De acuerdo con las circunstancias prevalecientes en los rubros político, social, económico, militar y de seguridad en Venezuela, la captura de Nicolás Maduro solo era posible si el gobierno de los Estados Unidos desplegaba su aparato de inteligencia, dejarlo solo en manos del grupo especial de intervención (Fuerza Delta del Ejército estadounidense), la DEA o el FBI, sería prácticamente imposible lograrla.
Tal demostración de efectividad en el terreno de la inteligencia confirma que este tipo de labores son clandestinas o no son, ya que cualquier fuga de información o mal manejo de las fuentes puede echar a perder meses o años de arduo trabajo.
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En términos conceptuales refrenda que la información elevada al grado de certeza permite tomar las mejores decisiones al más alto nivel y obtener los resultados deseados.
En materia operativa subraya que si un producto de inteligencia no es explotado en su máxima dimensión y con ello cerrar el ciclo, no puede considerarse inteligencia, sino solo recopilación de datos relacionados con un problema en particular y un tratamiento para encontrarle cierta lógica y con ello disminuir el nivel de incertidumbre, pero no más.
Agregarle uno o varios apellidos a la inteligencia y hablar de fusión de inteligencia es por demás ocioso ya que en el concepto mismo va implícito que los datos, la información y las premisas e incluso las conclusiones y certezas deben ir integradas en forma lógica, objetiva y secuencial para explicar el fenómeno o caso en particular y servir de sustento para la toma de decisiones. Todo lo demás tiene que ver con el intercambio de información de acuerdo a las atribuciones de las instancias participantes en los grupos de coordinación a nivel federal y local.
Aunque siendo realistas, ninguna institución entrega todo lo que tiene a sus contrapartes por más que se le instruya, siempre se queda con algo para consumo interno y llegado el momento, escribir su historia.
Quien diga lo contrario seguramente no le tocó estar al frente de labores de inteligencia en cualquiera de los campos de acción. Pronto lo veremos en las películas y series que seguramente se escribirán sobre la épica operación que permitió entrar, capturar y extraer al presidente de Venezuela, en las cuales se podrá citar lo que no se dijo en su momento.
Por lo pronto queda claro que las corporaciones encargadas de reunir las pruebas, ya sean documentales, digitales o testimoniales, son las que realizan labores de investigación, no de inteligencia. Ellas se encargaron de la detención formal, custodia y traslado del objetivo hasta el lugar donde permanecerá mientras dura su proceso, en este caso de Nicolás Maduro y de su esposa. Serán también los encargados de realizar los actos de investigación que instruyan los fiscales encargados del caso para obtener más pruebas que tendrán que presentar ante el juez para robustecer la acusación.
Los responsables del trabajo de inteligencia seguirán estando fuera de las cámaras y los reflectores porque ese es su papel, haciendo real aquella máxima de que constituyen la primera línea de defensa de los intereses de su país. Confirmando de paso que la inteligencia no se ve, solo se siente.
Algo parecido debería volverse a hacer en México, donde poco falta para que las áreas de inteligencia se encarguen de poner a disposición del Ministerio Público a los detenidos. Esa no es su función, esa le corresponde a los más de 600 mil elementos de policía y militares en funciones de seguridad pública que existen a nivel nacional.
Son tan pocos agentes y analistas de inteligencia de los que dispone el Estado mexicano como para desperdiciarlos en labores de policía, aunque en el pasado lo hayan sido y lo sepan hacer, los problemas que tienen que resolver son de mayor complejidad.