Manipular las estadísticas y la narrativa no mejora la percepción de inseguridad en la Ciudad de México, bajar la “nota roja” de los medios de comunicación tampoco. Lo que sí la reduce son los resultados concretos y el abatimiento de la cifra negra (delitos no denunciados), hoy llamada “cifra oculta”, y eso además de lejano parece imposible.
No obstante, antier la jefa de Gobierno de la capital del país sugirió a los medios de comunicación “bajarle a la nota roja” para mejorar la percepción de inseguridad en al menos cinco alcaldías que mostraron un repunte en la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, correspondiente a diciembre de 2025, entre ellas Azcapotzalco (de 59.6% en septiembre a 68.5% en diciembre) Milpa Alta (de 52.3% a 65.4%) y Magdalena Contreras (de 56.9% a 65.2%).
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De hecho, la percepción de inseguridad en la Ciudad de México en promedio mejoró marginalmente en diciembre de 2025, al pasar de 61.2 % en septiembre a 59.5 % en diciembre. Dicho de otra manera, 6 de cada 10 habitantes se sentían inseguros de vivir en su ciudad, más de la mitad de la población capitalina.
Pero si nos vamos a la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE 2025), también del INEGI, el porcentaje de personas que perciben inseguridad en la CDMX rebasa el 75 %, equivalente a más de 7 de cada 10 personas.
Peor aún, de acuerdo a la misma ENVIPE, la cifra estimada de delitos por cada 100 mil habitantes para la capital del país en 2024 fue de 54 mil 473, mientras que en 2023 fue de 52 mil 723, es decir un 3.3 % más en 2024. En ambos años la Ciudad de México registró la cifra más alta a nivel nacional y evidenció que más del 50% de la población sufrió un delito, pero al menos el 93.2 % no lo denunció por diversas razones, que van desde la pérdida de tiempo hasta el maltrato de las autoridades encargadas de iniciar las Carpetas de Investigación.
Es decir que la percepción de inseguridad está más cercana a la cifra negra (93.2 % en 2024) que a las cifras alegres que las autoridades locales presentan con cierta frecuencia como delitos denunciados, que representan únicamente el 7% tanto en 2024 como en 2025.
Visto desde esta perspectiva, poco aporta informar sobre la reducción del 12 % de los delitos de alto impacto denunciados ante la Fiscalía capitalina entre 2024 y 2025 y de casi el 60 % entre 2019 y 2025, si estos representan menos del 7 % del total de delitos en los que se inició una Carpeta de acuerdo al Sistema Nacional de Seguridad Pública, que desde 2019 han sido superiores a los 200 mil al año, excepto durante la pandemia de 2020 por obvias razones, un encierro casi total durante varios meses.
Otro factor que no ayuda a mejorar la percepción de inseguridad es que según la ENSU, en el segundo semestre de 2025 el 32.3% de los hogares de la CDMX fueron víctimas de robo, extorsión o fraude, mientras la ENVIPE dio cuenta que en 2024 el número de hogares que fueron víctimas de un delito fue de 36.4 %, equivalente a más de un tercio de los hogares y sobre eso no se puede firmar un acuerdo para que las personas que lo viven en carne propia o lo ven de manera directa no lo expresen o lo suban a las redes sociales, que hoy en día son el medio para informarse entre vecinos del acontecer de las cuadras, colonias e incluso alcaldías en materia de violencia e inseguridad, particularmente los chats.
Sin embargo, hay otras variables que inexorablemente impactan en la percepción de que está en riesgo la integridad y el patrimonio de las personas, mismas que parecen no preocupar a la autoridad local y tienen que ver con lo que la gente ve y siente en las calles, en el transporte público, en el cajero automático, de que se cometen faltas administrativas y delitos que a nadie importan.
Ver una motocicleta sin placas rebasándote por todos lados, pasarse todos los altos y meterse en los carriles confinados del Metrobús o algún otro tipo de transporte colectivo genera temor, enojo e impotencia pero te tienes que quedar con ella porque no hay policía que sea capaz de meterlos en cintura.
Observar un vehículo o una camioneta sin placas y con vidrios polarizados (incluye blindados) o con insignias y aditamentos propios de la autoridad, sin serlo, también genera miedo porque no sabes quién va a bordo; peor tantito si para llegar a tiempo a su destino prende sus luces estroboscópicas y altoparlantes y te avientan la lámina e incluso se mete a los carriles confinados o en sentido contrario, sin que nadie le diga absolutamente nada.
Escuchar que al que vende pollo en la banqueta o quien tiene un negocio bien establecido le pasan a “cobrar piso” también genera incertidumbre y provoca que la gente se organice y comunique entre sí, particularmente los jóvenes, aunque sea para darse consuelo.
Mientras todo esto siga pasando, que los delitos sucedan y no se denuncien y las faltas administrativas o delitos menores no se atiendan, cualquier llamado a bajarle a la nota roja será insuficiente para mejorar la percepción de inseguridad, porque esta va más allá de las cifras alegres y frases bonitas.
Cabe subrayar que en la citada encuesta, por primera vez las autoridades federales registran una caída significativa en su confianza, particularmente la Secretaría de Marina, el Ejército, la Guardia Nacional y eso en lugar de abonar resta en la percepción de inseguridad.
En el caso de la ciudad de Puebla, sede de e-consulta, las cosas no son diferentes. Aumentó la percepción de inseguridad en 11.9 % al pasar de 75.5 % en septiembre de 2025 a 84.5 % en diciembre del mismo año, mientras que los delitos totales aumentaron 10.8% en el mismo lapso. La cifra negra por su parte pasó de 93% en 2023 a 93.5% en 2025, es decir guarda una gran similitud con la Ciudad de México.
Mejorar la percepción de inseguridad en la capital poblana llevará su tiempo, incluso si se le bajara a la nota roja de los medios de comunicación, ya que tiene que ver más con lo emocional que con lo racional, con lo que sientes más que con lo que piensas.