¿Son las organizaciones de la sociedad civil un contrapeso al Estado? ¿Son uno de los medios para controlarlo y limitarlo? ¿O son un complemento y apoyo al mismo?
Depende. Cuando se busca el interés público pueden ambas instancias complementarse. Supongamos un bien público, la limpieza ecológica de un río. Y una organización que reúna ciudadanos interesados en lograr es limpieza.
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En esa organización hay activistas, ecologistas, expertos en políticas públicas, químicos, ingenieros industriales… Personas que pueden aportar tanto para el diagnóstico del problema (las causas de la contaminación) como los cursos de acción adecuados para acabar con esas causas.
O la violencia intrafamiliar, en la que la gran mayoría de las víctimas son mujeres y niños. Hay asociaciones civiles que han enfrentado el problema y que tienen conocimientos de las causas del mismo y de buenas prácticas para enfrentarlo.
Los análisis y propuestas de este tipo de organizaciones pueden ser muy útiles para la labor de los gobiernos, que son los que en principio tienen la obligación de atender y resolver los problemas públicos, tan diversos como la contaminación de ríos y la violencia intrafamiliar.
No es utópico ni ingenuo pensar en una sinergia entre gobiernos y organizaciones ciudadanas; siempre y cuando se cumpla el requisito señalado: ambas buscan el interés público.
Puede haber asociaciones civiles que busquen su propio interés. Que simulen para obtener recursos y privilegios. En esos casos la colaboración no es posible, o no es sana para el interés de la sociedad.
Puede haber políticos que igualmente busquen su propio interés. Que lleguen al poder motivados por la cultura del botín. Que los tenga sin cuidado el bienestar de la sociedad.
Puede plantearse que una sociedad en la que la política funciona adecuadamente es aquella en la que los políticos centran su acción en el bienestar público, no en sus intereses particulares. Sin caer en la ingenuidad de que deben renunciar a estos últimos: todos tenemos intereses particulares legítimos, y las responsabilidades de los altos cargos políticos deben ser recompensadas proporcionalmente.
El pasado 5 de febrero, en el contexto del aniversario de nuestra Constitución, un grupo de ciudadanos dimos a conocer una organización que formamos recientemente: Red Civil por la Democracia. Pretendemos, dentro de nuestras limitaciones, contribuir al interés público. Lo ideal, no utópico, es hacer sinergia con los responsables de ese interés, los gobiernos y sus distintas instituciones.