Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La realidad siempre entra por la cocina

Ningún espectáculo, ningún aquelarre y ningún gobierno nos va a salvar de nosotros mismos

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Febrero 13, 2026

Esta semana, muchas amigas y amigos me llamaron por teléfono, casi en estado eufórico, para hablar del medio tiempo del Super Bowl; del mensaje de “si Bad Bunny estaba sacudiendo conciencias o sólo moviendo caderas en la vitrina más grande de Estados Unidos”. Escuché y colgué, y antes de que pudiera servirme otro té, entró otra llamada: “que si los nuevos escándalos de Jeffrey Epstein; que si los nombres; que si el poder está pudriéndose otra vez…”

Entre tanto, la chica que me ayuda en casa tocó la puerta y al entrar dijo que no había transporte público y no sabía cómo iba a regresar a su casa. Así, sin espectáculo, sin reflectores, la realidad siempre termina entrando por la cocina.

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Salí a caminar con mis perros y pensé que la vida es un contraste permanente que puede llegar a ser perverso. El mundo discute coreografías y teorías conspirativas mientras alguien no puede llegar a su trabajo. Nos indignamos por un show de quince minutos, pero nos acostumbramos a la injusticia diaria como si fuera parte del clima.

Vivimos en tiempos de cólera y sarampión moral. ¡Todo se contagia! El odio, la rabia, la opinión sin sustento, la sentencia sin reflexión, los gritos, los abusos y la indiferencia. Cuando lo permitimos las redes sociales nos llenan la cabeza de paja y luego nos sorprendemos que cualquier chispa provoque incendios.

Nos creemos analistas geopolíticos desde el sillón, y no sabemos sostener una conversación sin convertirla en campo de batalla. Y perdón, pero ya basta de tanta pose. Mucha gente opina con una seguridad que da risa… o miedo.

La libertad no es un hashtag ni una canción pegajosa. La libertad cuesta. Cuesta callarte cuando quieres gritar tonterías. Cuesta aceptar que a veces estás equivocado. Cuesta escuchar al otro sin preparar la respuesta como si fueras espadachín en un duelo a muerte.

Vivir en el presente no es repetir frases motivacionales, ésas no sirven; es hacerte responsable de lo que dices y de lo que haces hoy, no mañana, no cuando “las cosas cambien”. Porque las cosas no cambian solas, ¡carajo! Cambiamos nosotros, cada momento, cada día, intencionalmente, ¡o no cambia nada!

De todo lo que hay en redes, hay que pasarlo por un tamiz de muselina para que el tejido filtre impurezas pequeñas y, colarlo una y otra vez. Hay que dudar de todo. No hay que tragarse cada escándalo como si fuera alimento espiritual que nos salvará del sinsentido y del vacío interior. El algoritmo no es amigo, es un negocio. Y el miedo vende. El enojo vende. La división vende más. Lo que no vende es la serenidad, la reflexión, la autocrítica. Eso no da likes.

Hay quien dice que la política lo resolverá. ¿De verdad? El problema no es sólo del político que posa para la foto; es la cultura del Ego (así con mayúscula) que lo fabrica. Queremos líderes honestos, pero aplaudimos la trampa cuando nos conviene. Queremos justicia, pero hacemos excepción cuando los beneficiados somos nosotros mismos. ¡Así no puede funcionar!

Sueño -¡claro!-, con ver el día en que no haya que rescatar animales del maltrato porque simplemente nadie los maltratará, porque entendimos que lastimar a cualquier ser sintiente no nos va a salvar de la violencia que traemos por dentro. Sueño, -¡sí!, otra vez-, con el día en que un cargo público no sea premio de complicidad, sino que sea electo entre los mejores perfiles para atender y resolver lo que corresponde.

Sueño con el día en que no tengamos que cuidarnos de todos y de todo porque habrá un verdadero conocimiento interior del sí mismo de cada uno (se llama Conciencia” ¡sí! y otra vez con mayúscula) más de las acciones personales que de la paranoia ajena.

El Ego no puede seguir gobernándonos. Tampoco el Miedo (¡pinchis los dos! Ego y Miedo). Ya vimos dónde estamos: en una sociedad que grita mucho y no escucha ni entiende al “otro”, el que se ofende por todo y se compromete con nada. Estamos cansados, sí, pero más que cansados, estamos distraídos. Como el magnífico título del Monólogo de Facundo Cabral: "No estás deprimido, estás distraído", ese cansancio que nos está orillando al precipicio de la depresión, por no poder ser lo que queremos ser.

Mientras discutimos el show del domingo, el lunes la vida real sigue pasando factura en nuestro interior. La pregunta no es qué mensaje mandó un artista en un escenario gigante. La pregunta es qué mensaje estamos mandando nosotros hacia nosotros mismos y a los demás: qué ejemplo le damos nuestros hijos, cómo tratamos al que piensa distinto, cómo enfrentamos nuestros errores al no buscar culpables externos.

Cada momento podemos aceptar para no hacer escándalo, que la cagamos y podemos corregir, porque ningún espectáculo, ningún aquelarre y ningún gobierno nos va a salvar de nosotros mismos.

La vida es contraste. Es ruido y silencio. Es fiesta y carencia. Es ensayo y error…. En estos tiempos de cólera y sarampión moral, el único y verdadero acto revolucionario es reducir sesgos.

Lo demás es puro show.

alefonse@hotmail.com

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