Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Los hiper desgarrados

Las meditaciones no tienen tiempo y espacio para nacer, solo surge del sentimiento

Román Sánchez Zamora

Doctor en Administración Pública. Profesor-investigador del Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégico (BUAP). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I del CONAHCYT. Autor de 14 libros. Sus líneas de investigación son participación ciudadana, transparencia y fiscalización municipal.

Martes, Enero 27, 2026

La fuerza del martillo en mis dedos reflejo del dolor, angustia, sangre, pero lo peor, esa realidad en donde no quería estar, en donde me dije que no pisaría, no respiraría; sin embargo, ese olor a cemento, a cal, a humedad de la tierra, a tortillas quemadas por la tapa del fierro que ocupamos una y mil veces para desayunar, comer y cenar.

El sonido del radio pequeño que se ahogaba por el viento, en muchos momentos por las goteras o las tormentas, cuando nos debíamos quedar en la obra, porque no había transporte para llegar al hotel, en otras ocasiones lo acostábamos para que la vibración alejara a animales como víboras y alacranes; muchas veces debíamos orinar en latas para ponerlas alrededor de la obra para que no llegaran animales grandes que nunca vi, pero sí pude escuchar por las noches como zorras, lobos y hasta venados.

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Fue de pronto sentir el dolor y despertar, ¿quería allí para siempre mi vida?, ¿para eso había nacido?

Ya había aprendido, ya sabía de los mandos en una obra, bañarme en una mansión deshabitada que llegamos a reparar, hasta en los ríos, en lugares estrechos donde sacábamos una manguera para poder tomar agua, hervirla, guisar y no bajar esos treinta y cinco pisos en escaleras improvisadas de madera y acero, los materiales los subía una grúa, hasta los víveres y prácticamente allí vivimos recluidos por semanas, vivir el temor el día lunes muy temprano para volver a subir.

La vida se escapa muy rápido de nuestros cuerpos, entre charlas meditaciones lejanas, en bosques, desiertos. Considero que la lejanía en un edificio era la más profunda, ver a la gente de lejos.

Estar, observar, meditar, allí mis sentidos maduraron.

Debía volver; escuela y familia fueron mi motivación, perdido, hundido, pobre…

 

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