El papel de la Auditoría Superior del Estado es fundamental para la ciudadanía pues es ahí donde se garantiza que los recursos públicos se administren con legalidad, eficiencia y transparencia, protegiendo así el interés colectivo, es decir la fiscalización contribuye a prevenir y detectar posibles actos de corrupción, abusos de poder y mal uso del presupuesto, lo que se traduce en un mejor aprovechamiento de los recursos destinados a servicios.
Es por lo anterior que la selección del o la titular de la ASE constituye un momento clave para la vida institucional y democrática de nuestro estado, pues de esta designación depende en gran medida la eficacia del control del gasto público, la rendición de cuentas y la confianza ciudadana en las instituciones.
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En este contexto, el diálogo se erige como un elemento fundamental del proceso, no solo como un proceso, sino como una verdadera práctica democrática que permite construir legitimidad, fortalecer la transparencia y asegurar que la decisión final responda al interés público y no a imposiciones.
El diálogo, entendido como un intercambio abierto, razonado y respetuoso de ideas, resulta indispensable en este proceso de selección que debiera ser plural por naturaleza. La Auditoría Superior del Estado no es una institución subordinada a un solo poder o fuerza política; por el contrario, su función es vigilar el uso correcto de los recursos públicos por parte de todos los entes gubernamentales.
Por ello, el proceso de nombramiento de su titular debe reflejar esa vocación de imparcialidad y autonomía, lo cual solo puede lograrse mediante la inclusión de distintas voces y perspectivas, particularmente las de la oposición.
En el Grupo Legislativo del PAN no queremos representar un obstáculo, queremos ser el contrapeso necesario que requiere una democracia funcional, cumplimos con la tarea de cuestionar, señalar riesgos, proponer alternativas y exigir estándares más altos de integridad y profesionalismo. Nuestro papel enriquece los debates y se reduce la posibilidad de que el nombramiento sea percibido como un acto unilateral o partidista. Escuchar a la oposición no implica ceder el control del proceso, sino reconocer que la diversidad de posturas contribuye a decisiones más sólidas y mejor fundamentadas.
La crítica, lejos de ser una amenaza, es una herramienta que permite identificar áreas de mejora, corregir deficiencias y fortalecer la credibilidad institucional. Una Auditoría Superior que nace de un proceso cerrado o defensivo frente a los cuestionamientos difícilmente podrá ejercer con autoridad moral su función fiscalizadora. En cambio, una institución que demuestra disposición para escuchar observaciones, responder con argumentos y ajustar procedimientos envía un mensaje claro de compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas de manera imparcial.
En un contexto de desconfianza hacia las instituciones públicas, los procesos opacos o carentes de diálogo profundizan el disgusto social. Por el contrario, cuando el proceso de selección del o la titular de la Auditoría Superior del Estado a se desarrolla con reglas claras, espacios de participación y contraste de ideas entre las fuerzas políticas y la sociedad, se fortalece la legitimidad del nombramiento y se genera mayor confianza en que la persona designada actuará con independencia y profesionalismo, tal como lo merece Puebla.
Por ello las y los diputados de Acción Nacional hicimos del conocimiento del Pleno dos puntos fundamentales. Por una parte, que existió negativa durante el proceso para profundizar en el diálogo con aquellos aspirantes al cargo y la negación para incluir el punto de Asuntos Generales en el orden del día de la Sesión Ordinaria citada para el 15 de enero del presente año lo que representa coartar la libertad de expresión de cualquier diputado.
Es de suma importancia estimada y estimado lector hacer de su conocimiento las razones por las que el Grupo Legislativo del PAN no estuvo presente durante el desarrollo de dicha sesión, pues solo mediante un diálogo auténtico, plural y transparente es posible construir una Auditoría verdaderamente autónoma, capaz de cumplir a cabalidad su función fiscalizadora con legitimidad y eficacia.
Apostar por el diálogo no es solo una exigencia en el procedimiento, sino una condición indispensable para consolidar instituciones confiables al servicio de la ciudadanía.
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