Se entiende que los políticos elaboren y difundan narrativas para legitimar su dominio. Finalmente todas las naciones tienen algo de “comunidades imaginarias” como mostró Benedict Anderson, pero hay distinciones en la consistencia y en las consecuencias de esas narrativas.
La del expresidente López Obrador, que le sirvió como excusa para volver a presentarse en el escenario político nacional, merece algunos matices.
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En su amplia exposición al presentar su libro, habla del “humanismo mexicano”, originado en los pueblos prehispánicos (término ciertamente eurocentrista), pero los matices están desde la portada que nos presenta al autor del libro junto con una cabeza olmeca.
El primero es que el libro está escrito en español, que no es lengua prehispánica. Un segundo matiz es que es un libro, que no los había en el mundo prehispánico, los trajeron los españoles.
Otro más: los libros están hechos de papel, tampoco conocido en estas tierras. El papel es un invento chino con una formidable historia: pasó clandestinamente a Corea, de ahí a Japón, después a Europa y de ahí a nuestro continente.
Un matiz más, no menor: el libro de López Obrador está escrito en caracteres latinos, otro producto europeo, o mediterráneo si se quiere. Llegó a tierras americanas por obra y gracia de los españoles.
Hojeo el libro, la introducción y el primer capítulo. Veo varios nombres de personas, ninguno “prehispánico”: Cicerón, Reeves, Rosnay, Copens, Simonnet, Galileo, Copérnico…
Entiendo, los autores de la grandeza mexicana no tienen por qué aparecer (excepción hecha de la cabeza olmeca, pero ¿eran mexicanos los olmecas? sus formidables cabezas ¿influyen algo en nuestra cultura actual?) en la portada, en la introducción, o en el primer capítulo. Aunque sí, se menciona al Popol Vuh, antes de Aristóteles y a Lucrecio.
De cualquier manera, la cultura “no prehispánica” es abrumadora. Un libro y un lenguaje escrito es utilizado para enaltecer culturas que no conocieron ni los libros ni el lenguaje escrito, no en la forma como los conocieron los europeos.
Por eso es relativamente poco lo que sabemos de los antepasados de nuestro país. Podemos tener una idea muy clara de cómo pensaban Platón y Aristóteles. Pero no es el caso de los habitantes de las múltiples civilizaciones que habitaron nuestro territorio. Tenemos solo aproximaciones.
Constatar esto no tiene nada que ver con el racismo. “La España mestiza vino a mestizar”: no existe tal cosa como la raza española. Los habitantes de esa península resultan de un riquísimo mestizaje: celtas, iberos, fenicios, griegos, cartagineses, latinos, judíos, visigodos, árabes… Un mestizaje que se enriqueció cuando poblaron lo que hoy es América Latina.
Sin duda hay que respetar y valorar a las “civilizaciones que heredaban a otras civilizaciones” en el territorio que hoy ocupamos los mestizos contemporáneos. Pero no ayuda a hacerlo con narrativas sesgadas o alejadas de la realidad.