Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Cayó el líder del CJNG, ¿Y ahora qué?

Reflexión sobre la inseguridad, las estadísticas, la violencia y lo que nos toca como sociedad

Marcos Castro Martínez

Politólogo (UNAM), maestro en Administración Pública (IAP) con diplomados en Análisis Político (IBERO) y en Economía Social (UDLAP). Funcionario en la Procuraduría Agraria y SEDESOL; director de Atención Ciudadana y regidor. Secretario General Estatal del PAN en tres ocasiones y actualmente diputado local, coordinador del Grupo Parlamentario.

Jueves, Febrero 26, 2026

Estimada y estimado lector, en los últimos días las y los poblanos hemos atravesado una serie de noticias alarmantes: el ataque y muerte de Gisele, Emmanuel y Joaquín, tres jóvenes atacados en un bar en la zona de Angelópolis; el de una mujer al revisar una avería de su vehículo; una estudiante malherida por un arma blanca y el desesperanzador encuentro de los cuerpos de Karina y Alexandro, padres de familia.

Todo esto sin duda conmocionó a la sociedad, pero por si fuera poco el pasado domingo veíamos con asombro y tristeza como tras el operativo llevado a cabo en Tapalpa, Jalisco, donde fuerzas federales de seguridad abatieron a quien fuese líder máximo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), los grupos armados y criminales a lo largo del país sembraban miedo y descontrol.  Fueron poco más de 250 narcobloqueos reportados en veinte estados, con acciones violentas como la quema de vehículos, ataques a tiendas, gasolineras y puntos de transporte clave.

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En algunos estados hasta el transporte público cesó, cancelación de vuelos en destinos como Puerto Vallarta y recomendaciones para permanecer en casa en algunos municipios por parte de autoridades locales y advertencias de embajadas extranjeras.

Estas acciones lamentablemente, ya no son novedad en el contexto de la seguridad en el país. Sin embargo, la coordinación y extensión de los bloqueos, sumados a enfrentamientos con fuerzas federales, marcaron uno de los episodios más graves en años recientes. La violencia buscó, además de retomar control territorial, desbordar la capacidad de respuesta del Estado.

Por su parte el gobierno federal y la Secretaría de Seguridad el mismo domingo se limitaron a unos cuantos mensajes a través de redes sociales, insistiendo en que la normalidad estaba regresando y que la mayoría de los bloqueos fueron desactivados rápidamente.

Por otro lado, organizaciones internacionales y algunos gobiernos extranjeros emitieron alertas de seguridad, sugiriendo que la situación era todavía volátil y peligrosa para la población civil, la insistencia de los mensajes oficiales en que “ya hay tranquilidad” frente al hecho de que la violencia se propagó a decenas de entidades y generando disturbios masivos siembra una sensación de indefinición y desconocimiento en la opinión pública generando una percepción de opacidad o falta de claridad en los datos oficiales sobre víctimas, daños y extensión de los bloqueos.

Un elemento crítico en este momento es cómo se comunica y gestiona la información oficial. La dependencia de datos oficiales, en gran medida centralizados y actualizados con retrasos, contrasta con los reportes ciudadanos y medios locales que documentaron aún carreteras bloqueadas y disturbios horas después del operativo marcando la ausencia de un balance claro y uniforme sobre víctimas civiles, o de elementos de seguridad, y el detalle operativo genera incertidumbre en la sociedad.

La narrativa gubernamental enfoca en la “restauración de orden”, pero no aborda con transparencia la magnitud de las consecuencias ni los retos a corto y mediano plazo que implica un golpe directo a uno de los grupos criminales más poderosos del país, pues históricamente, la muerte o captura de líderes criminales en México no ha garantizado necesariamente una disminución sostenida de violencia.

En muchos casos ha desencadenado: Luchas internas por sucesión, que pueden fragmentar grupos y multiplicar células violentas, represalias directas contra civiles y lo peor reconfiguraciones del crimen organizado que buscan demostrar fuerza luego de un golpe mediático.

La acción contra el lider del CJNG representa un hecho significativo, la estrategia de “abrazos y no balazos” en la que Morena y aliados nos sumergió sólo generó una bomba de tiempo, dándoles más fuerza, poder y margen de maniobra a grupos criminales. El crimen se debe atacar, pero el desafío sigue siendo estructural, si no se llega a fondo la estrategia  de seguridad de manera integral. Sin políticas complementarias en justicia, desarrollo social, reducción de reclutamiento criminal y fortalecimiento institucional cualquier “victoria” podría quedarse en un episodio de corto plazo sin cambios profundos en la seguridad del país.

Mi solidaridad con las familias que perdieron a algún ser querido el día domingo, mi reconocimiento a las fuerzas armadas por el cumplimiento del deber, la sociedad nos exhorta a no bajar la guardia, continuar con acciones contundentes contra el crimen, no debe quedar solo en que vivimos el domingo pasado, se debe seguir actuando contra quienes quieren sumir a nuestro país en la violencia y la tragedia, es momento de aliarnos entre todos los mexicanos y buscar juntos la paz.

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