¿En cuántos países democráticos el jefe de Estado da una conferencia de prensa diaria? ¿En cuántos, a lo largo de la historia, se ha dado esta práctica? La respuesta es simple: en ninguno, salvo el caso mexicano desde 2018.
La razón es también simple: todo jefe de Estado enfrenta situaciones muy diversas y complejas, y no puede responder a ellas todos los días. Otra razón: su tiempo es limitado, y los problemas que enfrenta son ilimitados; requiere tiempo para analizarlos junto con su equipo y tomar decisiones.
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El caso mexicano en este aspecto es único. Responde a la idiosincrasia de un individuo, López Obrador. Le funcionó, no para gobernar mejor, sí para mantener su imagen. Con algunas ayudas no del todo legítimas, como periodistas simulados.
No se trata de algo personal. Se trata de la institución presidencial. Si no se dan las condiciones para que esa institución funcione adecuadamente, con todas sus limitaciones y complejidad, no tendremos una buena política nacional.
Ninguna persona tiene respuestas para todo. Menos si se trata de cuestiones complejas y delicadas como las que enfrenta un jefe de Estado. No se le puede someter todos los días a interrogatorios.
Hasta una conferencia de prensa semana sería excesivo. Creo que no hay ningún presidente o primer ministro que lo haga. En democracias consolidadas son más bien ejercicios excepcionales, ante cuestiones que ameritan la exposición de la máxima autoridad de un país.
Todos nuestros presidentes han enfrentado situaciones muy complejas, pero creo que, al menos en este siglo, ninguna tan compleja como la que ahora enfrenta Claudia Sheinbaum. Para que pueda hacerlo razonablemente requiere menos exposición a los cuestionamientos y más tiempo para el análisis, la reflexión, la toma de decisiones.