El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa causada por un virus del género Morbillivirus. Se transmite por vía aérea mediante gotas respiratorias y aerosoles, y puede permanecer suspendido y viable en superficies como mesas, perillas, pasamanos, teclados, etc., durante aproximadamente por dos horas en ambientes cerrados.
En México se utiliza la vacuna triple viral (SRP: sarampión, rubéola y parotiditis) y los niños y jóvenes deben recibir dos dosis de este biológico, con coberturas de vacunación superiores al 95 %.
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Por lo que es necesario una identificación en fase temprana a todos los casos sospechosos de padecer esta enfermedad y corroborarlo con pruebas de laboratorio. En caso de ser positivo se deben rastrear todos los sospechosos para determinar su enfermedad en etapa temprana.
Además, se debe hacer un aislamiento de todos los casos confirmados en los domicilios o en una clínica. Adicionalmente, se debe dar seguimiento a todos sus contactos durante 21 días, esto implica ir casa por casa y monitorear la evolución del paciente y con quiénes haya tenido contacto, ya que una persona enferma es capaz de contagiar entre 12 a 18 individuos.
La otra gran línea de acción es la de informar a la población sobre los síntomas del sarampión y de las vías de transmisión. Se debe intensificar la vacunación mediante puestos fijos y semifijos en escuelas, mercados, tianguis y/o centros comunitarios, así como brigadas móviles para las zonas rurales o marginadas.
Se deberá garantizar el mantenimiento estricto de la cadena de frío, esto es, que la vacuna esté siempre entre 2 a 4 grados centígrados.
No debemos olvidar que los grupos prioritarios son los niños con esquema de vacunación incompleto y adolescentes y adultos jóvenes, menores de 50 años; además del personal de salud y los docentes, particularmente los de educación elemental.