.
Todavía se habla entre enojo y admiración de la “mano de Dios” de Diego Armando Maradona, de su golazo subsecuente y de los dos estupendos tantos que les marcó a Bélgica en semifinales en un verdadero estado de gracia (frase que se ha vuelto en un lugar común).
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Todavía hay emoción al recordar la extraordinaria final que regalaron Argentina y Alemania; todavía el Cuauhtémoc vibra con el recuerdo de Maradona ante Italia, del clásico del Río de la Plata en la cambiante tarde poblana; todavía las tribunas guardan el rojo con el que se vistieron para recibir a España y todavía se recuerda con cariño el duelo por el tercer y cuarto lugar entre Francia y Bélgica.
Los nombres propios más allá de Maradona y Negrete ya mencionados siguen frescos en nuestra memoria: Desde Sócrates y su magia con la Brasil de Telé Santana, Emilio Butragueño un adelantado a su tiempo con España, Gary Lineker y sus goles, Ezaki Badou ayudando desde la portería a Marruecos, Jean Marie Pfaff y su carisma con la selección belga, Rinat Dasaev y su fría calidad; Platini y su elegancia técnica con Francia.
México 86 fue un mundial único donde se estrenó un sistema de competencia que se mantuvo hasta Francia 98. Todos estos recuerdos frescos se deben a un factor: Fue un mundial cercano a la gente, un mundial donde la experiencia estaba relacionada sólo con el futbol, sus héroes y una afición que podía palparlos.
Cuarenta años han pasado y hoy estamos a diez días de una nueva ceremonia inaugural en nuestro país, pero el Azteca (el histórico escenario donde se coronaron Pelé y Maradona) ya no se llama así; obviamente los nombres de los jugadores han cambiado, pero los nuevos héroes ya no son tan cercanos, hoy aparecen como figuras intocables, los precios de los boletos han acabado con los sueños mundialistas de varias familias, los partidos ya no se pueden seguir en tele abierta y hay muchos candados.
La FIFA está muy preocupada por ofrecer “experiencias” a los aficionados en los estadios y hasta habrá un show de medio tiempo en la final lo que significará otro reto en la preparación física para los contendientes; la propia FIFA está buscando adornar un producto cuya magia histórica ha sido precisamente lo contrario: El futbol ya es una experiencia en sí misma que no necesita de adornos como un show de medio tiempo.
Hace cuarenta años, veinticuatro equipos se ganaron su derecho a jugar un mundial, hoy tendremos el doble; hace cuarenta años un país se entregó a la causa de ser buen anfitrión para demostrar que se podía levantar de un grave terremoto; hoy se habla de que el mundial no acaba de prender en las tres naciones que albergarán partidos con Estados Unidos como figura principal al recibir 78 de los 104 juegos incluyendo todos los decisivos desde cuartos de final.
Si hablamos de contrastes hace cuarenta años también hubo polémica en algunos llamados y algunas ausencias como el capitán americanista Alfredo Tena o las estrellas poblanas Paúl Moreno (aquejado por una lesión) y Arturo Álvarez, pero era una selección trabajada a lo largo de tres años y medio, en donde verdaderamente los clubes apoyaron al técnico tricolor y donde se jugó ante todo tipo de equipos desde los europeos hasta los africanos pasando por Asia y Sudamérica incluyendo algunos clubes internacionales; una vez que se conformó la selección fue la de todos, la única que ha ganado un partido de eliminación directa en mundiales con ese 2-0 ante Bulgaria en el Azteca.
Fue una selección que apeló a lo futbolístico y no a otros aspectos que rodean; hace unos días Santiago Giménez habló con la prensa y confesó que sus compañeros en Italia le decían que no querían jugar contra México por la altura, por el calor y por la afición, todos factores externos, ninguno futbolístico.
Podemos hablar de los cuarenta años de México 86 con su himno ochentero y hasta podemos encontrar su slogan “el mundo unido por el balón”, tal vez, lo único que se ha olvidado cuatro décadas más tarde con un anfitrión cerrando sus centros de entrenamiento a Irán, con ese mismo anfitrión llamando provincia a Canadá y amenazando con injerencia a nuestro país con el pretexto del narcotráfico, lejos de los valores que siempre han presumido como la tierra de la libertad (aunque en realidad se les han negado a sus propios ciudadanos como los afroamericanos).
Cuarenta años han pasado y ese tiempo ha bastado para que la FIFA, ya ambiciosa en esa XIII Copa Mundial, se muestre completamente enferma, adicta al dinero, al poder al punto de querer mandar a los países anfitriones.
Cuarenta años han pasado, uno de los equipos que brilló con una estupenda fase de grupos y que dio uno de los partidos del torneo al caer eliminada en octavos de final 4-3 por Bélgica en León, la Unión Soviética, dejó de existir como estado, colapsando en 1991. Ese equipo que goleó 6-0 a Hungría en Irapuato, empató a uno con Francia en León y venció 2-0 a Canadá nuevamente en Irapuato tenia una base de jugadores ucranianos y algunos rusos de gran calidad como el citado Rinat Dassaev; cuatro décadas más tarde Ucrania sólo ha jugado un mundial, Alemania 2006, en el que llegó hasta cuartos, pero como país lleva cuatro años afrontando una guerra tras la invasión de Rusia; aunque Yugoslavia no jugó México 86 también colapsó y una de sus herederas, Croacia lleva un subcampeonato mundial y dos terceros lugares y se prepara para volver a competir con el tesón y calidad que la han caracterizado desde su primera aparición en Francia 98.
De las veinticuatro selecciones que jugaron México 86 repetirán México, Corea del Sur (que jugó un partido en Puebla), Canadá (que sigue buscando sus primeros puntos mundialistas), Brasil, Marruecos, Escocia (que nunca ha pasado a una segunda ronda mundialista), Paraguay, Alemania (con la obligación de reverdecer laureles), Bélgica, España, Uruguay, Francia, Irak, Argentina (que se coronó en tierras mexicanas y ahora llega como la campeona defensora), Argelia, Portugal e Inglaterra; es decir diecisiete selecciones, aunque se extrañará a Italia, las otras seis que se quedaron fuera son: Bulgaria, la URSS, Hungría, Irlanda del Norte, Dinamarca y Polonia.
De estas diecisiete selecciones que repiten México, Corea del Sur, España y Uruguay tendrán alguno o varios partidos nuevamente en territorio nacional, mientras que Marruecos e Inglaterra podrían hacerlo ya en las fases de eliminación directa. Cuarenta años más tarde sólo la Ciudad de México y Guadalajara quedarán como las únicas con tres mundiales a cuestas.
Conmemorar los cuarenta años de México 86 no sólo es un acto de memoria o de emoción, la conmemoración también nos debe forzar a preguntarnos qué ha pasado con nuestro futbol. En México 86 se venció 2-1 a Bélgica con los goles de Fernando Quirarte y Hugo Sánchez (ya convertido en figura del Real Madrid), se empató a uno con Paraguay con gol de Luis Flores y la falla del penal de Hugo y se derrotó 1-0 a Irak con un nuevo tanto del defensor Fernando Quirarte.
En octavos se venció 2-0 a Bulgaria con el golazo de Manolo Negrete el otro de Raúl Servín, para llegar por primera vez a cuartos tras una fase previa, ahí se empató a cero con Alemania en Monterrey en un juego donde Hugo se acalambró y tuvo que ser asistido por el guardameta general, Harald Schumacher, Javier Aguirre fue expulsado y se anuló un gol a Francisco Javier “El Abuelo” Cruz para que en los penales acabara el sueño tricolor, en ese duro fin de semana para la afición que vio cómo sus equipos favoritos se iban: Brasil y México el sábado 21 de junio y España el domingo 22 en Puebla.
A partir de ese momento siguieron los cachirules cuando los directivos mexicanos pensaron que había favores por pagar por parte de Havelange y la FIFA, cometieron la trampa de los cachirules y al ser descubiertos todavía reclamaron lo que costó asistir a Italia 90. Posteriormente vino un cambio en la Federación que parecía podía dar fuerza al futbol mexicano, pero el movimiento se vio truncado por el imperio televisivo que, al retomar el control de su juguete predilecto, la Selección Nacional, se benefició del ingreso a la Copa América y de buenas costumbres competitivas que alcanzaron para convertir al “Tri” en un asiduo invitado a los octavos de final sin poder trascender lo que dio paso a la obsesión por el “quinto partido” que no es otra cosa que regresar a esos cuartos de final que disputó el equipo de Bora Milutinovic en México 86.
Cuarenta años después nuestro futbol no ha crecido, se ha estancado, se ha convertido en una producto televisivo, en uno que prefiere técnicos cómodos que no exigen en lo deportivo, se carece de un verdadero proyecto deportivo por lo cual en este ciclo mundialista, de Qatar 2022 a 2026, se tuvo tres técnicos: Diego Cocca, Jaime Lozano y Javier Aguirre, cada uno con ideas de juego distantes y con el “Vasco” convertido en el bombero de confianza que terminó confeccionando una lista sin sorpresas, pero con jugadores sin rodaje como Santiago Giménez, César Huerta o Luis Chávez, sólo por militar en clubes europeos.
Cuarenta años después el estancamiento del futbol mexicano es ostensible, a tal punto, que desde el interior hasta el exterior se apela a soluciones mágicas como la atmósfera del Azteca. Cuarenta años después a la actual Selección Mexicana le falta la personalidad que tenía la de México 86, incluso le falta la calidad que atesoraba aquella; cuarenta años más tarde la selección no se ve con los mismos ojos que en 1986, ahora se ve con recelo, se ve con dudas, se ve con la molestia de ver cómo todo lo comercial queda por encima de lo deportivo.
Hoy 1 de junio de 2026 se cumplen cuarenta años del Brasil 1-0 España con el gol de Sócrates y el tanto fantasma de Michel que vio todo el estadio Jalisco, menos el árbitro australiano Chris Brambridge; también se cumplen cuarenta años del Francia 1-0 Canadá con el gol de Jean Pierre Papin en León tras batallar mucho con los debutantes de la hoja de maple; cuarenta años más tarde, la magia de México 86 se mantiene, los recuerdos siguen tan vivos como en su momento inicial, cuarenta años después es inevitable sentir la nostalgia de la fiesta que era una copa del mundo al compararla con la Copa de Gianni Infantino, una donde ya no se habla tanto de futbol, para dar paso a la experiencia, a la presunción de estar en los estadios sin necesidad de ser un apasionado del futbol.
Ante la masividad y hasta el show que ha preparado la nueva FIFA la nostalgia que se siente por México 86 es la de haber vivido una fiesta futbolera auténtica, una fiesta de los jugadores que contagiaron de alegría a las tribunas de forma espontánea, justo lo que el futbol por sí solo es capaz de generar, aunque parece que el organismo que lo debe fomentar y cuidar no lo ha entendido.
Cuarenta años después, México 86 no vive en la memoria, sus emociones forman parte del corazón de las aficiones.