Sábado, 23 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Gobernar no es mandar

La visión de León XIV para reconstruir organizaciones humanas

Carlos Anaya Moreno

CEO de Geo Enlace, empresa de Internet de las cosas desde el año de 2010; y fundador de la Unión de Servicios Solidarios-Banco de Tiempo (2018). Se desempeñó como director General del Registro Nacional de Población de 2004 a 2010. Actualmente, es cofundador de metododelcaso.org y miembro de “Laicos en la Vida Pública”.  

Sábado, Mayo 23, 2026

Vivimos rodeados de líderes agotados y organizaciones cansadas. Empresas que producen más, pero inspiran menos. Gobiernos con enormes estructuras y poca legitimidad. Universidades llenas de tecnología, pero vacías de sentido. Equipos de trabajo donde abundan las reuniones y escasea la confianza. Instituciones obsesionadas con resultados inmediatos, aunque para alcanzarlos terminen destruyendo a las personas que las sostienen.

Algo se rompió en la manera de entender el liderazgo.

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Durante años nos enseñaron que dirigir significaba controlar. Que un líder debía imponerse, vigilar, endurecerse y demostrar fuerza constantemente. La autoridad fue confundida con dominio y la eficiencia con frialdad emocional.

Pero quizá el problema de nuestro tiempo no sea falta de administración. Quizá sea falta de humanidad.

Por eso resulta tan provocador el mensaje reciente de Papa León XIV sobre liderazgo y gobierno institucional. Aunque pronunciado en un contexto eclesial, el fondo de su reflexión atraviesa directamente el corazón de la crisis contemporánea de empresas, gobiernos y organizaciones sociales (León XIV. 2026, 21 de mayo. Discurso del Papa León XIV en el encuentro con asociaciones de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades).

La idea central del Pontífice parece simple, pero tiene una potencia enorme: “Gobernar no es mandar; es sostener el timón” (León XIV, 2026). Y quizá ahí está una de las claves más urgentes para reconstruir instituciones humanas en medio de una cultura obsesionada con el control.

El cansancio de las organizaciones que controlan todo

Muchas instituciones modernas funcionan desde el miedo.

Miedo al error.
Miedo a perder poder.
Miedo a delegar.
Miedo a escuchar.
Miedo a cambiar.

Por eso aparecen organizaciones donde todo debe autorizarse, revisarse, controlarse y supervisarse. Sistemas donde nadie decide nada sin permiso superior. Ambientes donde equivocarse se convierte en pecado corporativo. El resultado es devastador. La creatividad desaparece. El talento se apaga. Las personas dejan de comprometerse emocionalmente y comienzan simplemente a sobrevivir dentro de la estructura.

Ya advertía Peter Drucker: “Management is doing things right; leadership is doing the right things” (“La administración consiste en hacer bien las cosas; el liderazgo consiste en hacer las cosas correctas”) (Drucker, 2007).

La frase parece sencilla, pero encierra una diferencia gigantesca.

Porque una organización puede ser extremadamente eficiente… y profundamente deshumanizada. Puede cumplir metas mientras destruye personas. Puede crecer financieramente mientras pierde el alma. Y eso explica por qué tantas instituciones aparentemente exitosas viven internamente agotadas.

En la misma línea, Henry Mintzberg sostiene que muchas organizaciones fracasan porque sus dirigentes reducen la gestión a modelos abstractos de control, perdiendo contacto con la complejidad humana real (Mintzberg, 2009).

El líder que deja de sentirse dueño
Uno de los aspectos más luminosos del pensamiento de León XIV es su crítica silenciosa al ego del dirigente. Hay líderes que terminan creyendo que la organización les pertenece.

Todo gira alrededor de ellos:

  • Las decisiones
  • La narrativa
  • El reconocimiento
  • La información
  • El futuro mismo de la institución

Cuando eso ocurre, la organización deja de crecer y comienza a encogerse alrededor de la personalidad del líder. Por eso el Papa propone algo radicalmente distinto: el dirigente como custodio.

No como propietario.
No como caudillo.
No como figura mesiánica.

Sino como alguien que cuida una misión que lo supera (León XIV, 2026).

Esta visión coincide con el concepto de servant leadership desarrollado por Robert K. Greenleaf, quien afirmaba: “The servant-leader is servant first” (“El líder servidor es servidor antes que líder”) (Greenleaf, 1977).

Es decir: la autoridad auténtica no nace del ego, sino del servicio. Y eso cambia completamente la lógica del poder.

Porque entonces el éxito del dirigente ya no se mide por cuánto brilla él, sino por cuánto crecen los demás. Esta perspectiva conecta profundamente con lo expresado por Benedicto XVI en Caritas in veritate: “La gestión de la empresa no puede tener en cuenta únicamente el interés de sus propietarios, sino también el de todos los otros sujetos que contribuyen a la vida de la empresa” (Benedicto XVI, 2009, n. 40).

La revolución de confiar en las personas
Quizá una de las enfermedades más graves del liderazgo contemporáneo sea la incapacidad de confiar.

Muchas organizaciones operan bajo una sospecha permanente:

  • Supervisión excesiva
  • Control obsesivo
  • Burocracia interminable
  • Reuniones inútiles
  • Miedo constante al error

Paradójicamente, mientras más control aparece, menos responsabilidad genuina existe. El pensamiento social cristiano lleva más de un siglo denunciando este problema. La encíclica Quadragésimo anno advertía: “Es injusto quitar a los individuos lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria para confiarlo a la comunidad” (Pío XI, 1931, n. 79).

Eso es subsidiariedad. Y aunque el término parezca técnico, su significado es profundamente humano: dejar que las personas desarrollen plenamente su capacidad de actuar. Las organizaciones más inteligentes no son las que controlan cada movimiento.

Son las que generan confianza suficiente para que las personas puedan florecer.

León XIV insiste precisamente en la escucha recíproca, la corresponsabilidad y la transparencia como pilares de toda comunidad sana (León XIV, 2026).

El gran desafío: cambiar sin perderse
Toda institución enfrenta tarde o temprano la misma tensión: ¿Cómo evolucionar sin traicionar aquello que le da identidad?

Algunas organizaciones se congelan en el pasado. Otras cambian tanto que terminan vaciándose de sentido. León XIV propone una idea extraordinaria: mantener una “fidelidad dinámica” (León XIV, 2026).

Es decir:

  • Conservar principios
  • Actualizar métodos
  • Mantener propósito
  • Innovar sin destruir identidad

Y eso resulta especialmente importante en tiempos de inteligencia artificial, automatización y transformación digital acelerada. Porque hoy muchas organizaciones corren el riesgo de volverse técnicamente sofisticadas y humanamente irrelevantes.

Edgar Schein explicó que la cultura organizacional constituye uno de los activos más importantes de cualquier institución, precisamente porque proporciona identidad compartida y cohesión estratégica (Schein, 2010).

Sin cultura humana, la tecnología no salva organizaciones. Solo acelera su vacío.

Las instituciones también pueden aislarse emocionalmente
Hay organizaciones que dejan de escuchar.

Empiezan lentamente:

  • Se desconectan de las personas
  • Pierden sensibilidad social
  • Viven encerradas en discusiones internas
  • Solo escuchan a quienes piensan igual
  • Dejan de comprender el mundo real

Y entonces aparece el deterioro. Eso ocurre con partidos políticos, gobiernos, empresas, universidades e incluso familias. El aislamiento institucional termina destruyendo la capacidad de corregirse.

Por eso León XIV insiste tanto en la escucha, la comunión y la vinculación humana (León XIV, 2026).

Porque ninguna organización puede sobrevivir sola. Robert Putnam demostró precisamente que las sociedades funcionan mejor cuando existe confianza relacional y cooperación social (Putnam, 2000).

De forma semejante, Michael Porter y Mark Kramer sostienen que las organizaciones más sostenibles son aquellas capaces de generar “valor compartido” entre empresa y sociedad.

Como afirman: “The purpose of the corporation must be redefined as creating shared value, not just profit per se” (“El propósito de la corporación debe redefinirse como creación de valor compartido, no simplemente como generación de utilidades”) (Porter & Kramer, 2011).

La mansedumbre: la fuerza que nuestra época desprecia
Tal vez la palabra más incómoda del discurso papal sea “mansedumbre”.

Vivimos en una cultura que suele admirar líderes agresivos, dominantes y confrontativos. Pareciera que para dirigir hay que endurecerse emocionalmente.

Pero la experiencia demuestra otra cosa.

Los líderes más destructivos suelen ser precisamente los incapaces de controlar su ego, su miedo y su impulsividad. Por eso resulta tan actual la reflexión de Daniel Goleman: “Los grandes líderes nos movilizan despertando nuestras emociones positivas” (Goleman, 1998).

La mansedumbre no es debilidad.
Es dominio interior.
Es la capacidad de escuchar sin sentirse amenazado.
De integrar diferencias sin destruir personas.
De mantener serenidad en medio del conflicto.

Y en una época marcada por polarización extrema, esa puede ser una de las formas más poderosas de liderazgo. La propia Fratelli tutti advierte que vivimos procesos crecientes de fragmentación social y pérdida de fraternidad humana (Francisco, 2020).

El liderazgo que puede devolver esperanza
El verdadero liderazgo nunca consistió únicamente en administrar recursos. Consiste en sostener personas. En generar confianza cuando aparece incertidumbre. En recordar que ninguna institución vale más que la dignidad humana de quienes la integran.

Las organizaciones del futuro no sobrevivirán solo por inteligencia artificial, capital financiero o capacidad tecnológica. Sobrevivirán aquellas capaces de seguir siendo humanas. Porque al final, dirigir no es controlar cada movimiento de la tripulación. Es mantener viva la capacidad colectiva de navegar juntos hacia un horizonte que valga la pena.

Les invito a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:

Referencias
Benedicto XVI. (2009). Caritas in veritate: Carta encíclica sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad. Libreria Editrice Vaticana.
Caritas in veritate (29 de junio de 2009)
Drucker, P. F. (2007). The practice of management. Harper Business.
La práctica de la gestión – HarperCollins
Francisco. (2020). Fratelli tutti: Carta encíclica sobre la fraternidad y la amistad social. Libreria Editrice Vaticana. Fratelli tutti (3 de octubre de 2020)
Goleman, D. (1998). La Practica de la Inteligencia Emocional. Editorial Kairós.
La.practica.de.la.inteligencia.emocional.pdf
Greenleaf, R. K. (1977). Servant leadership: A journey into the nature of legitimate power and greatness. Paulist Press. ¿Qué es el Liderazgo de Servicio? - Robert K. Greenleaf
León XIV. (2026, 21 de mayo). Discurso del Santo Padre León XIV en el encuentro con asociaciones de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades. Libreria Editrice Vaticana.
A los participantes en el Encuentro con los moderadores de las asociaciones de fieles, los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades (21 de mayo de 2026)
Mintzberg, H. (2009). Managing. Berrett-Koehler Publishers.
Gestionando: Henry Mintzberg: Internet Archive
Pío XI. (1931). Quadragesimo anno: Carta encíclica sobre la restauración del orden social. Libreria Editrice Vaticana.
Quadragesimo Anno (15 de mayo de 1931)
Porter, M. E., & Kramer, M. R. (2011). Creating shared value. Harvard Business Review, 89(1–2), 62–77. Creating Shared Value
Putnam, R. D. (2000). Bowling alone: The collapse and revival of American community. Simon & Schuster. Bowling solo: el colapso y resurgimiento de la comunidad estadounidense: Putnam, Robert D: Internet Archive
Schein, E. H. (2010). Organizational culture and leadership (4th ed.). Jossey-Bass.
Edgar_H_Schein_Organizational_culture_and_leadership.pdf

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