Estos tres términos se han utilizado para designar regímenes en los que puede degenerar la democracia: cleptocracia, el gobierno de los ladrones; kakistocracia, el gobierno de los peores; pleonocracia, el gobierno de la mayoría.
Pueden caracterizar a un régimen, pero también señalar algunos rasgos del mismo, aunque el término no lo defina en su totalidad.
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En México la corrupción ha sido una característica permanente del régimen político. No es fácil saber en qué etapas ha sido mayor o menor. La información que se ha hecho pública en los últimos años no tiene precedente, ciertamente.
El huachicol fiscal, simbolizado por un enorme buque que transportaba hidrocarburos, tiene dimensiones insólitas. No sabemos si anteriormente hubo casos de ese nivel. Sabemos que en todo caso no se hicieron públicos.
La riqueza del hermano y de los hijos del expresidente López Obrador tampoco parecen tener un antecedente. El término “cleptocracia” puede seguirse aplicando a algunos casos de la política mexicana. Al parecer en mayor grado que antes.
La kakistrocacia, el gobierno de los peores, no como un término que caracteriza al régimen como un todo sino a algunas de sus partes, también ha estado presente en nuestro país. Pero ha sido más evidente en los últimos años. Quizá el principio de la 4T de “90 % de lealtad y 10 % de experiencia” la ha promovido y justificado. Permite y justifica que lleguen a los cargos públicos personas que no saben gran cosa de lo que tendrían que saber, pero que son leales a ya sabes quién.
Es probable que la ineptitud en nuestro gobierno sea hoy mayor a la de periodos anteriores.
La pleonocracia es un término poco usado. Yo se lo debo a Michelangelo Bovero. Es una idea reduccionista: la democracia es el gobierno del pueblo, y el pueblo es la mayoría.
Limitarse a esta definición es lo que Sartori llamaba “el error etimológico”: quedarse en el nombre, ignorando la cosa. Hay acuerdo en que la democracia es el gobierno del pueblo, pero hay que precisar qué es el pueblo y cómo gobierna. El pueblo no es la mayoría, sino la mayoría más las minorías. Ignorar esto puede llevar a la autocracia, a la negación de la democracia. A la pleonocracia, un sistema antidemocrático.
Y hay que recordar que las mayorías de hoy no necesariamente serán las de mañana. La historia, de nuestro país y de todos los demás, muestra que las mayorías cambian en el tiempo.
Quizá todos los regímenes políticos tengan alguno de estos rasgos como característica parcial y aislada. El problema es cuando se vuelven dominantes y dan forma a la dinámica general de la política.