El Mensaje de Su Santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz, del 1 de enero de 2026, se sitúa deliberadamente en el corazón del misterio pascual. No parte de una definición política o estratégica de la paz, sino del saludo mismo del Resucitado: «La paz esté con ustedes» (cf. Jn 20,19.21).
El Papa afirma con claridad que esta palabra no es un deseo piadoso ni una fórmula retórica, sino una realidad transformadora, capaz de “realizar un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad”
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Desde la Doctrina Social de la Iglesia, esta afirmación es decisiva: la paz no es un producto del equilibrio de fuerzas, sino un don que brota de Dios y se encarna en la historia mediante decisiones personales, estructuras sociales justas y una cultura que rechaza la violencia como medio legítimo.
La paz de Cristo resucitado: fundamento antropológico y social
León XIV presenta a Cristo como aquel que “venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos” (cf. Ef 2,14), identificándolo como el Buen Pastor que da la vida por el rebaño
Esta afirmación no es sólo cristológica, sino profundamente social: la paz auténtica nace de la reconciliación, no de la dominación. El Papa subraya que la paz habita, ensancha la inteligencia, resiste a la violencia y la vence, porque “tiene el aliento de lo eterno”
Aquí resuena una intuición clásica de san Agustín, a quien el Mensaje cita explícitamente:
«Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla» (Sermón 357, 3).
Desde la Doctrina Social de la Iglesia, esta dimensión interior no excluye la acción pública; al contrario, la hace posible. Sin paz interior, las estructuras sociales se vuelven frágiles y fácilmente capturadas por la lógica del miedo.
Una paz desarmada: la no violencia como camino cristiano
Uno de los núcleos más provocadores del Mensaje es la afirmación de que la paz de Jesús es desarmada. El Papa recuerda las palabras de Cristo: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo» (Jn 14,27) y «Envaina tu espada» (Jn 18,11)
León XIV no idealiza esta opción: reconoce que la no violencia desconcertó a los discípulos y sigue causando temor hoy. Sin embargo, afirma con claridad que la respuesta no violenta de Jesús constituye una novedad histórica que los cristianos están llamados a testimoniar, incluso reconociendo las complicidades pasadas con la violencia
Aquí el Mensaje se inscribe en la línea de Pacem in terris de san Juan XXIII, donde se advertía que la paz basada en el miedo y en las armas conduce a un estado permanente de amenaza: «Los pueblos viven bajo un perpetuo temor… porque las armas son un hecho» (PT, 60).
La Doctrina Social de la Iglesia afirma así que la legítima defensa no puede convertirse en una ideología del rearme, ni mucho menos en una pedagogía social fundada en la enemistad.
La crítica profética al militarismo y a la disuasión
El Mensaje ofrece un diagnóstico contundente del momento histórico actual. León XIV constata que en 2024 el gasto militar mundial alcanzó 2.718 billones de dólares, el 2,5 % del PIB global, confirmando una tendencia sostenida al alza. Este dato no es meramente económico: es moral y antropológico.
El Papa denuncia que la disuasión nuclear y el incremento del gasto militar encarnan una relación entre pueblos “basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza”.
En continuidad con Gaudium et spes, recuerda que el riesgo de la guerra contemporánea se ha agravado por el desarrollo de armas científicas capaces de destrucción masiva (GS, 80).
La Doctrina Social de la Iglesia no se limita aquí a una crítica ética abstracta: pone en cuestión una racionalidad política que considera normal prepararse para la guerra y escandaloso prepararse para la paz.
Una paz desarmante: el desarme del corazón y de las estructuras
El segundo gran eje del Mensaje es la noción de paz desarmante, que va más allá del desarme militar. Inspirándose en san Juan XXIII, León XIV recuerda que el verdadero desarme debe llegar “hasta las mismas conciencias” (PT, 113)
El Papa vincula esta exigencia al misterio de la Encarnación: Dios se hace niño, vulnerable, indefenso. Esta fragilidad —lejos de ser debilidad— tiene una fuerza transformadora única. En palabras de su predecesor, citadas en el Mensaje: «La fragilidad humana tiene el poder de hacernos más lúcidos respecto a lo que da vida y a lo que provoca muerte».
Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este punto es crucial: no habrá paz estructural sin conversión cultural, sin un cambio en los lenguajes, en las narrativas políticas, en la forma de educar y de comunicar.
Religiones, política y sociedad civil: custodios de la paz
León XIV asigna responsabilidades concretas. A las religiones, les pide vigilar el uso perverso del lenguaje, cuando palabras y símbolos se convierten en armas ideológicas o religiosas
A los responsables políticos, les exige revisar a fondo las relaciones internacionales para fundarlas en la confianza recíproca, la sinceridad de los pactos y el derecho internacional (cf. PT, 118)
El Papa retoma también la enseñanza social clásica de Rerum novarum, recordando que “la reconocida cortedad de las fuerzas humanas aconseja e impele al hombre a buscar el apoyo de los demás” (RN, 35)
La paz, por tanto, no es individualista: se construye en sociedades civiles vivas, en asociaciones responsables, en prácticas de justicia restaurativa y participación no violenta.
Una esperanza jubilar que desarma el futuro
El Mensaje culmina vinculando la paz con el Jubileo de la Esperanza, invitando a un desarme integral del corazón, de la mente y de la vida. León XIV retoma la profecía de Isaías: «Forjarán sus espadas en arados… no se adiestrarán más para la guerra» (Is 2,4–5).
Desde la Doctrina Social de la Iglesia, esta no es una utopía ingenua, sino una esperanza activa, que exige decisiones concretas, valentía política, conversión cultural y testimonio cristiano coherente. La paz desarmada y desarmante no es una estrategia entre otras: es la forma cristiana de habitar la historia.
Les invito a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:
Referencias
Benedicto XVI. (2009). Caritas in veritate. Libreria Editrice Vaticana.
Concilio Vaticano II. (1965). Constitución pastoral Gaudium et spes. Libreria Editrice Vaticana.
Francisco. (2020). Fratelli tutti. Libreria Editrice Vaticana.
Juan XXIII. (1963). Pacem in terris. Libreria Editrice Vaticana.
León XIV. (2025). Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2026): La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”. Libreria Editrice Vaticana.
Pablo VI. (1967). Populorum progressio. Libreria Editrice Vaticana.
Pontificio Consejo “Justicia y Paz”. (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Libreria Editrice Vaticana.